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Gestionar emociones: aprender a ser feliz

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Gestionar emociones

Si hay algo claro dentro del mundo de la psicología es reconocer la afirmación que dice que el estado emocional de una persona determina la forma en que percibe el mundo, y por tanto, la forma en la que se desenvuelve y enfrenta a su día a día. Podemos valorar cada uno de nuestros días de forma y manera diferente, por tanto, es lógico entender que vayamos a tener días mejores y días peores emocionalmente hablando. Aprender a gestionar emociones, es por tanto, el paso previo a tener la llave que abre y cierra la posibilidad de ser más o menos feliz. Una persona que no sepa identificar sus emociones, que no conozca los mecanismos que puede poner en funcionamiento para controlarlas o cambiarlas, será una persona más susceptible a padecer estados emocionales negativos.

¿Cómo tenemos emociones?

Las emociones se generan como respuesta a un acontecimiento interno o externo.

Inicialmente, contamos con un mecanismo de evaluación automática que hace una valoración general en términos de: ¿es algo positivo o negativo para mi? Dependiendo de cómo respondamos a esta pregunta tendremos unas emociones de índole positiva, neutra o negativa. Esta primera evaluación tiene la característica de ser muy rápida.

Emociones y autoestima

Superación

En una siguiente fase, el individuo toma contacto con la capacidad que cree que tiene para atender la demanda y hacer frente a esa situación. En este punto adquiere gran importancia la confianza que tiene el individuo en sí mismo, su autoestima. Si se ve capaz de dar una respuesta adecuada, lo más lógico es que permanezca tranquilo, si por el contrario tiene dudas sobre la solución o la respuesta que va a dar, pensará que se encuentra ante una situación amenazante, y por tanto podría sentirse angustiado o nervioso.  

Es fundamental saber reconocer las emociones que aparecen si queremos ser capaces de dar respuestas adaptativas y adecuadas a las situaciones que vayamos a abordar. No reconocer una emoción provoca malestar, angustia. Es incómodo no saber que le pasa a uno, porqué esta de una determinada manera, porqué reacciona de una forma concreta ante algo. Una de las tareas mas habituales dentro de un proceso terapéutico es ayudar a las personas a reconocer sus emociones. Saber identificar una emoción es el paso previo a saber gestionarla.

¿Qué es el estado de ánimo?

Cuando hablamos de estado de ánimo, nos referimos a un estado emocional que se mantiene a lo largo de un tiempo. Estar de “buen humor” o de “mal humor” es tener un estado de ánimo positivo o negativo. Esto lo podemos identificar si somos capaces de observar y analizar detenidamente la conducta observable de cualquier persona. Hay una serie de indicadores que nos pueden ayudar a saber qué tipo de emociones predominan en una persona. La expresión facial, el tono de voz, el volumen, los movimientos de sus manos, etc., son aspectos a tener en cuenta.

Cómo gestionar emociones negativas

Se produce una relación muy estrecha y continua entre pensamientos, emociones y acciones o conductas. Las emociones influyen en lo que pensamos y en lo que hacemos. A su vez, los pensamientos influyen en la forma de experimentar las emociones y en las acciones. Y además, las acciones repercuten en el pensamiento y en la emoción. Esta interacción tan estrecha ha de tenerse muy en cuenta en cualquier forma de regulación de las emociones.

Ira, agresividad

A modo de ejemplo por tanto podemos establecer una relación entre emociones negativas y los pensamientos que las generan. De tal forma la ira se sustenta en pensamientos del tipo; pienso que alguien me esta tratando injustamente, o alguien se quiere aprovechar de mí, abusar de mí. El miedo se apoya en pensamientos del tipo; hay un peligro que me amenaza, amenaza mi vida o amenaza a mis seres queridos.

Por tanto, para poder gestionar emociones negativas es fundamental y necesario actuar sobre nuestros pensamientos y valorar detenidamente si es adecuada la interpretación que le damos a los hechos. Una vez que se consigue revisar y cambiar los pensamientos negativos sesgados o erróneos, las emociones cambian. Uno de los procesos más comunes dentro de un proceso terapéutico es la revisión de los pensamientos que están en la base de las emociones. Un gran número de esos pensamientos son erróneos o son ideas irracionales que damos por buenas sin realmente serlo. El proceso y el método que realiza el psicólogo para detectar y cambiar esos pensamientos irracionales se denomina reestructuración cognitiva.

Cómo gestionar emociones en el trabajo

Derivado de éste apartado anterior, encontramos otro ámbito muy necesario a la hora de saber gestionar nuestras emociones, el que proviene del área laboral. El trabajo es una de nuestras preocupaciones más comunes. Pasamos gran parte de nuestros días desarrollando tareas en el trabajo, relacionándonos con compañeros, acatando órdenes de jefes, coordinando trabajos realizados en equipo, solucionando problemas, etc., todas estas cuestiones requieren un buen manejo de las emociones, de no ser así, lo más probable es que puedan aparecer emociones negativas, y por tanto, comportamientos o conductas inadecuadas que nos generen problemas que pueden poner en peligro la relación con los compañeros, con los jefes, el trabajo en equipo, o en el peor de los casos, el propio puesto de trabajo.

Los métodos más útiles de autocontrol emocional ayudan a controlar las emociones e inciden sobre nuestros pensamientos y la interpretación de los hechos que ocurren a lo largo de la jornada laboral. A continuación os mostramos los tres más importantes. 

Respiración diafragmática

Una primera técnica a tener en cuenta es la respiración diafragmática. Se trata de una técnica de relajación muy contrastada y validada científicamente que consigue reducir el umbral de activación que podamos ir aumentando a lo largo del día. De tal manera, emociones como la frustración, el nerviosismo o la ira, será más difícil que aparezcan.

Asertividad

Una segunda técnica sería la asertividad. Un entrenamiento asertivo nos permitirá defender nuestros derechos en el trabajo y expresar nuestras emociones si no estamos conformes con algo. Además lo haremos de una forma educada, y utilizando una comunicación directa y honesta. De esta forma podremos controlar un gran número de emociones, resolver adecuadamente los problemas, y por tanto redundará muy positivamente en el rendimiento laboral, y en nuestra calidad de vida. No ser capaces de expresar las emociones es muy negativo, genera un gran resentimiento que es causante muchas veces de respuestas inadecuadas de forma incontrolada.

Reestructuración cognitiva

Por ultimo, la última técnica recomendada es la reestructuración cognitiva aplicada al trabajo. Se trata de revisar los pensamientos predominantes en nuestra actividad laboral, en función de ellos se conformarán nuestras emociones. Si la revisión pone de manifiesto que los pensamientos dominantes son derrotistas, catastrofistas, negativos, desvalorizadores y poco estimulantes, es lógico pensar que las emociones más comunes serán la tristeza, la frustración, decepción, inferioridad o desesperanza.

Inteligencia emocional

Sentirse bien

El término inteligencia emocional fue acuñado por el psicólogo americano Daniel Goleman en el año 1995. Considera que el éxito de una persona no viene determinado solamente por su coeficiente intelectual o por su formación académica/universitaria, sino que también es determinante el conocimiento emocional. Si atendemos a todo lo que se ha explicado anteriormente, es razonable entender que una persona no solo puede confiar en su coeficiente de inteligencia para ser feliz en su vida o ser valorado en el trabajo. Por ejemplo, podemos tener una gran capacidad de trabajo, unos grandes conocimientos teóricos y prácticos, experiencia y motivación, pero si no sabemos relacionarnos bien con los compañeros, tener una buena capacidad de comunicación, de resolución de conflictos, control de emociones, etc., no vamos a conseguir lograr los objetivos.

Hablar de inteligencia emocional es hablar de la capacidad del individuo para identificar su propio estado emocional y gestionarlo de forma adecuada. Esta habilidad repercute muy positivamente sobre las personas que la poseen ya que las permite entender y controlar sus impulsos, facilitando las relaciones comunicativas con los demás.

Artículo escrito por Psicólogos Madrid CIPSIA Psicólogos: Francisco Ortiz

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