Evitación experiencial ¿Cómo nos afecta?

Las experiencias del ser humano a lo largo de su recorrido por el mundo son una de las partes fundamentales que conforman su vida. En base a estas experiencias aprendemos a movernos en nuestros entornos, establecer buenas relaciones y vivir lo mejor posible. Sin embargo, hay ciertas experiencias que normalmente preferimos evitar, aquellas que nos puedan producir un malestar, ya sea real o figurado. Lógicamente intentamos evitar o controlar las situaciones donde lo estamos pasando mal, sin embargo, cuando esto se convierte en una tendencia podemos hablar de uno de los mayores factores comunes que tienen los problemas psicológicos: la evitación experiencial.

¿Qué es la evitación experiencial?

La evitación experiencial es la tendencia a evitar un malestar generado por sentimientos, emociones, pensamientos o situaciones, ya sea evitando o controlando las situaciones que lo causan.

Con una primera definición se puede llegar a ver incluso como algo positivo. Un mecanismo de defensa que nos evita el sufrimiento, pero la evitación suele tener una cara oscura que nos atrapa y no solemos tener en cuenta. Lógicamente todo el mundo va a querer evitar experiencias desagradables, todos lo hacemos. Pero cuando esto se convierte en un hábito y se produce de forma constante, la evitación deja de ser saludable y juega en nuestra contra.

¿Cómo funciona?

Cuando intentamos evitar una situación constantemente se producen dos fenómenos importantes. Por una parte, a corto plazo conseguimos un alivio importante por conseguir controlar ese malestar, pero a largo plazo puede conllevar un perjuicio que va en contra de los valores y objetivos que tenemos en nuestras vidas. Como decíamos al principio, las experiencias son especialmente importantes para el ser humano, incluso las malas experiencias, ya que nos pueden dar muchas herramientas y habilidades para gestionar (que no controlar) este sufrimiento en el futuro. Además, la propia evitación puede estar limitando las experiencias agradables que podamos tener. Una persona con fobia social, por ejemplo, dejará de ir a un gran número de eventos sociales, controlando así su ansiedad, pero limitando sus experiencias sociales agradables.

Por otra parte, cuando la evitación se repite constantemente, caemos en un efecto contradictorio. Cuanto más esfuerzo hacemos para evitar una situación cada vez tenemos más presente el malestar que nos provoca. Cuando la evitación se generaliza y toma un papel principal en la vida de las personas, esta se acaba limitando constantemente solo para evitar el dolor. Tanta es la lucha por evitar la experiencia desagradable que esta acaba estando constantemente presente en los pensamientos de la persona, consiguiendo el efecto contrario del que se buscaba en un principio.

Entonces podemos hablar de dos consecuencias importantes:

  • Las conductas de evitación limitan las experiencias agradables a las que puede acceder una persona.
  • El constante control del malestar lleva a un incremento paradójico del sufrimiento.

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Cómo actuar frente a una evitación generalizada

Estos problemas se han encontrado en la base de una gran cantidad de trastornos psicológicos y forma parte de uno de los elementos transdiagnóstico más importantes de los que disponemos, por lo que su tratamiento es de especial importancia.

Cuando la evitación no es muy importante, debemos tener siempre claro qué estamos dejando de hacer por evitar el sufrimiento. Quizá estamos dejando de lado algo muy importante para nosotros por miedo a pasarlo mal, por lo que a la larga acabaremos pasándolo aún peor.

Cuando la evitación se ha generalizado, siempre recomendamos acudir a profesionales para manejar estas situaciones, ya que pueden desarrollar problemas importantes de salud mental.

 

Artículo escrito por: Pedro Urbina