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¿Cómo influye el tipo de apego en nuestras relaciones?

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El término apego, desde la etología, se define como un vínculo afectivo duradero entre dos individuos, que se forma a lo largo del tiempo en base a las interacciones entre ellos, y cuyo fin es la búsqueda de la proximidad para asegurar la protección y el consuelo. Fue el psicólogo John Bowlby el que llevó este concepto desde la “psicología animal” hasta la psicología humana. 

La teoría del apego de Bowlby

Al igual que otros mamíferos, los seres humanos nacemos indefensos, y con una gran dependencia del cuidado de otros individuos. Además, en nuestro caso, la infancia prolongada hace que esta necesidad de cuidado sea aún más acusada. Normalmente el ser humano desarrolla el apego en primer momento dentro de un entorno familiar. Se establece un vínculo afectivo fuerte con un cuidador principal, usualmente la madre. A partir de esta primera relación se cimentan las bases del desarrollo emocional y psicológico posterior. Dicho de otro modo, este primer vínculo resulta vital en la construcción de un modelo mental de los demás y de uno mismo, lo que tiene importantes repercusiones en la edad adulta. Desde esta representación mental, la persona interpretará el mundo de un modo u otro, y esto posteriormente influirá en sus relaciones y en su salud mental.

La función del apego

Como hemos comentado anteriormente, la función del apego es, en un primer momento, la de asegurar la supervivencia del bebé indefenso. Sin embargo, el vínculo afectivo del apego se mantiene a lo largo de la vida pasada la infancia, y puede variar a lo largo del tiempo. Esta primera relación será determinante en el desarrollo psicológico de la persona y en la formación de su personalidad. 

En las primeras etapas de la vida, el apego es lo que mantiene al niño lo suficientemente cerca de su figura de apego para proporcionarle seguridad y cuidado. En paralelo a este sistema afiliativo o de apego nos encontramos con el sistema exploratorio del niño. Gracias a este último el infante, desde la base segura que le proporciona el apego, descubre el entorno, y recibe la estimulación necesaria para su desarrollo. 

A los 6 meses aproximadamente, la relación de apego con el cuidador se consolida, y es entonces cuando aparece el miedo a los extraños. Esto asegura que el niño se mantenga cerca de la madre y no confíe en desconocidos, que podrían suponer una potencial amenaza. 

Los tipos de apego y la influencia en las posteriores relaciones de pareja

– Si quieres saber más sobre qué nos proporciona el apego, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

El procedimiento de la Situación Extraña

Los trabajos de Bowlby, psicólogo especializado en Psicología infantil, intentaron encontrar una conexión entre la calidad del vínculo de apego con el cuidador, y el bienestar psicológico del niño, a corto y largo plazo. Para ello, tomó como punto de partida los estudios de Mary Ainsworth, con la que colaboró en numerosas ocasiones. Una de las principales aportaciones de Ainsworth a la Psicología Infantil fue la creación de una prueba estandarizada conocida como Procedimiento de la Situación Extraña. En este test, el niño y su cuidador se encuentran en una sala; en un momento dado la madre sale de la habitación, y se observa la reacción del pequeño en este instante, y también cuando el cuidador regresa. El modo de actuar del pequeño da mucha información sobre la calidad del vínculo entre ambos, y según esto, se puede clasificar el tipo de apego como seguro o inseguro. Según los estudios de Bowlby, el tipo de apego resulta crucial en el desarrollo emocional afectivo, en el tipo de miedos o inseguridades de la persona y el modo de afrontarlas, y en la capacidad de resiliencia en la vida adulta.

– Si quieres saber más sobre la resiliencia, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Apego seguro

El apego seguro, el más propicio para el desarrollo óptimo del niño, es aquel en el que el adulto aporta su apoyo incondicional al infante. El niño aprende que su cuidador va a estar siempre disponible para él, que le quiere y le apoya en todo momento. El niño explora activamente su ambiente, y suele confiar en los demás.

En la vida adulta, los niños con apego seguro tienden a involucrarse en relaciones saludables. Buscan la intimidad con los demás y se sienten cómodos con cierta dependencia hacia su pareja. No están constantemente preocupados por la continuidad de la relación, y establecen relaciones estables y confiadas.

Apego inseguro

El apego inseguro suele derivar de la neglicencia o inconstancia en el cuidado por parte de la figura de apego. Los niños no establecen un vínculo seguro y satisfactorio con el cuidador, lo que tiene graves efectos, no sólo en sus primeros años, sino en el desarrollo emocional y en la formación de relaciones más tarde. 

Apego ansioso-ambivalente

Este tipo de apego aparece usualmente cuando el cuidado por parte del adulto es inconsistente. El cuidador no siempre atiende a las demandas del niño, por lo que este no tiene la seguridad de que el otro le vaya a hacer caso en un momento dado. Es por ello que estos bebés muestran gran ansiedad cuando el cuidador sale de la habitación en la prueba de la Situación Extraña, y son difíciles de consolar aún cuando el adulto ya ha vuelto. 

Tienen dificultades al explorar el medio, y muestran emociones contradictorias o ambivalentes, lo que les provoca gran angustia. Si en ausencia del cuidador lloran desconsoladamente, en su presencia muestran una mezcla de enojo y preocupación al interaccionar con él.

En su vida adulta, estos niños se implicarán más fácilmente en relaciones tóxicas o de dependencia. Aunque sus relaciones suelen ser cortas e intensas, la necesidad de aprobación y de validación constante hará más fácil que caigan en una relación abusiva.

– Si quieres saber más sobre las relaciones tóxicas, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Apego evitativo

Los niños que ven desatendidas sus necesidades de manera sistemática suelen presentar este tipo de apego. La negligencia por parte de sus cuidadores les provoca gran sufrimiento desde edades tempranas, y hace que desarrollen una autosuficiencia y que establezcan distancia emocional con los demás desde muy pequeños. Son muy independientes, ya que han aprendido que no pueden contar con los demás, pero al mismo tiempo presentan gran ansiedad y malestar. Exploran poco el medio que les rodea, y apenas reaccionan cuando el cuidador desaparece de su vista. 

En sus relaciones en la vida adulta, este tipo de apego se traduce en una evitación de los demás, y en el miedo a la intimidad. Suelen ser egocéntricos, fríos y distantes, y no se implican en las relaciones.

Apego desorganizado

El apego desorganizado sería una mezcla de los dos anteriores. Sería el polo opuesto al apego seguro, y muchos autores lo conciben como una falta de apego. Es común en casos de abandono temprano o de abusos en la infancia, tras los cuales desarrollan miedo hacia su figura de apego. 

Estos niños a menudo experimentan explosiones emocionales. Rompen juguetes, pegan a otras personas o les amenazan. Son impulsivos, y la falta de desarrollo emocional hace que las situaciones a menudo les sobrepasen. Como no han aprendido a gestionar sus emociones, sufren a menudo desbordamientos emocionales.

En la vida de pareja, el apego desorganizado se suele asociar a la evitación de los demás y en el miedo a la intimidad y a la dependencia. En el fondo anhelan una relación, pero a la vez parecen rechazarla, y frecuentemente se implican en relaciones conflictivas.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

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