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La oniomania o compra compulsiva es un trastorno psicológico cuyo síntoma es un deseo desenfrenado por comprar sin una necesidad real, frecuente en personas que padecen trastornos del estado de ánimo.

Esta psicopatología que tiene como resultado la compra impulsiva suele estar asociada con trastornos depresivos y baja autoestima, aunque la compra compulsiva puede estar presente en otras enfermedades mentales como el trastorno bipolar o el trastorno límite de la personalidad.

Aunque a muchos cause extrañeza ver referido el término de trastorno a un afición desmedida por las compras -compra compulsiva-, la que muchas veces es motivo de bromas y burlas, se trata realmente de una condición bastante seria que, al igual que cualquier otra adicción y desorden, causa estragos a niveles personales, familiares y financieros.

Para la persona que sufre de este trastorno de compra compulsiva, adquirir o comprar un objeto va más allá de cubrir una necesidad o darse un gusto. Un comprador compulsivo utiliza esta actividad como un mecanismo de escape, sea para sobreponerse a frustraciones, tristezas o situaciones de incomodidad y enfado, como para obtener una sensación de placer, combatir la soledad y obtener aceptación personal.

Compra compulsiva

La compra compulsiva, se presenta como un acto incontrolable, que ofrecen angustia cuando no pueden llevarse a cabo, y provocan una sensación de felicidad y gratificación instantánea cuando tienen lugar. Sin embargo, esta etapa de felicidad desmedida que se presenta durante la compra compulsiva es acompañada de sentimientos de culpabilidad y vergüenza cuando el comprador percata que una vez más no pudo manejar sus impulsos, o cuando llega el recibo de la tarjeta de crédito con cifras exorbitantes con las que simplemente no puede lidiar. Este es ciclo de euforia y culpa, se vuelve constante y repetitivo, convirtiéndose en un círculo vicioso.

La compra compulsiva genera en la persona adicta una satisfacción inmediata, con la que cree llenar su vida de sentido y con la que consigue borrar temporalmente los problemas. A menudo, los objetos comprados son destruidos o escondidos, ya que la persona afectada de oniomanía se siente avergonzada. Este sentimiento de culpabilidad sólo se compensa con una nueva compra, inciando el ciclo de la compra compulsiva nuevamente. La persona adicta a las compras se ve, así, atrapada en un círculo vicioso. Las emociones negativas como la cólera y la tensión conducen a comprar. La compra compulsiva conduce a sensaciones de pesar y depresión a corto plazo, sensaciones que sólo se superan a través de otra compra.

Aunque muchas personas puedan opinar que este problema es una consecuencia más de la sociedad consumista y comerciante en la que vivimos, las causas de un trastorno de esta tipología tienen un origen más profundo. Los psicólogos explican, que la ansiedad y el estrés, así como la baja autoestima y las privaciones emocionales durante la infancia, la necesidad de cubrir vacios, la búsqueda de aprobación, la dependencia y el perfeccionismo son los motivos principales de la aparición de este padecimiento. En otras ocasiones, pueden presentarse al mismo tiempo con otros padecimientos psicológicos como el trastorno obsesivo-compulsivo y los desórdenes alimenticios.

Cabe mencionar que, muy por el contrario de la creencia popular, no son sólo las mujeres las que poseemos una tendencia a buscar “solucionar nuestros problemas” saliendo de tiendas. La oniomanía, puede presentarse indiscriminadamente en hombres y mujeres.

Pueden presentarse diversos signos de alerta. El comprador compulsivo adquiere cada vez más objetos inútiles, empiezan las llamadas de atención e incomodidad en la familia y amigos, aparecen los problemas financieros, e incluso puede llegarse al aislamiento de toda actividad que no incluya comprar.

La psicoterapia es necesaria para superar la enfermedad de la compra compulsiva, sin la cual, la compra compulsiva puede persistir una temporada muy larga, o bien, toda la vida, hasta provocar la ruina financiera definitiva de la persona afectada o de su entorno más cercano. Los motivos asociados a este problema son diversos: miedo, tristeza, depresión, vacío, carencias emocionales, soledad, insatisfacción personal, baja autoestima, etc. La compra compulsiva es un intento de amortiguar estas sensaciones.

Artículo escrito por Psicologos Madrid Cipsia Psicólogos: Alba Ortíz

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