Salud digestiva y bienestar psicológico

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A menudo asociamos los fenómenos mentales, las ideas y las emociones, al cerebro o la cabeza. Esta visión puede llegar a ser un tanto simplista, pues realmente nuestro cuerpo funciona como un todo, y cada parte es importante para el desempeño global. Numerosos estudios avalan la importancia de los distintos sistemas corporales (más allá del cerebro y el sistema nervioso) en nuestra salud mental y general. El sistema digestivo, que en principio parecería no tener mucha relación con los fenómenos de la mente, guarda un estrecho vínculo con nuestro bienestar psicológico. 

La conexión física entre el cerebro y el intestino

Esta conexión entre los estados mentales y nuestra digestión tiene su correlato físico en el nervio vago, que une el Sistema Nervioso Central (en el que se incluye el cerebro) con el aparato digestivo. Dicho nervio se encarga de mantener funciones vegetativas como la respiración, el latido cardiaco o la digestión. Pero además de servir como regulador de las funciones digestivas básicas, tiene un papel crucial como nexo entre los estados cognitivos y emocionales, y la salud intestinal. 

Aunque parezca contraintuitivo, la mayor parte del flujo de la información se da desde el aparato digestivo hacia el cerebro, y no a la inversa. Es muy común que aparezcan problemas digestivos cuando experimentamos una situación de estrés o de malestar psicológico. Por ello, nos es sencillo entender que el cerebro envía información al intestino para favorecer su correcto funcionamiento. Ahora bien, la mayor parte de las conexiones neuronales del nervio vago envían información desde el intestino hacia el cerebro, y esto pone de manifiesto la gran implicación de la salud digestiva en los fenómenos mentales. 

Recientemente se han llevado a cabo estudios que relacionan emociones como la compasión con la activación del nervio vago. En 2010, Keltner y colaboradores encontraron mediante técnicas de neuroimagen una activación del nervio vago en pacientes a los que se les mostraban imágenes del sufrimiento de otras personas. Otro estudio de Eisenberg comprobó que los niños con una mayor tasa base de actividad en el nervio vago eran más cooperativos y generosos que el resto de sus compañeros.

El “segundo cerebro”

Resulta sorprendente saber que el aparato digestivo cuenta con unos 100 millones de neuronas que lo inervan, más de las que componen la médula espinal. Este conjunto de neuronas compone el sistema nervioso entérico, que controla el funcionamiento del aparato digestivo. Sería difícil, por tanto, que un sistema de tal complejidad se encargase únicamente de digerir los alimentos. Nuestro aparato digestivo, también llamado el segundo cerebro, aporta una gran cantidad de información útil. Ambos cerebros colaboran entre sí y se influyen mutuamente. Por un lado, los problemas de salud física generan dificultades en la digestión y las estructuras que la llevan a cabo. Por otra parte, existen una serie de factores del sistema digestivo que influyen en nuestra salud mental.

Problemas digestivos asociados a la salud mental

Como comentábamos antes, es común que en periodos de estrés elevado, o en situaciones problemáticas, nuestro estómago y nuestra digestión se resientan. Una prueba de esto es la alta incidencia de problemas digestivos en población con trastornos psicológicos. Afecciones como la depresión, la ansiedad, la alexitimia o los trastornos del espectro autista tienen graves consecuencias en los sistemas físicos, y el aparato digestivo es quizá uno de los más afectados. La represión de emociones o una pobre regulación de las mismas se transforman en problemas en nuestro tracto digestivo.

– Si quieres saber más sobre la alexitimia, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre la represión de emociones y su efecto sobre la salud, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

En el caso del trastorno bipolar, es especialmente notoria la relación de la salud digestiva y mental. La gastroparesia, síndrome digestivo muy común en pacientes con este trastorno, se trata habitualmente con fármacos que también se usan para tratar la bipolaridad, en pacientes no bipolares. Cada vez resulta más evidente que ambas dolencias tienen mecanismos subyacentes. Además, la gastritis o inflamación en el tracto digestivo, derivada del estrés psicológico de la enfermedad psicológica, retroalimenta la respuesta mental de ansiedad y depresión en pacientes bipolares. 

– Si quieres saber más sobre el trastorno bipolar, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

De esta manera, cualquier factor psicológico o ambiental que nos cause estrés físico o psicológico tendrá muy posiblemente consecuencias sobre la salud digestiva.

Factores digestivos que  influyen en la la salud mental

Estudios recientes han encontrado una relación entre la microbiota o flora intestinal y determinadas enfermedades mentales. En algunos de estos estudios se implantan células de la microbiota de pacientes con trastornos psiquiátricos en roedores sanos, y se observa como estos últimos muestran síntomas de la enfermedad mental de su donante. 

En el intestino se fabrica una parte importante de algunos de los neurotransmisores principales. Los neurotransmisores serían algo así como las “señales” con las que se comunican las neuronas entre sí. Tan solo una pequeña parte de la dopamina y la serotonina liberada por las neuronas se fabrica en el cerebro, el resto se fabrica en otras zonas del cuerpo. La serotonina, entre otras funciones, está implicada en la regulación emocional, y desequilibrios de esta sustancia se relacionan con la depresión. Por su parte, la dopamina, el neurotransmisor del placer, se segrega ante estímulos como la comida, la bebida, el sexo o las drogas. Esto nos ayuda a reforzar y repetir respuestas, en un principio adaptativas, que nos ayudan a sobrevivir.

Las emociones y el intestino

La innegable participación del aparato digestivo sobre la síntesis de neurotransmisores hace a este sistema una pieza clave la respuesta emocional y el control del estrés y la ansiedad.  La comida tiene de por sí un efecto psicoactivo y calmante, relacionado con la liberación de los neurotransmisores que se fabrican en el intestino. Desde que somos pequeños, establecemos un vínculo emocional con la comida, y esta es la base de problemáticas como las adicciones a la comida o los Trastornos de la Alimentación. En el caso de los “atracones” causados por problemas emocionales, estos se dirigen hacia alimentos ricos en energía de absorción rápida. Normalmente nos pegamos un atracón de los llamados carbohidratos simples refinados (bollería industrial, snacks salados, alimentos procesados), y no de verduras. Estos tipos de alimentos son los que tienen mayor probabilidad de suscitar un problema. 

La ligazón entre la comida y las emociones desemboca en ocasiones en una relación insana con lo que comemos. Factores como la baja autoestima, la baja tolerancia a la frustración, la necesidad de gratificación inmediata, las dificultades al enfrentarse a los conflictos, evitación de los problemas, dificultad de adaptación o los vacíos existenciales predisponen a una insalubre relación con la comida, ya sea en su exceso o en su defecto.

– Si quieres saber más sobre para qué sirven las emociones, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre la autoestima, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

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