Category Archives: Blog de Psicología

Blog Psicólogos Madrid es un blog escrito por psicólogos sanitarios que pretenden acercar los conocimientos de la psicología clínica, a personas que tienen problemas o dificultades, profesionales del área o público general. Con carácter divulgativo, el blog ofrece conocimiento sobre temas de interés actual en el ámbito de la psicología.

¿Qué son los pensamientos rumiativos y cómo deshacerse de ellos?

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En varias ocasiones, en distintos artículos de nuestro blog hemos mencionado los pensamientos rumiativos. Un tipo de pensamiento que produce mucho malestar. También se les conoce como pensamientos obsesivos o rumiantes. En clínica observamos que este patrón de pensamiento está presente en muchos trastornos psicológicos. Hablamos de trastornos de ansiedad (fobias, TOC, ansiedad generalizada…), depresión, duelos patológicos, agresividad y problemas de control de impulsos, etc.,  por lo que queremos detenernos a conocerlos mejor.

 

¿Qué son los pensamientos rumiativos y cuál es su efecto sobre el bienestar?

Los pensamientos rumiativos se refieren a una forma de pensar, más que al contenido en sí mismo. Son pensamientos sobre una misma cuestión, y se denominan rumiativos porque se producen con una alta frecuencia. Suelen ir acompañados de emociones muy intensas en coherencia con el contenido del pensamiento. Así los pensamientos rumiativos, pueden producir grandes dosis de emociones displacenteras como inquietud, miedo, tristeza, rabia, entre otras.

Normalmente surgen ante situaciones que nos preocupan, y consisten en dar vueltas y vueltas a la misma cuestión.

 

Efectos negativos de los pensamientos rumiativos

1. Producen emociones muy intensas, que resultan desbordantes.

Las emociones, para que sean útiles y adaptativas, han de ser moderadas y ajustadas a la magnitud de la situación que las ha desencadenado. Así, emociones desagradables que algunas personas desearían eliminar de su día a día, se mantienen presentes por un tiempo mayor del necesario.

Además dificultan el afrontamiento de la situación problema.

 

2. Producen agotamiento físico y emocional

Mantener niveles altos de intensidad emocional supone un esfuerzo para el organismo, lo que conlleva un gasto de energía innecesario.

 

3. Produce alteraciones en el sueño y en el descanso

Como decíamos en el punto anterior, las emociones generadas son muy intensas, por lo que repercutirán en la calidad y contenido del sueño.

 

4. Pérdida de atención y concentración en el momento presente

Por lo que disminuye la productividad en las tareas que se realizan. Además se dejan de percibir información del momento presente, por lo que se pierden oportunidades.

 

5. Condicionamiento de situaciones

El pensamiento tiene un poder inmenso a la hora de cambiar el valor de las situaciones o estímulos con los que nos relacionamos. Al pensar repetidamente sobre una situación, las emociones que se generan quedan asociadas con gran intensidad a las situaciones objeto del pensamiento. De este modo, una persona puede desarrollar aversión o miedo ante una situación solo por haber rumiado en muchas ocasiones pensamientos o imágenes negativas.

 

6. No ayudan a pasar página

Este es el caso de duelos patológicos, ya sea por el fallecimiento de un ser querido o una ruptura de pareja. Seguir anclado en el pensamiento no permite olvidar a la persona y abrirse a nuevas posibilidades.

 

¿Cómo podemos manejar el pensamiento rumiativo?

En cada persona los pensamientos rumiativos surgen con una función. Es decir, cumplen con un propósito que tiene algún tipo de beneficio puntual. Por tanto, para ayudar a combatirlos será necesario conocer las causas y función de los mismos. Sin embargo, hay algunas ideas que pueden ayudar a acotar la frecuencia e intensidad de este tipo de pensamientos:

  • Reconocer el efecto perjudicial que tiene esta forma de pensamiento para ti. Como veíamos más arriba, las desventajas son innumerables. El pensamiento rumiativo no proporciona beneficios duraderos más allá de sensaciones reforzantes de duración fugaz.

 

  • Razonar aquello que te preocupa. Enfócate en determinar qué es lo que te preocupa y en analizarlo. Párate a pensar en la veracidad de los pensamientos que estás desarrollando y en determinar la gravedad de la situación. Para ello te ayudará conocer los distintos tipos de creencias irracionales

 

 

 

  • Buscar soluciones al problema y toma decisiones al respecto. En muchas ocasiones los pensamientos rumiativos desaparecen cuando se encuentra una solución eficaz para el problema que te preocupa. Puesto que el pensamiento pierde su función, que es intentar resolver el problema – de manera poco eficaz en este caso-.

 

  • Entrenar la parada de pensamiento. Consiste en aprender a interrumpir el encademaniento de pensamientos que es característico de las rumiaciones.

      Puedes saber más sobre esta técnica en este artículo 

 

  • Practicar alguna técnica de meditación o mindfulness. Este tipo de técnicas entrenan la capacidad para dejar pasar el pensamiento. Ayudando a centrar la atención en el momento presente.

     Puedes leer aquí nuestros artículos sobre el mindfulness y sus beneficios

 

  • Desarrollar un hobby o alguna actividad que sea altamente reforzante para ti. De este modo te será más fácil desconectar de los pensamientos y volver al presente.

     Si quieres saber más acerca de los beneficios de tener un hobby puedes leer nuestro artículo aquí 

 

 

En CIPSIA Psicólogos somos expertos en ayudar a superar patrones de pensamiento obsesivos. Si necesitas nuestra ayuda no dudes en contactarnos.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Maiana García

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La medicalización de la salud mental

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A día de hoy, el uso de psicofármacos parece ser el tratamiento de primera elección ante problemas de salud mental. Con la aparición y el desarrollo de estos “fármacos de la conducta” en el siglo pasado, y la estandarización del diagnóstico psicopatológico, la Psicología se reduce a una perspectiva médica, en la que el paciente ha de ser curado por el especialista.

La perspectiva médica de la salud mental

La Psicología como ciencia es una disciplina relativamente joven, pero a lo largo de la Historia se han propuesto múltiples explicaciones acerca del funcionamiento de la psique humana. Desde posesiones demoníacas, hasta la búsqueda de los factores biológicos causantes de los problemas psicológicos, muchas han sido las teorías acerca de qué causa la “locura”.

El estudio de la neurosífilis, un tipo de demencia causada por el deterioro del sistema nervioso por la enfermedad de la sífilis, reafirma las hipótesis de aquellos que defienden que los trastornos mentales están causados por déficits orgánicos a nivel cerebral. Podríamos decir que este es el origen de la visión medicalizada de la Psicología, que busca diagnosticar y tratar una enfermedad física y no psicológica, localizada en el cerebro.

El problema con esta visión de la salud mental es que la mayoría de trastornos psicológicos no se corresponden inequívocamente con una causa orgánica, sino que existen múltiples factores en interacción que nos llevan a la etiqueta de “enfermedad” mental. Ello no quiere decir que no existan factores biológicos, cerebrales o hereditarios que correlacionen con lo que denominamos trastornos psicológicos. Existen ciertos correlatos cerebrales, pero estos no son necesariamente causa del problema, ni agotan la explicación.

Por tanto, podemos decir que la perspectiva médica es simplista en la explicación de los problemas de salud mental. A pesar de ello, nos encontramos con que, en muchos casos, recetar psicofármacos es la solución que se ofrece a la persona, sin valorar si realmente son necesarios.

 

“Enfermedad” mental y medicación

Las “enfermedades mentales” son sólo etiquetas otorgadas por los profesionales para clasificar un conjunto de características o de dificultades psicológicas. Por eso, no podemos decir que alguien “tiene depresión” de la misma forma que se “tiene un tobillo lesionado”. Como decíamos, los problemas de salud mental no se explican por una causa física (aunque estas pueden influir), y las etiquetas diagnósticas son sólo descripciones, nunca explicaciones de por qué alguien está deprimido.

 

   Si quieres leer más sobre las etiquetas diagnósticas en salud mental, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

 

La perspectiva psicológica de la salud mental

Frente a la perspectiva médica, el enfoque psicológico entiende que los trastornos psicológicos no son más que una forma desadaptativa de relacionarse con el medio. Como tales, son modificables, a través del aprendizaje de habilidades y de nuevas formas de relacionarse con el mundo. Un problema de salud mental se ataja aprendiendo a lidiar con las situaciones de la vida, y adaptándonos a los cambios.

Por supuesto, cada persona trae “de serie” una mayor o menor vulnerabilidad a desarrollar un problema psicológico. Además de ello, el ambiente modula y determina qué es adaptativo y qué no en un determinado contexto.

Por todo ello, el uso indiscriminado de psicofármacos para problemas de salud mental (especialmente los leves), es ineficaz para tratarlos. Una pastilla no soluciona nuestros problemas, aprender a lidiar con ellos sí. Es cierto que, en casos graves, la medicación puede darnos un “empujón” que nos ayude a salir adelante (p.e. en casos de depresión grave), o que nos permita funcionar (p.e. mejorando la capacidad de concentración en el Trastorno de Déficit de Atención). En ciertos casos, la medicación es necesaria para que la persona esté en condiciones de participar en psicoterapia. No obstante, en la gran mayoría de casos, el psicofármaco es, como mucho, una ayuda que facilite el cambio, y nunca la causa de él.

 

 

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

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La crítica como herramienta de crecimiento

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La mayor parte de nosotros estaremos de acuerdo en el hecho de que no suele ser agradable recibir una crítica. Sin embargo, al mismo tiempo hemos de reconocer que no es posible librarse de las críticas de forma permanente.

Las críticas, en su vertiente positiva y constructiva están ligadas a la mejora de quien las recibe. Son por tanto, una gran herramienta de desarrollo personal. Aquel que, no reciba ningún tipo de crítica está desperdiciando la oportunidad de mejora y cambio.

 

¿Por qué es importante cuidar la forma de hacer críticas?

Como hemos visto en muchas ocasiones a lo largo del nuestro blog, el lenguaje que utilizamos con nosotros mismos y con los demás tiene una gran repercusión en el estado de ánimo y en la autoestima.

Según sea el modo en que hacemos críticas vamos a generar un tipo de emoción y de respuesta.

 

Crítica destructiva

Cuando la crítica se hace de forma destructiva suele generar fuertes sentimiento de culpabilidad. Normalmente este tipo de crítica se centra en lo que está mal hecho. Lo que genera mucho malestar. Este tipo de crítica suele emplearse cuando se considera inaceptable el error. Por tanto, se utiliza la crítica como forma de castigo.

Sin embargo, esta forma de crítica, aunque en ocasiones pueda parecer efectiva, termina generando un efecto totalmente contraproducente. Produciendo el inmovilismo de quien es objeto de la crítica.

A largo plazo, no solo tenderá a reducir la autoestima de quien es objeto de este tipo de críticas, sino que predispondrá una actitud defensiva ante las críticas en general.

     Si quieres saber más sobre cómo aceptar críticas puedes leer nuestro artículo aquí 

 

Crítica constructiva

En cambio, cuando la crítica es constructiva se minimiza el malestar por el error cometido. Lo que hace más sencillo recibir la crítica y valorarla.

El mayor beneficio de la crítica constructiva es que moviliza a la acción, y genera expectativas de mejora. A largo plazo, favoreceremos una actitud receptiva a las mismas. Al tratarse de críticas que resultan útiles, y son formuladas desde el respeto.

 

     Si quieres saber acerca de cómo aceptar el error puedes leer nuestro artículo aquí 

 

¿En qué contexto surgen las críticas?

A nosotros mismos, o autocrítica

Este tipo de crítica es esencial para el crecimiento. Y para aprender a afrontar el error.

Algunas personas tienen pavor a cometer errores, y mucho de ello tiene que ver con el proceso de autocrítica que le acompaña. Tomando la forma en muchas ocasiones de crítica patológica

 

Críticas a familiares, pareja o amigos

Este suele ser un tipo de crítica muy frecuente. Las personas con las que convivimos y con las que tenemos más confianza son con las que más solemos realizar críticas. Pero no por ello más adecuadamente. Algunas personas creen que por tener confianza no es necesario cuidar las formas. Nada más erróneo que esto.

Si queremos que las relaciones que tenemos sigan siendo sólidas, y ayudar a cambiar actitudes que no nos son favorables, necesitaremos hacer buen uso de las críticas como la mejor herramienta para conseguir los cambios sin dañar la relación.

 

     Si quieres saber más sobre cómo mejorar tus discusiones en pareja puedes leer nuestro artículo aquí 

 

Críticas en el contexto laboral o con conocidos

Normalmente en este tercer tipo de crítica la gente suele hacer gala de los mejores modos. Quizá por el miedo a desagradar o se rompa una relación poco consolidada. Lo cierto es que, en este ámbito también es importante formular las críticas de forma adecuada.

 

Cuáles son los pasos para hacer una crítica (o autocrítica) de forma constructiva:

  • En primer lugar es necesario que definas un único aspecto a criticar. Tómate un momento para delimitar qué conducta es objeto de crítica, y en qué momentos ha tenido lugar.
  • Busca un momento apropiado para plantear la crítica. Las personas implicadas debéis estar tranquilas y contar con un momento para conversar sin interrupciones.
  • Plantea la conducta objeto de crítica sin juzgar. Evita etiquetas, que tienen un impacto muy negativo sobre la autoestima, y elimina generalizaciones. Pon ejemplos de cuándo ha sucedido y cómo ha afectado. Poner ejemplos del perjuicio ayudará a redimensionar la gravedad.
  • Empatiza con los motivos que pueden haber dado lugar a que se haya producido el error. Se trata de activar la responsabilidad no de buscar culpables.
  • Propón alternativas de solución para futuras ocasiones. Esta es la parte más importante, puesto que sin ella, la crítica no tendrá sentido. Los errores sirven para aprender, y la única forma de extraer el aprendizaje es centrarse en este último paso, la búsqueda de soluciones.

 

En CIPSIA Psicólogos somos expertos en trabajar en entrenar las habilidades sociales y asertivas. Si necesitas nuestra ayuda no dudes en contactarnos.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Maiana García

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Sobrepeso y Psicología

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El sobrepeso y la obesidad son uno de los principales problemas de salud en el mundo occidental. Una combinación entre el sedentarismo, la creciente tecnologización, el estrés y la mala alimentación hacen que cada vez más personas lleven un estilo de vida poco saludable. Y es que, aunque la obesidad se entiende sobre todo en términos de salud física, también está muy ligada a factores psicológicos y a problemas de salud mental.

 

Los factores psicológicos relacionados con el sobrepeso y la obesidad

Una parte considerable de las personas con problemas de sobrepeso presentan también problemas psicológicos, ya sean emocionales, cognitivos o comportamentales. Estos problemas pueden ser tanto causa como consecuencia del problema de salud física. Además, el sobrepeso y la visión negativa del mismo pueden estar relacionados con trastornos de ansiedad, depresión, o con los Trastornos de la Conducta Alimentaria, entre otros. Es por ello que, desde la Psicología, se propone un abordaje integral, que implique la colaboración de distintos profesionales, como nutricionistas, psicólogos y psiquiatras, en el tratamiento de las causas de base de la obesidad y el sobrepeso.

 

  1. Imagen corporal y estigma

Los constantes mensajes negativos a los que estamos sometidos, junto con el elevado valor social de la delgadez, hacen difícil mantener una autoimagen sana y ajustada a la realidad, tanto en personas con sobrepeso como sin él. Aquí es donde entran en escena los complejos por la propia imagen corporal, la búsqueda de soluciones inmediatas como las dietas milagro y un gran mercado destinado a obtener beneficios de los cambios en el aspecto físico.

 

     Si quieres saber más sobre la relación de la imagen corporal con las “dietas milagro”, puedes leer nuestro artículo aquí

     Si quieres leer nuestro artículo sobre cómo mejorar la imagen corporal, pincha aquí

 

Si, en la mayoría de personas, la presión por conformarse a unos estándares de belleza ya es alta, puede serlo aún más en personas con sobrepeso. No es poco común que estas personas tengan una imagen corporal distorsionada y tremendamente negativa, que les provoque gran malestar y rechazo del propio cuerpo.

 

  1. Autoestima y autoeficacia

En relación al punto anterior, la pobre imagen corporal de algunas personas con sobrepeso puede mermar su autoestima y su valía personal. Aspectos como el rechazo de uno mismo, la sensación de escaso control sobre lo que pasa en sus vidas o la subestimación de sus habilidades, puede, asimismo, jugar en su contra.

La baja autoestima está muy ligada, por tanto, a una pobre autoeficacia; esto es, a falta de confianza en las propias capacidades. Cuando hablamos de un proceso de cambio como es la pérdida de peso, la autoeficacia tiene un papel importantísimo en la motivación y la consecución de objetivos.

     Si quieres saber más sobre la autoeficacia, puedes leer nuestro artículo aquí

 

  1. Problemas emocionales relacionados con la comida

La comida tiene un efecto calmante de la ansiedad. Por ello, es fácil establecer una relación poco saludable con ella, usándola para la evitación emocional. La sensación placentera que nos produce puede servirnos para paliar momentáneamente emociones negativas, pero no soluciona nuestros problemas. Una relación insana con la comida puede llevarnos no solo a la evitación, sino a comer de forma compulsiva, a asociar la comida con la culpabilidad, o a la provocación del vómito en casos como la bulimia.

Los hábitos alimentarios poco saludables están asociados, además, con un pobre autocuidado en otros ámbitos como el descanso, el ejercicio, o el cuidado de la salud en general. Estos hábitos se aprenden a través de la alimentación familiar y de la experiencia personal con la comida. Aquí la psicología puede ayudar en el aprendizaje de nuevas formas de comer y de preparar los alimentos, por ejemplo.

 

     Si quieres saber más sobre cómo incorporar un hábito, puedes leer nuestro artículo aquí

 

  1. Habilidades de afrontamiento

Si la persona carece de las herramientas que le ayuden a superar una situación difícil, puede recurrir, como veíamos, a la comida como forma de gestión del malestar. Por tanto, para abordar y romper la relación insana con la comida, es esencial que la persona adquiera recursos y habilidades. Entre estas habilidades podríamos señalar las sociales, las de resolución de problemas, entrenamiento en relajación, etc.

 

 

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

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Aceptación vs. resignación en tiempos de COVID-1

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Con el paso de los meses y la prolongación de las dificultades surgidas debido a la pandemia causada por el COVID-19, va extendiéndose un estado de ánimo pesimista.

El cansancio y el desánimo causados por la situación van acompañados de pasividad y apatía en muchas ocasiones. Bien es cierto que no son pocas las dificultades que se suman en esta situación. Tanto de índole económica, como social, política, afectando a aspectos clave como las relaciones sociales y la forma de relacionarnos.

Como en todo, no hay soluciones mágicas. Menos aún en una situación, como decimos, muy compleja. Sin embargo, queremos rescatar los conceptos de aceptación y resignación para ayudar a empoderarnos y pasar a la acción.

 

Resignación vs aceptación

Resignación y aceptación son dos conceptos ampliamente estudiados en la literatura psicológica. Aunque en el lenguaje cotidiano a veces se confundan y se utilicen indistintamente, implican actitudes completamente distintas.  Ambas tienen que ver con el estilo de afrontamiento que emplea una persona frente ante una situación indeseada o negativa. Sin embargo, los pensamientos, sentimientos y actuaciones que se van a desprender en uno y otro caso son muy distintos.

La resignación

En la resignación, a  nivel cognitivo, se dan pensamientos sobre los aspectos negativos de la situación. La forma en que se piensa sobre estos aspectos es improductiva. Ya que tiene que ver más con la queja o lamento, que con la búsqueda de soluciones.  En otras ocasiones son pensamientos como “no se puede hacer nada”, “ya pasará”, etc.

Hay sentimientos  de desesperanza e impotencia. Se experimenta bajo estado de ánimo de manera generalizada y falta de energía.

A nivel motor se caracteriza por la evitación de cambios. Lo que conduce a entrar en una dinámica muy reforzante a corto plazo, donde se elimina esfuerzo, pero se mantiene una situación incómoda y poco favorable.

 

La aceptación

En lo que respecta a la aceptación, el comportamiento es completamente distinto. Si bien se experimenta malestar fruto de las circunstancias negativas que se han producido, la atención se vuelve sobre las acciones o soluciones que se pueden plantear. Es decir, no se centra la atención sobre la situación en sí misma, ya que muchas veces no se puede cambiar lo que ha sucedido. Sino que se centra en lo que la persona puede hacer frente a la situación.

A nivel cognitivo, se da un pensamiento posibilista en que se generan ideas de solución ante la situación. Se trata de un pensamiento optimista, que parte de la base de que hay capacidad de control. Esto está muy relacionado con una buena autoestima . La persona es consciente de que puede hacer muchas cosas para mejorar su situación o intentar adaptarse paliando algunos aspectos negativos.

A nivel emocional, se experimenta mayor energía, esperanza, sensación de fortaleza y control.

A nivel motor hay mayor activación, cambiando rutinas y desarrollando un nuevo estilo de vida. Esto está muy relacionado con salir de la zona de confort. Pese a que a corto plazo, supone una buena dosis de esfuerzo, esto es recompensado a medio plazo. Esta actitud ofrece nuevas formas de vida más adaptativas y devuelve a la persona a un rol de responsabilidad sobre su vida y bienestar.

 

     Si quieres saber cómo mejorar tu autoestima puedes leer nuestro artículo aquí 

 

La aceptación es una forma de afrontamiento característica de las personas resilientes. Esto es, las personas que tienen la capacidad de salir fortalecidas de las situaciones difíciles.

 

 

5 pasos que te ayudarán a pasar de la resignación a la aceptación

 

  1. Permítete sentir la pérdida por los cambios

Es natural que cuando se producen cambios, y sobre todo si estos son negativos, sintamos malestar. Reconocer cómo te afecta la nueva situación es necesario para tu aprendizaje. Sin embargo, ponle límite para que no se convierta en una queja improductiva.

 

  1. Asume que la vida es cambio

Si echas la vista hacia atrás, seguramente podrás apreciar que has pasado por todo tipo de épocas en tu vida. Tu vida no ha sido estable desde que naciste.

Los cambios suceden, queramos o no. Negarnos a aceptarlos no será de ayuda para seguir progresando.

 

  1. Detecta aquellos aspectos o áreas concretas en que tu vida ha empeorado

Empieza a ser concreto. Es hora de detectar exactamente qué áreas están afectadas en tu vida. Y cómo te están afectando los cambios en cada una de ellas. Que tenías antes que has perdido, a qué has tenido que renunciar, qué nuevas cargas asumes…

 

  1. Genera una lluvia de ideas de soluciones que podrías adoptar para mejorar esas áreas concretas

Coge papel y boli. Escribe las ideas que te vengan a la cabeza para mejorar tu situación. De primeras no descartes ninguna por descabellada que te parezca. Todo pensamiento que vaya en la línea de movilizarte es bienvenido.

 

  1. Incorpora actividades reforzantes

Cuando tu vida se trastoca muchas veces disminuye el nivel de reforzamiento que tenías. Por ello, es recomendable buscar nuevas formas de acceder a actividades reforzantes para mantener un buen estado de ánimo. Además te ayudará a enfrentar de mejor ánimo la adversidad.

 

     Pues leer nuestro artículo acerca de los beneficios de tener un hobby aquí 

 

 


Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Maiana García

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Perfeccionismo y salud mental

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El perfeccionismo puede llegar a estar bien visto en una sociedad competitiva como la actual. A pesar de que sabemos que la perfección es un ideal inalcanzable, no vemos como algo negativo el que una persona dedique una cantidad ingente de tiempo y esfuerzo en una determinada tarea. Y, no obstante, el perfeccionismo puede convertirse en un gran obstáculo cuando la búsqueda de superación y las expectativas irreales se vuelven en nuestra contra y nos impiden funcionar.

     Si quieres saber más sobre el perfeccionismo, puedes leer nuestro artículo aquí

Perfeccionismo y miedo al error

La perfección es un ideal que todos sabemos inalcanzable. Etimológicamente, el verbo perfeccionar implica la acción de dejar algo terminado. En este sentido, podríamos entender a los perfeccionistas en base a su dificultad para dar las cosas por terminadas, intentando incesantemente pulirlas y hacerlas mejor. Esto puede resultar tremendamente desadaptativo, pues nunca nada será lo suficientemente bueno, y cada pequeño fallo será visto como una catástrofe. En estos casos, es crucial que la persona aprenda a distinguir cuándo el trabajo está lo suficientemente bien para darlo por terminado, en vez de demorarse en intentar hacerlo todo perfecto.

Tolerancia a la frustración

En este punto, las expectativas irreales y el miedo al error serán dificultades con las que el perfeccionista tendrá que lidiar. Las personas muy perfeccionistas se caracterizan, como comentábamos, por sentir una gran aversión al error. En términos psicológicos, decimos que tienen una baja tolerancia a la frustración. Ello les lleva a la autocrítica y a la anticipación y comprobación de posibles fallos para sentir que controlan la situación. Paradójicamente, esta comprobación constante del error produce en estas personas una gran sobrecarga, niveles elevados de estrés y mayor probabilidad de fallar.

Por tanto, la persona perfeccionista debe aprender también a integrar y aceptar el error. El error es la forma en la que aprendemos, y en la que crecemos como personas. La habilidad de la tolerancia a la frustración nos ayuda a mantenernos motivados a pesar de los fallos, y a no condicionar nuestra valía personal en base a ellos.

     Si quieres saber más sobre cómo superar el perfeccionismo, puedes leer nuestro artículo aquí

 

Perfeccionismo adaptativo y desadaptativo

Como en cualquier característica humana, las personas varían en su grado de perfeccionismo. Podríamos decir que el perfeccionismo problemático surgiría de la combinación de unas expectativas de desempeño muy altas, de una autoevaluación crítica del error (real o percibido), y todo ello daría lugar a la preocupación por la comisión de errores.

 

     Si quieres saber más sobre las ideas desadaptativas que acompañan al perfeccionismo, puedes leer nuestro artículo aquí

 

Cuando el perfeccionismo es adaptativo, la persona tiene estándares altos, pero también mantiene una visión realista de la realidad y de sus propias capacidades, y es capaz de ser flexible y aprender del error. Por el contrario, el perfeccionismo desadaptativo se caracteriza por una autoexigencia muy por encima del desempeño posible, y por una gran preocupación y temor ante el error.

Con esto podemos entender que una persona que no haya aprendido a “manejar” su perfeccionismo, experimentará grandes y frecuentes dosis de malestar y frustración. Es por ello que el perfeccionismo está asociado a múltiples problemas de salud mental, y a trastornos como los de ansiedad, de alimentación (ej.: anorexia), depresión, obsesiones, etc.

 

Cómo identificar el perfeccionismo

Aparte de las manifestaciones más obvias del perfeccionismo, como la comprobación del trabajo hecho y de los posibles errores, o de la necesidad de que todo quede perfecto, existen otras formas menos claras, pero igual de problemáticas. Un ejemplo de ello puede ser la procrastinación, que muchas veces se debe al miedo a fallar o a la ansiedad de empezar una tarea que no sabemos cómo abordar. En este caso, posponer la tarea puede suponer un alivio inmediato del malestar y la incertidumbre, pero a la larga seguramente supondrá más problemas, más estrés y más trabajo acumulado.

En línea con lo que comentábamos sobre el miedo al error y la baja tolerancia a la frustración, es frecuente que las personas perfeccionistas se desmotiven ante los fallos, aunque estos sean pequeños. La autocrítica y la habitual comparación negativa con los demás también pueden ser signos de un problema de perfeccionismo

 

     Si quieres saber más sobre el efecto de la comparación con los demás sobre la autoestima, puedes leer nuestro artículo aquí

 

En Cipsia Psicólogos somos expertos en el tratamiento de problemas de perfeccionismo, entre muchos otros. Si sientes que el perfeccionismo te está causando gran malestar, e influye de manera negativa en tu vida, no dudes en contactarnos

 

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

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4 Actitudes tóxicas que te impiden superar una ruptura y cómo superarlas de manera inteligente

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Observamos en los últimos meses un incremento en los problemas de pareja. El nuevo entorno impuesto por el COVID-19, con mayor tiempo de convivencia en casa y mayor carga de responsabilidad en la vida doméstica, ha supuesto para aquellas parejas que ya tenían problemas, la gota que ha colmado el vaso. Las reacciones ante el problema son distintas: muchas personas se replantean la continuidad buscando soluciones, y, otras, deciden ponerle fin a la relación. Ante una ruptura, hay ciertas actitudes que nos impiden pasar página, y que hacen más mal que bien.

     Puedes saber más acerca de cómo mejorar tu relación de pareja, puedes leer nuestros artículos sobre cómo cuidar la pareja, y sobre cómo el refuerzo nos ayuda a impulsar la relación 

 

4 errores clásicos que no te ayudarán a superar la ruptura

Entrar en el bucle de los “por qué”

Reflexionar sobre las razones que han llevado a romper la relación puede ser útil, si lo hacemos de forma constructiva. Sin embargo, darle vueltas de manera incesante, posiblemente no arroje más luz sobre lo que ya sabes. “Rumiar” sobre un tema, puede producir la falsa sensación de que se está descubriendo o consiguiendo algo. Como contrapartida, las obsesiones producen un incremento de la intensidad emocional, en este caso, de emociones displacenteras.

 

      Puedes conocer  más acerca de las rumiaciones y del trastorno obsesivo compulsivo aquí 

 

Comprobar si tu ex pareja ya ha pasado página

Con la existencia de RRSS se hace más fácil enterarse de cada paso en la vida de otros, entre ellos de tu ex pareja. Meterse en redes sociales, mirar la foto o estados de WhatsApp para comprobar si hay cambios en su vida, es una forma de no aceptar la ruptura. Este juego te mantiene buscando incesantemente datos que mantengan tu esperanza de que existen posibilidades de retomar la relación.

 

 

Recrearte en los buenos momentos vividos

Como decíamos más arriba, las rumiaciones tienen la capacidad de producir emociones de elevada intensidad. En este caso, estarás reavivando las emociones de enamoramiento hacia tu anterior pareja. La consecuencia de esto es avivar los sentimientos por una relación ya extinta, y dificultar tu capacidad para fijarte en otras personas. Además acrecentará el sentimiento de soledad y tristeza, del que, precisamente, tratas de huir.

 

Intentar ser amigos antes de haber superado la ruptura

En este caso, no queremos decir que no sea posible ser amigos tras finalizar la relación. El peligro que vemos en esta actitud reside en que suele consistir en una estrategia para recuperar la relación ya finalizada.

 

 

Cómo vencer estas actitudes de manera inteligente y salir airoso de la ruptura

  1. Delimita un tiempo para pensar sobre la relación pasada, si así lo crees necesario.

No se trata de no reflexionar sobre qué ha podido salir mal, sino de poner un límite y hacer de esta práctica algo funcional. Tener capacidad de autocrítica para aprender de los posibles errores cometidos es una buena herramienta de crecimiento.

 

  1. Acepta que hay cosas que escapan a nuestro control

No todo lo que sucede en nuestra vida tiene una relación directa con nuestros actos. Puede que el hecho de que la relación haya acabado no tenga que ver contigo, ni con nada que has hecho. Así que deja de culparte.

 

  1. Trabaja tu autoestima tras la ruptura

Cuando una relación termina, a veces es vivido como un fracaso. Cuando se da una identificación excesiva entre valía personal y resultados, este fracaso amoroso repercutirá en la autoestima.

Por ello, te recomendamos que intentes recuperar aquellas aspectos positivos que creas que has aportado a la relación. Y valorar qué has aprendido y en qué has crecido en tu experiencia en pareja.

Centrarte en un discurso positivo te ayudará a mejorar tu autoconcepto y autoestima.

     Si quieres saber más sobre autoestima, puedes leer nuestro artículo aquí 

     Si quieres saber más sobre el autorrefuerzo y su efecto sobre la autoestima, puedes leer nuestro artículo aquí

 

  1. Toma conciencia del efecto negativo de recrearte en los buenos momentos y trabaja en parar estos pensamientos de inmediato

Por recordar la relación esta no volverá, además alimentas un enamoramiento ficticio. Pues el presente de tu relación es muy distinto. Más realista y efectivo, será recordarte tu situación actual cuando veas que aparecen los primeros indicios de entregarse a ensoñaciones.

 

  1. Interrumpe temporalmente el contacto con tu ex después de una ruptura

Si crees que no serás capaz de dejar de mirar las redes, puedes optar por eliminar su contacto temporalmente.

Existen otro tipo de opciones que tienen la misma función de dificultarte acceder a sus perfiles. Por ejemplo, puedes seleccionar que no te aparezcan notificaciones, “dejar de seguir”, archivar la conversación de Whatsapp. En definitiva, se trata de no tener accesible su contacto. Ya que de lo contrario es mucho más sencillo que efectúes la conducta de vigilar su actividad.

     También te damos otras ideas sobre cómo manejar una ruptura en este artículo

 

 

En CIPSIA psicólogos somos expertos en ayudarte si estás pasando el duelo de una relación de pareja. Si necesitas nuestra ayuda no dudes en contactarnos.

 

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Maiana García

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La vuelta al trabajo en tiempos de COVID-19

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A pesar de haber vivido un verano atípico, muchas personas se reincorporan en estas fechas al trabajo y a la rutina después de las vacaciones. Como otros años, aunque con algunas particularidades, la vuelta al trabajo se puede hacer pesada.

El popular Síndrome Postvacacional sería una sensación de tristeza, apatía o desmotivación ante esta vuelta a la rutina después del periodo vacacional. Se trata de algo perfectamente normal y comprensible, ya que hemos de adaptarnos de nuevo a los horarios y a la vida cotidiana. Durante las vacaciones, podemos recargar las pilas, alejarnos de los problemas del día a día y relajarnos. No obstante, también es importante disfrutar de la cotidianeidad, que al fin y al cabo ocupa la mayor parte de nuestro tiempo.

A la vuelta al trabajo este año se le suma un nuevo elemento, el de la pandemia de COVID-19. Aunque ya hayamos pasado en España las fases más duras del confinamiento, la incertidumbre y los cambios laborales son un añadido al proceso de adaptación. Algunas personas vuelven a la oficina o a sus trabajos presenciales, otras retoman el teletrabajo; la “nueva normalidad” y las medidas de seguridad no dejan a nadie indiferente.

 

Cómo afrontar la vuelta al trabajo tiempos de COVID-19

  1. Planifica, pero no anticipes

Tras las vacaciones, no es poco común que se nos acumulen las tareas y nos encontremos confusos y abrumados ante el caos al que nos enfrentamos. Por eso es importante que, antes de empezar, organicemos nuestras tareas y planeemos, de manera realista, cómo y cuándo las vamos a abordar. Reajustarse y coger de nuevo el ritmo nos llevará unos días, por eso es importante tener claras las ideas a corto plazo, para empezar con buen pie y evitar agobiarnos.

Por otro lado, anticipar lo dura que será la vuelta, y la cantidad de trabajo a la que nos tendremos que enfrentar, no ayuda mucho. Darle vueltas a las cosas antes de que sucedan no suele ayudar mucho, es preferible establecer para ellas un espacio y un tiempo, para así organizarnos y abordar la situación de la mejor manera posible.

     Si quieres saber más sobre la anticipación, puedes leer nuestro artículo aquí

     Si quieres conocer la técnica de Parada del Pensamiento para combatir preocupaciones y anticipaciones, pincha aquí

 

  1. Empieza gradualmente, en la medida de lo posible

Como decíamos, es normal tardar un poco en volver a la rutina, por lo que, si podemos hacer la vuelta al trabajo de manera gradual, mejor que mejor. No es realista esperar dar el 100% desde el primer momento, así que es importante darnos a nosotros mismos un margen.

Empezar el trabajo a mediados de semana, o planear tareas más sencillas al principio, puede ayudarnos a retomar la rutina con más tranquilidad, si nos lo permite nuestro empleo. Combinar estas primeras semanas con actividades de ocio y con el descanso también puede hacernos la vuelta al trabajo más llevadera

 

  1. Ante la incertidumbre y el miedo

La situación de “nueva normalidad” y la posibilidad de nuevos rebrotes de COVID-19 suma una buena dosis de incertidumbre e inquietud a nuestro día a día, y también a la vuelta al trabajo. Algunas personas se incorporan al trabajo presencial o semipresencial, otras tienen que desplazarse en transporte público o trabajar con clientes. La posibilidad de contagio y de que se impongan nuevas medidas de confinamiento pueden ser fuente de miedo y ansiedad, y por ello también es importante tener las herramientas para combatir la incertidumbre.

     Si quieres saber más sobre cómo afrontar la incertidumbre, puedes leer nuestro artículo aquí

Los ejercicios de relajación, el autocuidado y las actividades gratificantes, pueden reducir nuestro malestar. En todo caso, es importante saber detectar y parar el círculo vicioso entre la ansiedad y los pensamientos negativos o irreales. Informarse es importante también, sin llegar a la sobreinformación. Es necesario mantener un balance, para poder desconectar y que nuestras preocupaciones no ocupen todo nuestro espacio mental.

 

  1. Intenta buscar el lado positivo a la vuelta al trabajo

La rutina y la cotidianeidad conforman la mayoría de nuestro tiempo, así que pensar que sólo podemos ser felices durante las vacaciones puede jugar en nuestra contra. Siempre podemos incorporar a nuestro día a día hobbies, dedicar tiempo a la gente que queremos, cambiar pequeñas cosas que nos hagan la vida más amena. En resumen, hacer más agradable nuestra rutina, y saber valorar y disfrutar de los pequeños placeres. Por el contrario, hacer una separación drástica entre vacaciones y rutina, añorando las primeras y aborreciendo la segunda, no sólo nos hará infelices la mayor parte del tiempo, sino que dificultará aún más la vuelta al trabajo.

Centrarnos en las cosas que nos motivan, como ver a los compañeros de trabajo, o volver a la comodidad de la oficina tras el teletrabajo, nos hará más fáciles esos primeros días de cambio y adaptación.

 

 

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

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¿Cómo ha cambiado el COVID-19 nuestra psicología?

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Si bien es cierto que en muchos lugares del mundo se van controlando los rebrotes de COVID-19 y reduciendo el número de contagios, nos queda aún un largo camino para recuperar el ritmo normal de nuestras vidas. En anteriores artículos, hablábamos de cuáles serían las consecuencias psicológicas del confinamiento en términos de salud mental y adaptación a los cambios en estos tiempos de incertidumbre. Ahora bien, a un nivel más global, podríamos esperar un cambio en las actitudes sociales como consecuencia de la pandemia.

 

     Si quieres saber más sobre las consecuencias psicológicas del confinamiento, puedes leer nuestro artículo aquí

 

Y es que el sentimiento de amenaza y el miedo al contagio pueden cambiar nuestra psicología a corto y largo plazo. Concretamente, el miedo al contagio nos llevaría a ser más conformistas y menos receptivos a la excentricidad, a la novedad y al cambio. Adoptaríamos así actitudes más conservadoras, juicios morales más estrictos y rígidos, incluso en temas tan aparentemente alejados del miedo al contagio como es la afiliación política, y un aumento de actitudes discriminatorias como el racismo y la xenofobia.

 

     Si quieres saber más sobre el miedo al contagio, puedes leer nuestro artículo aquí

 

El conservadurismo psicológico ante el COVID-19

Para explicar esta tendencia al conservadurismo y el conformismo, la psicología propone la teoría del Sistema Inmunológico Conductual. Al igual que nuestro Sistema Inmune nos previene de sufrir enfermedades mediante diversos mecanismos para eliminar patógenos, el Sistema Inmune Conductual se encargaría de modificar nuestro comportamiento para evitar el contacto con estos patógenos en primer lugar.

Según psicólogos como Schaller, dicho sistema desencadenaría una serie de respuestas psicológicas inconscientes, que actuarían como una primera línea de defensa para reducir el contacto con elementos potencialmente peligrosos para la salud. Por ejemplo, este Sistema Inmune Conductual sería el que nos llevaría a evitar comer alimentos en mal estado o que nos sentaron mal en ocasiones anteriores, mediante la emoción de asco, y de esta manera evitaríamos enfermar. De esta forma, en la crisis del COVID-19 evitaríamos el contacto con otras personas para reducir el riesgo de infección, aunque aquello no tenga una razón lógica y razonable. Actuaríamos siguiendo una filosofía de “mejor prevenir que curar”, que evolutivamente nos habría servido para sobrevivir como especie.

Este Sistema Inmune Conductual sería, por tanto, el que nos llevaría a actuar de forma más conservadora y menos arriesgada durante estos tiempos difíciles. La idea es que tenderíamos a seguir al grupo en mayor medida y a ser más precavidos a la hora de actuar por libre, todo ello como resultado del miedo a la enfermedad.

 

Distanciamiento social instintivo

Como decíamos, el distanciamiento social respecto a otras personas sería en gran parte instintivo, como respuesta al miedo y ansiedad ante el contagio. Aun sin comprender las causas o la forma de propagación de las enfermedades, esta tendencia aparecería como un modo de evitar aquellas. Especialmente en el caso de personas que muestran síntomas o signos de mala salud, se produciría un rechazo y una reticencia al contacto.

De nuevo, esta respuesta sería automática y primitiva, muchas veces irracional y no necesariamente respondería a un peligro significativo. Y, sin embargo, ello no alteraría la conducta de rechazo, nuestras decisiones y nuestros juicios morales.

 

Conformismo con el grupo

En tiempos de miedo y amenaza, las personas tienden a dar más importancia y ser más respetuosos con las normas sociales. En un estudio de Schaller, se observó cómo los participantes que se sentían amenazados por una infección eran menos inconformistas en la toma de decisiones, y por el contrario, seguían en mayor medida lo que hace el resto. El miedo también les hizo valorar de forma más positiva a las personas tradicionales y conservadoras, obedientes a las normas, por encima de las innovadoras o inconformistas.

 

     Si quieres saber más sobre el conformismo con el grupo y la presión psicológica, puedes leer nuestro artículo aquí

 

Vemos aquí cómo el sentimiento de amenaza ante la crisis del COVID-19 haría a las personas más sensibles a las posibles consecuencias del incumplimiento de las normas. Ello supondría que se valoren menos la individualidad, el inconformismo, la rebeldía y la innovación.

 

Juicios morales más estrictos

Como veíamos en el punto anterior, el miedo y la amenaza hacen que se valore más negativamente a aquellas personas que transgreden las normas sociales (escritas o no). Si tenemos en cuenta que muchas normas sociales reducen el riesgo de contagio o contaminación (por ejemplo, la higiene personal, la distancia o el contacto social aceptables, etc.), podemos entender la lógica de este planteamiento. Si alguien es propenso a quebrantar las normas, aunque estas no se relacionen con la prevención de enfermedades, pensaremos que es más probable que esa persona incumpla también las normas relativas a la salubridad y seguridad. Además de ello, la idea de que a estas personas no les importe ponerse en riesgo a sí mismos y a los demás, alimenta el rechazo.

 

     Si quieres saber más sobre cómo se crean y modifican las normas sociales, puedes leer nuestro artículo aquí

 

Ante una situaciones de crisis como la actual, las personas se convierten en estrictos jueces morales de las personas transgresoras. Un ejemplo aplicable al momento actual sería el valorar negativamente a una persona que no se pone la mascarilla por la calle, llegando incluso a llamarle la atención por el incumplimiento de la norma en tiempos de COVID-19.

Este juicio moral más severo en tiempos de amenaza se extiende también a otros ámbitos, aunque no estén relacionados con la enfermedad. Algunos estudios muestran cómo sólo con recordar a las personas el peligro de contagio sus actitudes se vuelven más conformistas y tradicionales, por ejemplo, respecto a la libertad sexual o la inmigración.

 

Miedo a los extraños

El miedo a la enfermedad no sólo nos hace alejarnos de los demás, sino también temer a las personas desconocidas. En un estudio realizado en Canadá se observó cómo el temor al contagio nos hace ser más desconfiados con las personas que no conocemos. Por ejemplo, se observó como los perfiles de las redes sociales causaban una peor primera impresión cuando se sentía miedo al contagio.

En páginas de citas o de contactos, las implicaciones del miedo a lo extraño nos harían valorar más negativamente la belleza menos convencional (piercings, tatuajes). Algunos estudiosos teorizan que el tipo de atractivo de estas personas se pueda asociar a una posible mala salud.

El rechazo a lo desconocido también aumentaría el racismo y xenofobia entre la población. Ello explicaría el aumento de casos de discriminación hacia personas con rasgos del sureste asiático, a las que se culpa de la pandemia de COVID-19 y se margina.

 

¿Todo el mundo experimentará estos cambios psicológicos?

Hemos visto que el temor a la enfermedad nos puede llevar a ser más conformistas en nuestras decisiones y actitudes sociales. Ello puede tener consecuencias sobre la discriminación de ciertos grupos, y producir el rechazo de la innovación y el cambio.

Sin embargo, estos cambios psicológicos variarán enormemente entre persona y persona, dependiendo del nivel de amenaza percibida y de su personalidad. Las diferencias en cómo se afronta la situación de crisis actual y qué tan fuerte sea la respuesta del Sistema Inmune Conductual determinará el comportamiento y el cambio psicológico.

Algunos científicos como Lene Aarøe defienden que las personas más sensibles al miedo y las represalias serían las que reaccionarían de manera más notable a la crisis sanitaria. Estas personas normalmente son más proclives a seguir las normas y a conformarse con lo que dice la mayoría, son más desconfiadas y menos innovadoras. La situación de amenaza no haría más que realzar este temor o aprensión al que ya tendían de manera usual.

Todavía queda por ver cuáles han sido y serán las consecuencias psicológicas y sociales de la crisis del COVID-19. Dentro de un tiempo podremos estudiar cuáles han sido los cambios más notables que la pandemia ha ocasionado sobre la forma en la que vemos el mundo. Aunque es arriesgado llegar a conclusiones, es posible que nuestra psicología cambie de modo sutil pero duradero, haciéndonos más aprensivos y menos tolerantes de la diferencia.

 

*Fuente: Artículo “Coronavirus: cómo el miedo a la enfermedad covid-19 está cambiando nuestra psicología” en BBC Mundo

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

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Con la mayor disposición de tiempo libre algunas personas, especialmente niños y jóvenes, invierten buena parte de su tiempo en las redes sociales e internet.

Las redes sociales y las aplicaciones de mensajería instantánea tienen grandes beneficios y son uno de los avances más definitivos de la era digital. Ya que permiten conectar personas, facilitan la participación y la libre expresión, son un medio para obtener información, entretenerse, etc.

Sin embargo, cuentan con una doble cara para muchas personas. Que tiene que ver con la dependencia de las mismas en el día a día. Pues invertir mucho tiempo en redes sociales, puede implicar el abandono de otras áreas vitales importantes.

Esto hace necesario poner límite al tiempo dedicado a las redes sociales, y a la forma de relación con las mismas.

 

Por qué se da el uso abusivo de las redes

Como ya hemos visto en otros artículos de nuestro blog, conectarse a las redes sociales e internet produce un refuerzo inmediato y con un efecto potente sobre nuestra conducta. Las redes están configuradas de tal modo, que se produce fácilmente “enganche”.

 

     Si quieres saber más acerca de los mecanismos por los que funcionan las redes sociales y sus efectos negativos puedes leer nuestro artículo aquí 

 

Como está demostrado en el campo de la psicología, cualquier conducta que sea reforzante de manera inmediata tiene potencial para convertirse en una conducta adictiva. Por tanto, en función de las circunstancias y recursos de cada persona, la conexión a las redes sociales puede tornarse una conducta adictiva.

Conectarse a las redes sociales cumple una función que hemos de detectar si queremos cambiarla satisfactoriamente. En cada persona el consumo de redes sociales, internet o móvil, puede tener una función distinta. Y estar rodeado de unas circunstancias peculiares. Por lo que te animamos a continuar leyendo la siguiente sección. Te ayudará a detectar la función que cumple el abuso de redes sociales en tu caso o de tu familia.

 

Cómo reducir el uso excesivo de redes sociales

1. ¿Qué función tienen para ti las redes sociales?

En primer lugar observa en qué momentos se intensifica esta conducta.

Mal manejo de las emociones

Si sucede cuando se está aislado de relaciones sociales, cuando se acaba de tener una discusión, si toca enfrentarse a una tarea poco grata, ante el aburrimiento…

De acuerdo al tipo de situación estimular antecedente, y las emociones que provoca, podemos entender la naturaleza del uso.

Por ejemplo, a veces cumplen la función de evitación. Esto es, que mientras se está inmerso en las redes sociales no se están enfrentando otras situaciones aversivas. Por ejemplo, relaciones conflictivas o tareas/actividades poco gratificantes, aburrimiento etc.

 

Hábito automático

También puede tener que ver con un hábito automatizado, que no tiene que ver con el mal manejo de emociones. Sino con la simple asociación entre ciertos estímulos físicos o externos y la conducta de acceder a las redes.

 

2. Busca alternativas al problema detectado

Genera recursos para afrontar las situaciones que estás intentando evitar a través del uso de redes.

Como decíamos más arriba, el enganche a las redes sociales se mantiene porque ayuda, temporalmente, a evitar los problemas. Pero con ello, estos mismos problemas de mantienen intactos y sin resolver.

Problemas con el entorno

Por ejemplo, si lo que está afectada es la relación con tu entorno, en lugar de guarecerte en el móvil, será interesante revisar los patrones de comunicación y relación que mantienes.

 

     Si quieres saber más acerca de cómo mejorar la relación con las personas de tu entorno puedes leer nuestro artículo aquí

     Si quieres saber más sobre por qué es importante la comunicación en la relación de pareja, puedes leer nuestro artículo aquí

 

Evitación de otras tareas difíciles

Es muy frecuente que el uso de las nuevas tecnologías esté implicado en la evitación de otras actividades o responsabilidades. Precisamente por el fácil acceso a ellas y el bajo esfuerzo que requiere. Por ello, si detectas que esta es la razón de tu abuso, te recomendamos que te plantees la forma en que haces frente a tus ocupaciones diarias. Dejar de evitar requiere el desarrollo de la inteligencia emocional en distintas vertientes. Puedes empezar por cambiar la exigencia que te planteas, aumentar tu autocontrol y mejorar tu organización para dejar de procrastinar ante tus responsabilidades

 

     Puedes leer más acerca de cómo planificar tu tiempo aquí 

 

Falta de refuerzos en tu día a día

Otra opción es que sea tu única vía de reforzamiento positivo. Es decir, la única forma en que accedes a emociones positivas y a disfrute.

En este caso plantéate, que por entretenido que pueda resultar el uso de las redes, la magnitud del refuerzo que proporciona va a ser infinitamente menor al de cualquier otra actividad de ocio. Mantener relaciones sociales cara a cara, realizar actividad física o deporte, dar un paseo, hacer actividades manuales, tocar un instrumento… son actividades que no solo van a proporcionar un nivel de refuerzo mayor, sino que te ayudarán a desarrollar habilidades muy útiles para el día a día.

Te recomendamos que revises otras opciones de reforzadores que puedas introducir en tu día a día.

 

Puedes leer nuestros artículos sobre cómo diversificar el tiempo  y por qué disfrutar de un hobby 

 

En CIPSIA psicólogos somos expertos en ayudar a superar conductas adictivas. Si tienes algún problema de abuso o dependencia, no dudes en contactarnos.

 

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Maiana García

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¿Qué es ser normal en términos de salud mental?

La etiquetas diagnósticas en salud mental

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Hace un tiempo hablábamos en nuestro blog de los conceptos de normalidad y anormalidad en salud mental. Como veíamos en ese artículo, no existe una definición clara y unívoca de qué es normal o anormal, qué es un trastorno mental y qué no lo es. Las etiquetas diagnósticas tienen un valor relativo, pues si bien nos ayudan a clasificar, estudiar y predecir lo que le sucede a una persona, la realidad es mucho más compleja.

 

     Si quieres leer nuestro artículo de reflexión sobre qué es ser normal en términos de salud mental, pincha aquí

 

Las etiquetas diagnósticas en salud mental

Como decíamos, las etiquetas diagnósticas no dejan de ser construcciones teóricas que parten del consenso experto, y que dependen enormemente del contexto sociocultural de la época. Por supuesto, ello no quiere decir que un diagnóstico de trastorno mental no tenga ningún valor científico o clínico, ni tampoco que niegue el sufrimiento y la pérdida de funcionalidad en el día a día de la persona.

 

La aproximación actual a la psicopatología

Si bien a lo largo de la Historia, los problemas de salud mental se han enfocado desde un punto de vista moral y no necesariamente científico, la Psicología actual entiende los trastornos y problemas de salud mental desde una perspectiva más holística y basada en la evidencia. El modelo biopsicosocial o integral pretende abarcar todos los factores de predisposición biológica, personalidad, creencias y actitudes, así como la adaptación al entorno, que a su vez interaccionan entre sí para determinar el nivel de salud mental (o la falta de ella).

Según el modelo vigente, no existiría una causa única ni elementos que determinasen un trastorno psicológico. Por el contrario, se toman en cuenta múltiples factores, como la personalidad previa a la pérdida de salud mental, el apoyo social, los estresores, el consumo de sustancias o de medicamentos, el funcionamiento cerebral, etc. En este panorama, las etiquetas diagnósticas tienen un valor limitado, pues no agotan las causas y consecuencias que tiene el trastorno para la persona.

 

El enfoque dimensional y el enfoque categorial

En la Psicología actual, por tanto, se utilizan las etiquetas diagnósticas, pero estas cobran una importancia relativa, ya que existen múltiples causas para la pérdida de salud mental. Desde el plano psicológico, sobre el que podemos intervenir en terapia (ya que no podemos modificar la biología ni el ambiente del individuo), distinguimos dos enfoques que se complementan, a la vez que dan un tipo de información distinta.

 

Enfoque categorial o de etiquetas diagnósticas

Desde este enfoque se intenta trazar la línea entre lo que es normal en términos de salud mental, y lo que no lo es. Los manuales diagnósticos como el DSM (algo así como el Vademécum en Psicología) y el CIE (elaborado por la OMS) establecen una serie de criterios a modo de lista, de manera que el individuo debe cumplir un número determinado de estos criterios para ser diagnosticado de una enfermedad y de la gravedad de la misma.

El enfoque categorial se basa en el concepto de síndrome, que sería el conjunto de signos observables/objetivos (ej.: pérdida de peso, insomnio, inactividad) y de síntomas subjetivos (e.: sufrimiento, sensación de vacío, angustia) que tienden a mostrarse juntos. Por ejemplo, si una persona pierde repentinamente mucho peso, le cuesta dormir y tiene sensación de vacío, también es probable que pierda el interés por las actividades que antes le gustaban y se sienta cansada todo el día. A esta persona le pondríamos la etiqueta diagnóstica de depresión, pero el trastorno no es más que el nombre que se le da al síndrome, cuando a este se le otorga un significado clínico; es decir, cuando existe un consenso entre los expertos sobre eso que es la depresión.

Más allá de los problemas que presenta este enfoque, que no son pocos, la creación de etiquetas diagnósticas y el enfoque categorial nos ayudan a economizar la información, a la comunicación entre profesionales y a poder investigar los problemas de salud mental.

 

     Si quieres saber más sobre el estigma en psicopatología, puedes leer nuestro artículo aquí

 

Enfoque dimensional o de procesos psicológicos alterados

Frente al enfoque categorial, este enfoque pretende ahondar en los procesos psicológicos que no funcionan correctamente ante un problema de salud mental. Un ejemplo sería la atención o la memoria selectiva de comentarios o eventos negativos en el caso de la depresión, que harían a la persona pensar que su vida entera ha sido y es tremendamente negativa y está llena de sufrimiento. Esto nos da mucha información valiosa, porque nos permite conocer cuáles son los mecanismos que previenen a la persona de sentirse bien.

Desde el enfoque dimensional, se entiende que las características psicológicas adaptativas y desadaptativas se distribuyen en un continuo en la población. Por ejemplo, cada persona sentiría normalmente un determinado grado de ansiedad: unos pocos prácticamente no sentirían ansiedad ante ninguna situación, muchas personas la sentirían cuando la situación requiere algo de ansiedad para funcionar correctamente, y un grupo pequeño sentiría una ansiedad incapacitante que le impida realizar las actividades del día a día. Al contrario que en el enfoque anterior, en este caso no habría una línea clara entre lo que constituye un trastorno y lo que no.

 

     Si quieres saber más sobre para qué sirven las emociones, puedes leer nuestro artículo aquí

 

A pesar de ser un enfoque más complejo de manejar y que no nos da una respuesta clara, nos da mucha más información. Y es que la realidad de la salud mental es mucho más compleja que una etiqueta, y todas las personas en nuestra vida podemos perder salud mental según lo que vivimos.

 

 

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

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Cómo sacar más provecho de las vacaciones

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No es novedoso para nadie que las vacaciones y el descanso son algo necesario para el estado de ánimo y el rendimiento. No en vano, es un derecho reconocido para los trabajadores. No cabe duda de que, sin tener que cumplir grandes requisitos, los periodos de descanso tienen gran beneficio para quien los disfruta.

No obstante, queremos aportar algunas ideas que permiten maximizar los beneficios de las vacaciones. Para que supongan una oportunidad de verdadero descanso, desarrollo y crecimiento personal.

 

6 Ideas para sacar más provecho de tus vacaciones

  1. El verdadero descanso viene del cambio de actividad

Algunas personas tienen la idea errónea de que descansar es parar todo tipo de actividad y entrar en reposo. Pero, si bien es necesario reponer energías y recuperar las horas de sueño atrasadas, esto se consigue con pocas horas de reposo. El verdadero descanso viene del abandono de ciertas tareas que se han vuelto rutinarias y que, por mucho que nos agraden, puede que estemos saciados de ellas.

De este modo, cuando cambiamos de actividad, no solo estamos disfrutando de otras actividades, sino que recuperaremos el interés por aquellas que forman parte de nuestro día a día.

 

     Si quieres saber más sobre por qué es importante hacer cosas diferentes, puedes leer nuestro artículo aquí

 

  1. Deja cerrados todos los temas que tengan que ver con trabajo o estudios

En línea de lo anterior, procura dejar al margen cualquier asunto laboral durante tu periodo de vacaciones. De modo que puedas desconectar completamente de esta actividad, y las vacaciones supongan un punto y aparte.

En caso de tener que realizar alguna actividad laboral o de estudios, acota muy bien los tiempos que le dedicas. De modo que no tengas que estar pendiente de ello y se convierta en una cuestión omnipresente.

 

  1. Utiliza las vacaciones para tener experiencias nuevas

Durante todo el año tenemos horarios marcados en torno a una o varias ocupaciones. Ya sea estudiar, trabajar o buscar trabajo, estos ocupan buena+ parte de nuestro día a día. Por lo que las oportunidades para implicarse en otras actividades disminuyen.

Por ello, disponer de mayor tiempo libre es una oportunidad para implicarse, sin expectativas, en experiencias nuevas. Salir de la rutina y del modo habitual en que hacemos las cosas.

Experimentar supone salir de la zona de confort. Arriesgarte a que haya cosas que no salgan como esperas o que no te gusten. Aunque inicialmente no es cómodo, pero va a suponer una fuente de descubrimientos. Lo que además incrementará tu tolerancia a la frustración y te permitirá aprender habilidades nuevas.

 

     Si quieres saber más acerca de la zona de confort puedes leer nuestro artículo aquí 

 

  1. No es necesario ser productivo

Está muy extendido en la sociedad la creencia de que hay que estar siempre ocupado y haciendo “check” en una larga lista de propósitos. Ciertas actitudes exigentes llevan a buscar que cada minuto esté optimizado, por lo que las vacaciones se convierten en una maratón de tareas que hacer. Cuando estas expectativas van en contra del disfrute o generan preocupación, será mejor replantearse los planes iniciales.

Por tanto, ajusta tus expectativas de lo que quieres hacer en el tiempo de vacaciones, y sobre todo se flexible y readapta tus planes.

 

  1. Aprovecha para darte algunos caprichos y comenzar a cuidarte

Puede que durante todo el año te plantees que hay cosas que te gustaría hacer por ti, darte caprichos o cuidarte más. Sin embargo, no encuentras el momento para empezar a hacerlo. Por ejemplo, recibir un masaje, cuidar más de tu cuerpo, arreglarte el pelo etc. Por otra parte, puedes comenzar alguna actividad de tipo deportivo, o que combine técnicas de relajación y para el control de la activación. Este tipo de actividades forman parte de los hábitos de autocuidado. Nunca es mal momento para comenzar a disfrutar de sus beneficios.

 

  1. Dedica tiempo de calidad para estar con aquellos que de verdad quieres

Disfrutar de las vacaciones en familiaLas relaciones humanas son tremendamente reforzantes, y un pilar fundamental del estado de ánimo y la autoestima. Quizá, durante el resto del año no tengas todo el tiempo que quieres para relacionarte e implicarte del modo que te gustaría con tus amigos o familia.

Aprovecha para hacer algunas de las cosas que más deseas, rodeado de las personas importantes para ti. Compartir momentos gratificantes con ellos, reforzará más vuestros lazos.

 

     Puedes saber más acerca de cómo mejorar las relaciones leyendo nuestros artículos sobre cómo fomentar las relaciones positivas durante las vacaciones y sobre cómo impulsar tu relación de pareja mediante el refuerzo

 

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Maiana García

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Aunque este año de forma algo tardía e inusual, los planes de playa y piscina siguen estando en nuestra lista veraniega. Como todos los veranos, enseñar el cuerpo se convierte en una preocupación para muchas mujeres y algunos hombres, con lo que ponemos en marcha la conocida “operación bikini”. Las “dietas milagro”, empezar a hacer deporte excesivo, o los múltiples tratamientos estéticos forman parte del proceso, que normalmente acaba en fracaso y genera gran frustración.

Ahora bien, ¿alguna vez te has preguntado por qué tienes que someterte a una estricta operación bikini? ¿Te has parado a pensar en lo que supone la operación bikini respecto a la forma en la que valoras tu cuerpo?

 

     Si quieres saber más sobre cómo afrontar los problemas de imagen corporal en verano, puedes leer nuestro artículo aquí

 

Posibles problemas emocionales que nos llevan a la operación bikini y las “dietas milagro”

Con el calor y el buen tiempo, la exposición del propio cuerpo trae mayor atención a nuestro físico. Ello puede realzar inseguridades que se encuentran presentes todo el año, pero que dejamos “aparcadas”. El ideal social de belleza joven y esbelta, inalcanzable y realmente poco usual en la realidad, nos hace marcarnos objetivos inalcanzables y poco realistas, lo que puede ir asociado a una gran cantidad de malestar.

En la base de todo esto están las creencias erróneas sobre el valor de la delgadez, como sinónimo del éxito y la belleza. Llegamos a creer que nuestro aspecto físico determina en gran parte nuestro éxito laboral y amoroso, nuestras amistades, nuestras experiencias vitales y nuestra satisfacción general. Si bien esta puede ser la idea que se muestra en los medios, el aspecto físico no lo es todo en la felicidad de una persona, sino que también son necesarias habilidades y recursos para poder navegar por la vida.

Todos estos mensajes de lo que es aceptable y deseable en cuanto a aspecto físico se refiere, lleva a muchas personas, y en especial muchas mujeres, a dedicarle una gran cantidad de tiempo, dinero y espacio mental a construir un aspecto físico socialmente aceptable. Surge así la obligación percibida de empezar una dieta para solventar todos nuestros problemas. Sin embargo, muchas veces no nos damos cuenta de que detrás de ese anhelo de poseer el cuerpo perfecto se encuentran los problemas emocionales, de autoestima, de percepción distorsionada de la figura, de perfeccionismo, baja tolerancia a la frustración, etc.

 

El peligro de las “dietas milagro”

No son saludables para el cuerpo

Dado que muchas veces se empiezan sin control de un profesional en nutrición, no es poco frecuente que este tipo de dietas tenga efectos adversos sobre la salud. Cuando llevamos a cabo una de estas dietas restrictivas, nuestro organismo entra en una especie de “modo de supervivencia”, por lo que se ralentiza el metabolismo para preservar las reservas de energía y se queman menos calorías, produciendo el efecto contrario al esperado. Más allá de eso, a largo plazo este tipo de dietas hace ganar peso.

Los profesionales de la nutrición suelen abogar más bien por un cambio permanente en la alimentación para que esta sea más equilibrada, por encima de las dietas cortas, que producen efecto rebote. Esta es una forma más saludable de perder peso, y no genera la espiral de frustración y pensamientos negativos asociados al aspecto corporal. Cabe decir también que la simple pérdida de peso no solucionará realmente los problemas psicológicos, por lo que muchas veces se recomienda asistencia psicológica paralela a la nutricional.

 

Emociones negativas

Las expectativas irreales de alcanzar el canon de belleza de la delgadez, los mitos y creencias sobre la belleza física y la salud, hacen daño a nuestra imagen corporal. Además de ello, el fracaso previsible de esta forma de perder peso puede aumentar la sensación de frustración y la mala imagen corporal, y hacernos sentir culpables o incompetentes.

La imagen corporal, o forma en la que valoramos nuestro aspecto físico, constituye una parte importante de nuestra autoestima y nuestra satisfacción vital. La percepción distorsionada del propio cuerpo y la valoración negativa del mismo generan gran insatisfacción, y nos llevan a pensamientos sesgados y desadaptativos. Es por ello que debemos cuidar los mensajes que nos decimos, porque muchas veces nos juegan una mala pasada.

 

     Si quieres saber más sobre los pensamientos desadaptativos, puedes leer nuestro artículo aquí

     Si quieres saber más sobre las distorsiones en el pensamiento, puedes leer nuestro artículo aquí

 

El vínculo emocional con la comida

Desde nuestra infancia, aprendemos a relacionar las emociones con la comida. La comida tiene un efecto calmante de la ansiedad, especialmente los alimentos con alta densidad calórica, lo que la puede hacer una forma de evitación del malestar y de las emociones complicadas, y dar lugar a los “atracones” o al “comer emocional”. En otras ocasiones, se puede asociar la comida con el escaso atractivo corporal o con la falta de autocontrol, haciendo que la persona ayune y haga dietas para solventar los problemas o demostrarse a una misma la propia valía. En ambos casos, que pueden darse juntos en la persona, se establece una relación peligrosa y poco saludable con la comida, que puede llevar a un Trastorno de la Conducta Alimentaria.

 

     Si quieres saber más sobre la relación emocional que establecemos con la comida, puedes leer nuestro artículo aquí

 

La relación entre salud física y salud mental

La salud física y la salud mental están estrechamente unidas entre sí. En el caso que nos ocupa, la salud mental y el bienestar psicológico promueven la salud física favoreciendo el autocuidado y un estilo de vida saludable, y además nos ayuda a sentirnos más a gusto con nuestro cuerpo. En el caso de que se quiera perder peso, es importante valorar las razones para ello, revisar los mensajes y creencias sobre el valor de la delgadez y el cuerpo perfecto, y también reflexionar sobre qué problemas psicológicos pueden estar detrás del deseo de modificar el físico.

 

     Si quieres saber más sobre la relación entre salud física y salud mental, puedes leer nuestro artículo aquí

     Si quieres saber más sobre la importancia del autocuidado, puedes leer nuestro artículo aquí

 

En CIPSIA Psicólogos somos expertos en tratar problemas de imagen corporal y de Trastornos Alimentarios. Si sientes que necesitas ayuda con este u otro problema psicológico, no dudes en contactarnos.

 

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

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Cómo fomentar relaciones positivas con la familia y pareja durante las vacaciones

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Las vacaciones son una oportunidad para el descanso y para el cambio. Dejar de lado los horarios llenos de obligaciones y responsabilidades nos permite experimentar y replantearnos cómo queremos disfrutar de nuestra vida. En vacaciones, al igual que el resto del año, nuestras actividades están entrelazadas con las relaciones personales. La calidad de las relaciones que establecemos tiene un impacto importante en el bienestar y satisfacción personal en cualquier ámbito donde se den dichas relaciones. Por ello, durante estos meses el mayor tiempo de ocio compartido con otras personas es una excelente oportunidad para intentar cambiar aquello que no nos guste de nuestras relaciones

 

Cómo mejorar las relaciones durante las vacaciones

Comparte tiempo en torno a actividades que sean gratificantes para todos

Ten en cuenta que realizar una actividad gratificante produce emociones positivas en quien la realiza. Por ello, cambiar el foco de la relación de aquellas actividades que se realizan por obligación, o ante las que surgen problemas o disputas, por aquellas otras que son meramente de disfrute, va a cambiar las sensaciones que se asocian a la relación. Ayudando a fortalecer los lazos afectivos entre las personas implicadas.

 

Negocia cómo llevar a cabo las distintas actividades y cede

Muchas veces es difícil realizar planes que sean completamente satisfactorios para todos. Sin embargo, es muy importante que todas las personas en una relación se sientan tenidas en cuenta.

Por otra parte, en las relaciones es muy difícil que las cosas salgan completamente como a uno le gustaría. Esto necesario ejercitar la tolerancia y ceder en algunos aspectos. De modo que, todos tengan que ceder algo y todos se vean representados por los planes que se realizan.

 

Elimina las exigencias sobre los demás

En línea con lo anterior, plantéate la imposibilidad de estar siempre de acuerdo y que las cosas salgan del modo en que deseas. Tienes derecho a pedir, y plantear tus intereses, pero no a exigir a los demás que los atiendan.

A veces, cuando se adopta una actitud exigente, tiene que ver con un estilo de creencias rígido sobre cómo deben ser las cosas. Por otra parte, es posible que, cuando planteas una exigencia a los demás, sea porque se trate de una necesidad que no sabes cubrir de otro modo. De forma que, tendrás que valorar cómo satisfacer tus necesidades sin que generen malestar en el resto.

     Si quieres saber más sobre por qué es importante cuidar la relación de pareja, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

 

Respeta la necesidad ajena de espacio individual

Quererse y estar unidos, no implica estar todo el tiempo juntos y hacer todo juntos. Las personas tienen distintas necesidades y no todas se pueden satisfacer a través de la familia o la pareja. Es necesario cultivar otros intereses, aficiones y relaciones.

De hecho, las relaciones que mejor funcionan son aquellas que no son dependientes. Sino que, estando unidas y disfrutando de la relación, disponen de otras fuentes para estar bien.

 

    Si quieres saber más acerca de la dependencia emocional puedes leer nuestro artículo aquí 

 

Valora lo positivo que tienen y hacen las personas que te rodean

Un aspecto que daña mucho las relaciones, sucede cuando estas empiezan a girar en torno a los aspectos negativos. Los defectos o fallos que cometen los otros.

Sin duda que cada persona tiene una o varios talentos, varias características valiosas que nos pueden beneficiar. Cambiar el foco de atención viendo lo valioso que hacen los demás generará un estado de ánimo positivo. Además repercutirá en la predisposición que tenemos hacia el otro. Por otra parte, si además de verlo lo reconocemos explícitamente. Cuando reforzamos a una persona la relación empieza a cambiar de modo mucho más rápido.

 

     Puedes leer nuestro artículo sobre como utilizar el refuerzo positivo en las relaciones aquí 

 

Cuida el lenguaje que utilizas a la hora de comunicarte.

Cuidar el lenguaje es cuidar la relación. A través de las palabras transmitimos nuestras percepciones sobre los demás. La forma de hacer críticas, o manifestar molestia por ciertos comportamientos va a repercutir de manera importante en cómo se sienten los demás consigo mismos y con nosotros.

 

     Si quieres saber más acerca de la influencia del lenguaje en la autoestima de las personas que te rodean, lee nuestro artículo aquí 

 

 

En CIPSIA Psicólogos somos expertos en ayudar a las parejas y familias a mejorar sus relaciones y solucionar sus problemas. Si necesitas ayuda no dudes en contactarnos.

 

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Maiana García

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Trastorno Obsesivo Compulsivo y COVID-19

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Después de varias semanas del final del confinamiento por la crisis del COVID-19, en España las cosas van retornando a una “nueva normalidad”, en la que, si bien con medidas para prevenir rebrotes, empezamos a retomar actividades y a salir al exterior. Como hablábamos en algunos artículos anteriores, el final de la situación de aislamiento puede dejar “secuelas” tras estos meses de estrés e incertidumbre. Aunque la situación ha sido dura para todos, las personas con problemas de salud mental han acusado especialmente este momento crítico. En el caso de las personas con Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC), especialmente el relacionado con la limpieza, las características de la crisis sanitaria han sido especialmente desafiantes.

     Si quieres saber más sobre cuáles serán las consecuencias psicológicas del confinamiento, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

     Si quieres saber más sobre cómo afrontar la incertidumbre y la ansiedad, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

 

¿Cómo ha afectado el confinamiento a las personas con Trastorno Obsesivo-Compulsivo?

Como decíamos, la situación de crisis originada por el COVID-19 ha supuesto un gran reto para todas las personas más susceptibles o que padecen un problema de salud mental. Debido a la necesidad de tomar medidas de higiene y al peligro que supone la enfermedad, las personas con TOC de limpieza ha acusado en mayor medida el confinamiento.

 

¿Qué es el Trastorno Obsesivo-Compulsivo?

Ahora bien, ¿qué es exactamente el TOC? ¿Y el TOC de limpieza? El Trastorno Obsesivo- Compulsivo es un tipo de trastorno de ansiedad, que consiste en la presencia de pensamientos intrusivos (las obsesiones), a los que la persona otorga gran relevancia y validez, percibiéndolos como una amenaza (ej.: “si sujeto un cuchillo y pienso que puedo matar a alguien, realmente lo haré”). La ansiedad que generan las obsesiones se palía con las conductas compulsivas, como pueden ser contar, lavarse las manos en una secuencia concreta o determinado número de veces, comprobar que el gas está apagado o la puerta cerrada, etc. Los comportamientos compulsivos reducen la ansiedad de manera momentánea, pero a la larga empeoran la situación, pues fortalecen el proceso de aparición de pensamientos intrusivos, de la compulsión, y así sucesivamente.

     Si quieres saber más sobre el Trastorno Obsesivo Compulsivo, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

 

Trastorno Obsesivo-Compulsivo de limpieza y COVID-19

En el TOC de limpieza, la preocupación de la persona se centra en el miedo a contaminarse o contagiarse, o bien a contagiar a personas de su entorno. Los pensamientos intrusivos del tipo “Voy a contagiarme y será terrible”, “Contaminaré a mi familia y les pondré en peligro” elevan la ansiedad y llevan a la persona a realizar conductas de comprobación y compulsivas. Entre ellas pueden estar la de lavarse las manos repetidas veces o con gran frecuencia, lavar toda la casa varias veces al día, etc. Aunque en situaciones normales este tipo de conductas no responda a un peligro significativo, en el caso de una pandemia global la situación cambia.

No es poco común ver en estos tiempos a personas realmente preocupadas por su salud y por contraer el virus. A pesar de haber superado la fase de Estado de Alarma, muchas personas se muestran reticentes a retomar actividades o a salir a la calle, y la limpieza y la evitación de virus ocupan gran parte de su pensamiento. Pues bien, este miedo afecta en sumo grado a las personas que ya padecían un TOC de limpieza, e incluso podría incrementar el número de casos de personas que padecen el trastorno.

     Si quieres leer nuestro artículo sobre qué es ser normal en términos de salud mental, pincha aquí

Para una persona con TOC, la crisis sanitaria supone en cierto modo confirmar sus miedos y avivarlos. La ansiedad ante el peligro real de la enfermedad puede volverse severa y aumentar la presencia de pensamientos intrusivos y de compulsiones. Vigilar constantemente la temperatura corporal, comprobar síntomas o buscar información en exceso sobre el virus pueden ser algunas de las conductas derivadas de la preocupación y la ansiedad. En casos más graves, las intoxicaciones por mezcla de productos de limpieza o el daño físico por limpieza excesiva pueden ir acompañados del deterioro social y psicológico de la persona y la pérdida de funcionalidad en la vida cotidiana.

 

Cómo afrontar la preocupación obsesiva por la limpieza o el contagio

Tanto para personas con TOC como para aquellos que experimentan gran preocupación ante la posibilidad de contagio, es importante tomar partido para manejar el malestar. Esta es una época difícil, y la posibilidad de contraer la enfermedad sigue presente, pero es necesario relativizar el peligro al tiempo que seguimos las recomendaciones de las autoridades sanitarias, e ir exponiéndonos poco a poco a las situaciones fuera del hogar cuando sea necesario o deseable.

     Si quieres saber más sobre cómo afrontar la actual situación de confinamiento y crisis sanitaria, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Aunque una persona no sufra TOC o algún otro problema de salud mental, pueden aparecer en estos momentos la ansiedad y el malestar. Si sientes que necesitas ayuda profesional con este o algún otro problema, en CIPSIA Psicólogos somos expertos en el tratamiento de la ansiedad y la adaptación al cambio.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

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