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Trastorno por Déficit de atención e Hiperactividad (TDAH)

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Mi hijo se mueve mucho, no para quieto, nunca se cansa, ¿puede ser hiperactivo, o es una conducta propia de su edad? Mi hija tiene problemas con los deberes y parece que está constantemente en su mundo, ¿puede tener un problema de desatención? Hoy en día es muy común oír hablar del trastorno por déficit de atención e hiperactividad, pero ¿en qué consiste exactamente? Hablamos del trastorno por déficit de atención e hiperactividad

El TDAH o trastorno por déficit de atención e hiperactividad es un trastorno de inicio en la infancia que se caracteriza por dificultades para mantener la atención, por hiperactividad e impulsividad.

La inatención. La persona inatenta comete errores por descuido tanto en las actividades escolares  como lúdicas, parece no escuchar cuando se le he habla, tiene dificultades en la organización de tareas, suele dejar las cosas a medias, sin terminar y evita las tareas que suponen un esfuerzo sostenido. Se trata de una persona descuidada que a menudo extravía sus objetos personales (lápices, libros, agenda escolar, juguetes), se distrae con facilidad, es olvidadiza en las tareas diarias (lavarse los dientes, vestirse, recoger sus cosas), no sigue las instrucciones que se le indican y se distrae fácilmente con estímulos irrelevantes.

La hiperactividad. Se manifiesta un patrón de conductas en exceso (movimientos de manos y pies, habla excesiva, se levanta del asiento), el niño parece “estar en marcha” de continuo. Esta inquietud motora es más evidente en situaciones que requieren permanecer quieto que en situaciones que implican movimiento. Es una persona a la que le cuesta participar en actividades tranquilas, a menudo corre o trepa en situaciones inapropiadas, va de un lado a otro sin motivo aparente y le cuesta esperar su turno.

La manifestación de estos síntomas varía con la edad, en los niños se trata más un movimiento sin finalidad (hiperkinesia) que según van creciendo se va transformando en un exceso de actividades o movimiento con finalidad (hiperactividad). Los adultos pueden aprender técnicas y habilidades para controlar este exceso de movimiento, de forma que lo que se manifiesta es más una inquietud interna, que algo externo y visible por lo demás.

La impulsividad.  Consiste en un déficit para inhibir conductas, la persona es incapaz de controlar su conducta y de demorar las gratificaciones. A menudo precipita respuestas antes de haber concluido las preguntas o interrumpe a los demás. La persona actúa sin pensar, habla en momentos poco oportunos, interrumpe en juegos y explicaciones, se le olvida planificar, pierde la paciencia con facilidad, tiene mal humor o es irritable, no sabe perder y se pelea por cualquier cosa, puede destrozar sus propias cosas y las de los demás. La impulsividad puede ocasionar accidentes y conductas de riesgo.

déficit atención

En los últimos años se ha tendido a denominar la impulsividad como déficit de reflexibilidad, definido como escaso tiempo que la persona dedica a pensar o a reflexionar, lo que lleva a respuestas precipitadas e impulsivas.

Se pueden distinguir tres tipos de TDAH en función del predominio de sus síntomas:

  • Tipo con predominio de déficit de atención, si predominan los indicadores de desatención. Es más predominante en niñas e implica un mayor deterioro escolar.
  • Tipo con predominio hiperactivo-impulsivo, si predominan los indicadores de hiperactividad-impulsividad.
  • Tipo combinado. Se manifiestan tanto los indicadores de desatención como los de hiperactividad-impulsividad. Es más común en niños e implica mayor deterioro en general.

Este trastorno no debe ser específico de una situación,  es decir, los problemas surgen en al  menos dos situaciones diferentes, como por ejemplo en el colegio y en casa.

Se trata de un trastorno muy variado en sintomatología, pero además, hay que añadir, que es frecuente la aparición de otros problemas  asociados, como pueden ser: bajo rendimiento escolar, problemas de conducta, rechazo por parte de los compañeros, gran sensibilidad con baja tolerancia a la frustración, arrebatos emocionales y baja autoestima.

Hay que tener en cuenta que los límites de este trastorno no son claros y en ocasiones se pueden superponer con otros trastornos, así como también se pueden confundir conductas típicas de los niños sin patología.

Es importante considerar el ritmo de vida actual que se impone a los niños, largas jornadas escolares, tareas poco estimulantes y motivadoras, actividades extraescolares, los deberes en casa y un largo etc. Junto con exigencias de obtener unas buenas calificaciones, un comportamiento excelente sin permiso para el descontrol propio de algunas edades, ambientes desestructurados, falta de recursos de las familias… que en ocasiones pueden producir manifestaciones y problemas similares a los del TDAH.

El equipo de CIPSIA psicólogos puede ayudar ante la sintomatología de este trastorno, aliviando el malestar y sufrimiento de la persona afectada y su entorno, así como con técnicas  para controlar las diferentes manifestaciones.

Artículo escrito por Psicologos Madrid Cipsia Psicólogos: Anna Cadafalch

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