Pensamiento emocional ¿Qué es?

El pensamiento emocional es una tipo de razonamiento que consiste en asumir que nuestras emociones reflejan la realidad objetiva, sin cuestionarlas ni contrastarlas con otros datos. Es decir, damos por hecho que si nos sentimos de una determinada manera es porque hay una razón válida para ello. Por ejemplo, si nos sentimos culpables es porque hemos hecho algo malo, si nos sentimos tristes es porque nuestra vida es desgraciada o si tenemos miedo es porque estamos ante una amenaza real. Sentirse culpable por algo que no hemos hecho mal, creer que somos incapaces o inútiles porque nos sentimos tristes o ansiosos, pensar que alguien nos ha ofendido o traicionado porque nos sentimos enfadados o celosos son solo algunos ejemplos de lo que puede provocar el razonamiento emocional.

Sin embargo, las emociones no son hechos sino respuestas automáticas de nuestro organismo ante los estímulos que percibimos. Las emociones nos ayudan a adaptarnos a nuestro entorno y a actuar de forma rápida y eficaz ante las situaciones que se nos presentan. Pero no siempre son acordes con la realidad o con nuestros intereses.

Las emociones se basan en nuestra historia personal de aprendizaje, es decir, en las experiencias que hemos vivido y en cómo las hemos interpretado. Por eso, cada persona puede sentirse diferente ante la misma situación o incluso sentir emociones contradictorias entre sí. Además, las emociones pueden estar influidas por factores externos como el cansancio, el estrés o el estado de ánimo.

¿Para qué sirven las emociones?

El problema del razonamiento emocional es que nos lleva a actuar según lo que sentimos sin cuestionar si esa emoción se ajusta a la situación actual o a nuestros objetivos. El razonamiento emocional puede tener consecuencias negativas para nuestra salud mental y nuestras relaciones personales, ya que nos impide ver las cosas con claridad y nos lleva a actuar de forma impulsiva o irracional. Esto puede desembocar en consecuencias como:

  • Experimentar emociones desagradables e innecesarias que nos hacen sufrir y reducen nuestra calidad de vida.
  • Limitar nuestras opciones y oportunidades al evitar situaciones o personas que nos generan malestar, aunque sean beneficiosas para nosotros.
  • Actuar de forma impulsiva o agresiva al dejarnos llevar por el enfado o el miedo sin tener en cuenta las posibles repercusiones.
  • Perder la confianza en nosotros mismos al creer que somos incapaces o indignos por sentirnos así.
  • Dificultar nuestras relaciones sociales al no respetar ni hacer respetar nuestros derechos y necesidades.

Para evitar caer en el razonamiento emocional es importante aprender a identificarlo y a cuestionarlo. Para ello, podemos llevar a cabo estrategias como estas:

  • Observar nuestras emociones y analizar qué situaciones las provocan y cómo influyen en nuestro comportamiento.
  • Ser precisos al describir nuestras emociones y diferenciarlas de los hechos. No es lo mismo decir “soy un fracaso” que “me siento frustrado”.
  • Buscar explicaciones alternativas a nuestras emociones y contrastarlas con la evidencia disponible. No asumir que lo que sentimos es la única verdad posible.
  • Valorar las ventajas y desventajas de actuar según nuestras emociones o según nuestros objetivos. Pensar en las consecuencias a corto y largo plazo.

El razonamiento emocional es un hábito mental muy común pero también muy perjudicial para nuestro bienestar psicológico. Aprender a gestionar nuestras emociones de forma racional nos ayudará a mejorar nuestra autoestima, nuestra salud mental y nuestra felicidad.

Artículo escrito por: Pedro Urbina.