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Blog Psicólogos Madrid, es un blog escrito por psicólogos sanitarios que pretenden acercar los conocimientos de la psicología clínica, a personas que tienen problemas o dificultades , profesionales del área o público general. Con carácter divulgativo, el blog ofrece conocimiento sobre temas de interés actual en el ámbito de la psicología.

Con la llegada de la época estival, se acercan fechas en las que vamos a compartir mucho más tiempo con la familia. La próxima finalización del curso escolar de los estudiantes, o las vacaciones para los trabajadores, disponen un panorama totalmente distinto. En ocasiones, este mayor tiempo compartido es deseado, en otras tiene que ver con compromisos. Sea como sea, la convivencia da lugar a roce, ello es totalmente normal. Por este motivo queremos profundizar en algunas ideas que nos pueden ayudar a disfrutar más de ese tiempo compartido.

Ajusta las expectativas…

Con esta expresión nos referimos a plantear metas realistas y objetivas sobre lo que queremos y podemos conseguir.

Cuando las expectativas son muy elevadas es más fácil experimentar frustración ante los problemas o momentos de malestar. La frustración es una emoción que se produce cuando no obtenemos lo que deseamos. Por tanto, cuanto mayor sea el ideal a alcanzar, más fácil será frustrarse y esta emoción tendrá una mayor magnitud.

Algunos aspectos respecto a los cuales no beneficiará tener unas expectativas realistas son:

.. respecto a las vacaciones

En muchas ocasiones tenemos una visión ideal de cómo queremos que sea el tiempo de descanso. Esperamos que las vacaciones sea un momento en el que no surja ningún contratiempo ni dificultad, y todo marche sobre ruedas. Lo cierto es que, ¿cuántas veces esto ha sucedido así?

Tener una expectativa realista, incrementará la tolerancia a los contratiempos, evitándonos enfados y decepciones. Lo que repercute claramente en la relación con los demás.

… respecto a tu pareja o hijos

En línea con lo anterior, a veces, al querer hacer de las vacaciones el momento ideal, intentamos convertir a los demás y a las relaciones en lo que no son. La idea de cómo deben ser los momentos compartidos o el comportamiento de los demás, lleva a tensiones y enfados. Es difícil que todos quieran disfrutar de las vacaciones del mismo modo. Imponer a nuestra pareja el tiempo a invertir con nuestra familia, es un ejemplo de lo que puede ocasionar grandes tensiones.

Por otra parte, esperar que no surjan los conflictos y roces que se dan todo el año parece poco realista. Puede que sea un buen momento para aceptar y conocer mejor cómo se sienten y piensan nuestros allegados, sin intentar cambiarles.

Ten en cuenta tus propias necesidades

No olvides tener en cuenta tus deseos y buscar un espacio para ti. La creencia de que, si queremos a nuestra pareja o hijos, vamos a querer hacer todo con ellos, es muy limitante y puede condicionar tu disfrute. Recuerda que querer a los demás no implica olvidarse de ti mismo. Además, tienes derecho a hacer lo que desees con tu tiempo.

El temor a plantear algo distinto y buscar un espacio propio, tiene que ver con creer que producirá una ruptura. Sin embargo, si planteamos bien nuestras necesidades, no tiene por qué producirse un conflicto. Por otra parte, ser asertivo tiene muchos beneficios, no solo incrementa el conocimiento en la relación, sino que lleva a estar más satisfecho y más unido a tu pareja.

Así que, pon en marcha tu asertividad, para plantear lo que deseas. Si eres honesto con tus necesidades y respetuoso con los demás, seguramente puedas hacer que tus vacaciones sean más satisfactorias.

– Si quieres saber más sobre los beneficios de la asertividad, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre cómo negociar en pareja, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Planifica bien el tiempo

Hay tiempo para todo si sabes planificarte. Para irse de viaje, visitar a la familia, descansar y hacer cosas nuevas en la ciudad, cumplir con tareas y obligaciones, tomar un tiempo para ti mismo etc. Sin embargo, se trata de un periodo de tiempo reducido en el que desaparecen nuestras rutinas habituales. Por ello, es fácil que podamos sentirnos desubicados y se hace necesario planificar las nuevas actividades. La planificación es una gran herramienta que nos permite sacar un mejor rendimiento del tiempo.

Para planificarte ten en cuenta:

  • El número de actividades que vas a realizar en tus vacaciones
  • Establece prioridades entre ellas
  • Determina el tiempo que te van a requerir y les quieres dedicar
  • Asigna un día o días para llevarlas a cabo
  • Utiliza tu experiencia pasada para planificarte

– Si quieres saber más sobre cómo planificar tu tiempo, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

De especial importancia será planificar el tiempo de los niños, pues ello condiciona la rutina de los adultos. Además, dado que disponen de mucho tiempo libre, se puede lograr que sea muy productivo dentro de una rutina distinta.

– Si quieres saber más sobre cómo planificar el tiempo de tus hijos en vacaciones, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Maiana García

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Los seres humanos somos una especie social , y las normas implícitas establecidas por el grupo nos afectan en gran medida

Tan sólo el 30% de nuestras acciones pueden ser explicadas por factores personales. Además de las características y cogniciones propias del individuo, una parte importante de nuestra conducta se debe a factores situacionales, y a la interacción de este contexto con dichas características y cogniciones. Esto hace a la Psicología Social una disciplina fundamental para explicar el comportamiento de las personas en sociedad.

La conformidad al grupo es una de las consecuencias de que el ser humano sea un animal social. Imitamos el comportamiento de nuestro grupo porque esto nos proporciona seguridad o porque tememos las represalias que supondría el incumplimiento de una norma.

Normas implícitas en el comportamiento en sociedad

En todo momento, nuestro comportamiento y sus efectos son influidos por la vida en sociedad. No solamente hemos de obedecer las leyes explícitas que se nos imponen desde nuestros gobiernos, centros de trabajo, escuelas o cualquier otra institución. Además de a las normas explícitas, nuestras acciones están sujetas a normas implícitas. Éstas no necesitan estar escritas en ninguna parte, pero resultan igualmente determinantes sobre nuestros actos. Un ejemplo de norma implícita sería aquella que indica que debemos respetar el turno de las personas que están por delante de nosotros en una cola. Realmente no hay una legislación explícita que regule que uno no puede llegar y ser atendido primero si hay personas esperando. No obstante, si alguien se salta el orden de una cola, probablemente sea reprendido por las personas a su alrededor, lo que no resulta agradable.

Por tanto, una de las razones por las que se mantienen estas normas implícitas es el miedo a las represalias por parte del grupo. Si uno no cumple con una norma implícita, el grupo le suministrará un castigo, que puede tomar diversas formas. Igualmente, estas normas aportan información sobre cómo hemos de comportarnos en una determinada situación. Así, el comportamiento de los demás resulta informativo y nos es útil copiarlo.

– Si quieres saber más sobre la fobia social, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Experimentos de conformidad al grupo

El paradigma de conformidad de Asch

Uno de los experimentos que muestra la predisposición a crear y mantener estas normas explícitas fue el “experimento de las líneas”. El paradigma fue ideado por el psicólogo Solomon Asch, y consistía en estimar la longitud relativa de dos líneas verticales. En realidad se trataba de una tarea muy sencilla, que los participantes podían superar sin dificultad en la fase individual. Sin embargo, cuando se incluía a la persona en un grupo, las cosas cambian.

En esta segunda fase grupal, se incorpora al participante real entre cómplices del experimentador. Todos los cómplices dan una respuesta incorrecta y unánime, de manera que cuando llega el turno del participante, éste da la misma respuesta incorrecta que su grupo. Aunque el participante es perfectamente capaz de darse cuenta de que la respuesta es incorrecta, se adapta a lo que dicen los demás. Teme el castigo incluso en una situación en la que no habría represalias reales.

Con este experimento nos podemos dar cuenta del gran poder que tiene el grupo sobre el individuo. Las acciones de la mayoría se convierten en una norma, que bien puede ser arbitraria, y que rige el comportamiento de la persona.

El experimento del ascensor

Otro de los numerosos experimentos de Solomon Asch sobre la conformidad al grupo es el “experimento del ascensor”. Este experimento consiste en ver cómo se comporta un participante al subir a un ascensor con varios compinches del experimentador. Los ayudantes reciben la orden de orientarse hacia un lado del ascensor, de manera aleatoria y todos al mismo tiempo, y el participante, aunque al principio se muestre desconcertado, les sigue a los pocos segundos. Imita a sus compañeros de ascensor incluso cuando estos van girando de lado varias veces en un mismo ensayo. Aquí podemos ver claramente la influencia del comportamiento grupal cuando éste da información acerca de cómo comportarse.

El efecto autocinético

Un tercer experimento que prueba la tendencia humana de conformidad con el grupo es el del efecto autocinético. Si mirásemos a un punto de luz fijo en una habitación a oscuras, tendríamos la sensación de que se desplaza, aunque éste realmente no lo haga. A esta ilusión óptica se le denomina efecto autocinético, y sobre ella se construye este experimento.

El diseño experimental de esta tarea fue responsabilidad de Muzafer Sherif, que combinó una tarea perceptiva ambigua basada en dicha ilusión óptica, con la influencia de los otros. Primeramente se pedía al participante, de manera individual, estimar cuánto se desplazaba el punto de luz en cada ensayo, y estos establecían una “norma propia”. En una segunda fase, los participantes debían realizar la tarea junto a otros participantes. Las respuestas de los distintos sujetos convergían entonces en una estimación similar, y se establecía una “norma de grupo”, que todos seguían. En una tercera fase, individual, los participantes mantenían la anterior norma grupal.

Los experimentos sociales con el efecto autocinético nos permiten observar cómo ante una situación incierta, y en este caso ante una respuesta que nunca puede ser correcta (se trata de una ilusión óptica), los individuos emulan las respuestas de sus compañeros porque les permiten reducir su incertidumbre.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

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Con la llegada de las altas temperaturas y del verano, llega, indudablemente, una época en la que aligeramos nuestra vestimenta, y exponemos en mayor medida nuestro cuerpo. Este momento tan deseado, por ir frecuentemente asociado a periodos vacacionales, se convierte para algunos en fuente de preocupaciones. La insatisfacción con la propia imagen cobra especial importancia y ocupa el centro de atención.

Muchas personas, y especialmente mujeres, se sienten insatisfechas con su cuerpo o con alguna parte de él. Esta preocupación, que es tildada de superficial en muchas ocasiones, no es, en absoluto, algo fútil.

Cómo se siente una persona con su cuerpo, tiene una gran resonancia en su autoestima. La autoestima depende de cómo nos valoramos y sentimos con nosotros mismos, por ello, la valoración que hacemos en nuestro cuerpo no queda excluida de esta ecuación. Más aún, si tenemos en cuenta que vivimos inmersos en una sociedad que cada vez rinde mayor culto al cuerpo.

– Si quieres saber más sobre la autoestima y el autoconcepto, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

¿Es posible cambiar cómo te sientes con tu cuerpo?

La imagen corporal, cómo te ves y te sientes con tu cuerpo, no es algo con lo que nacemos. Se va construyendo a lo largo de la vida, a través de numerosas experiencias, que la van modelando.

La imagen corporal se crea en base a la percepción, valoración y comportamiento que desarrolla una persona respecto a su cuerpo. Por tanto, es la vivencia subjetiva de una persona hacia su cuerpo, y no el cuerpo en sí, lo que le generará bienestar o malestar.

Esta es una cuestión clave, pues cuando hablamos de percepción, valoración y comportamiento, hablamos de aprendizaje. Estos comportamientos y actitudes en torno al cuerpo, que han sido aprendidos, se pueden modificar. Una persona puede aprender a querer y valorar su cuerpo.

– Si quieres saber más sobre la imagen corporal, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Cómo cambiar tu actitud hacia tu cuerpo

Detecta los mensajes tóxicos que envían la publicidad y los medios de comunicación:

Uno de los contextos que más influencia tiene en nuestro aprendizaje son los medios de comunicación. Nos encontramos permanentemente expuestos a ellos, por tanto, su influencia es inevitable. A través de estos y de la publicidad, vamos aprendiendo qué pensar, sentir y cómo actuar respecto a nuestro cuerpo.

Cuanto más críticos seamos, mejor podremos frenar su influencia negativa sobre nosotros. A continuación desarrollamos algunas de las ideas que subyacen en los medios de comunicación, y que son tóxicas:

1. Debes tener un cuerpo perfecto y delgado, lo que te proporcionará éxito y felicidad.

Se sitúa el cuerpo, un cuerpo muy concreto, como el centro de la felicidad, y otras características personales resultan secundarias. Además, el ideal que se plantea es irreal, lo que conduce a la insatisfacción permanente.

La experiencia clínica y diversos estudios demuestran que la relación entre atractivo físico, felicidad, y satisfacción en la vida no es tal. Lo cierto es que, cuanto más se preocupa una persona por su físico y más tiempo dedica a cuidarlo, menos satisfecha se siente de él.

2. Puedes conseguir el cuerpo que quieres, depende de ti

Esta idea provoca de manera directa la culpabilidad para quienes no consiguen el cuerpo que desean. El cuerpo y la silueta corporal son muy difíciles de modificar, es una cuestión de biología: estructura ósea, genética, el funcionamiento del metabolismo…

3. Hay medios para conseguir ese cuerpo ideal.

Aquí entran en juego todo tipo de productos y servicios estéticos que permitirían alcanzar esa imagen ideal. Puesto que el cuerpo ideal es irreal, la única forma de resolver la discrepancia entre cuerpo real e ideal, es a través del consumo.

Revisa pensamientos sesgados en la valoración que haces de tu cuerpo

– Si quieres saber más sobre las creencias irracionales, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre cómo influyen nuestras creencias en nuestros problemas, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Por otra parte, no solo la influencia externa repercute en como una persona valora su cuerpo. Cada persona tiene una gran responsabilidad en su propio bienestar, esto es, tiene una gran capacidad de acción.

Cómo se siente una persona respecto a su cuerpo depende de cómo lo valora, de cómo piensa acerca de él. La forma de valorar el cuerpo, como hemos visto, se puede haber aprendido de la publicidad y medios de comunicación. Pero también depende del estilo de pensamiento de cada persona.

Existen ciertos sesgos cognitivos que impiden valorar de manera objetiva y racional las situaciones. Provocando que la persona que los presenta sienta malestar respecto a su cuerpo, debido a esta forma de pensar distorsionada.

Dado que muchas veces este discurso está muy automatizado, prueba a preguntarte si lo mismo que dices de tu cuerpo se lo dirías a un amigo. Esto quizá te ayude a detectar que tu discurso puede estar siendo negativo e injusto.

– Si quieres saber más sobre las distorsiones cognitivas, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Acepta tu cuerpo

Aceptar consiste en cambiar el foco de atención de lo negativo a lo positivo. Una visión positiva de la imagen corporal implica centrarse en aquello que nos gusta más, y dejar de centrarnos y luchar con lo que no nos gusta tanto.

Por otra parte, aceptar implica exponer el cuerpo tal y como es, dejar de ocultarlo. Exponerse permite comprobar que la visión de los supuestos defectos no genera el rechazo que se anticipaba. Por tanto, en la medida que la persona deja de intentar modificar o disimular cómo es su cuerpo, empieza a sentirse mejor con él.

Existen multitud de conductas de evitación que mantienen el malestar respecto al propio cuerpo. Algunos ejemplos son: mirarse repetidas ocasiones en el espejo, buscar ropa que tape o disimule ciertas zonas, pedir confirmación a otros… Prueba a eliminar estas conductas, y dejarte ver tal como eres. No solo reducirás tu malestar, sino que, posiblemente te muestres más seguro de ti mismo, y eso te haga resultar más atractivo.

Si quieres recibir ayuda por una cuestión relacionada con tu imagen corporal, o sobre cualquier otro tipo de problema, no dudes en contactarnos. Contamos con un equipo de psicólogos expertos y dispuestos a ayudarte. Puedes contactarnos pinchando aquí

*Fuente consultada: Alimentación, modelo estético femenino y medios de comunicación. Rosa María Raich, David Sánchez, Gemma López.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Maiana García

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No es poco común que pensemos que las personas más atractivas son también las más simpáticas e interesantes. Esta tendencia a atribuir características positivas como la simpatía o la inteligencia a partir de un solo rasgo como es el atractivo físico, se explica mediante el Efecto Halo.

– Si quieres saber más sobre qué hace que alguien nos atraiga, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

El término fue propuesto en un artículo de 1920 por el psicólogo Edward Thorndike. A partir de los resultados de su investigación con militares, pudo observar cómo las personas adquieren una valoración globalmente positiva de aquel al que juzgan, tras una evaluación positiva de un aspecto concreto. Lo mismo sucede en el caso contrario, ante cualidades concretas valoradas negativamente, se atribuye una valoración general negativa a la persona.

¿Qué es el Efecto Halo?

Este sesgo consiste, por tanto, en una generalización errónea a partir de una única cualidad de un objeto o persona. De esta manera, la valoración (positiva o negativa) de dicha característica, se extiende al resto de características del objeto evaluado. Esto, como podemos imaginar, condiciona el modo en el que vemos la realidad.

Parece como si nuestro cerebro “rellenara” la información que le falta a partir de una primera impresión. A partir de ahí, cambia nuestra percepción, que se ajusta a la idea que previamente nos hemos formado.

¿Cómo funciona el Efecto Halo?

El Efecto Halo aparece como consecuencia del modo en el que procesamos la información. Ello hace que este sea un sesgo bastante universal y difícil de detectar o evitar.

Filtrando la información que nos llega

Buscar información que apoye nuestras ideas y creencias es una tendencia característica de la mente humana. Normalmente atendemos a la información congruente con lo que pensamos, e ignoramos la información incongruente. De esta manera es más fácil que pase desapercibida información contradictoria que desmentiría nuestras concepciones. Siguiendo con el ejemplo de la persona atractiva que también nos parece simpática, es muy probable que prestemos más atención a aquellos actos que indiquen que la persona es amigable con los demás, y obviaremos los actos que indiquen lo contrario.

Vemos en las personas lo que provocamos con nuestros actos

Generalmente tratamos a las personas de acuerdo con nuestras expectativas, de manera que es más probable que tratemos de un modo más afable a alguien que valoremos positivamente. Esto, a su vez, hará que la otra persona nos responda más cálidamente, lo que refuerza nuestra creencia inicial.

Un ejemplo claro de esto es el Efecto Pigmalión. Este sesgo nos muestra cómo las expectativas de los profesores sobre sus alumnos influyen en el aprendizaje y las calificaciones de sus pupilos. En general, los profesores son más cálidos, dan más oportunidades y enseñan más materia a los alumnos que consideran aventajados, y ello hace que aprovechen mejor la enseñanza y estén más motivados.

– Si quieres saber más sobre el efecto Pigmalión, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Normalmente funcionamos en modo “piloto automático”

La mayor parte del tiempo procesamos la información de un modo superficial, de manera que no solemos cuestionarnos la validez de nuestras creencias. En realidad las presuposiciones y las teorías sobre cómo son las personas y los objetos resultan adaptativas hasta cierto punto. Nos ayudan a economizar el procesamiento de la información.

Hacerse una idea rápida de aquello que nos rodea resulta adaptativo, porque nos da información como en quién debemos confiar y en quién no, aunque a veces este juicio pueda no ser del todo exacto. Tenemos la teoría implícita de que alguien guapo será también más agradable, y no somos objetivos ni intentamos buscar evidencia al respecto.

– Si quieres saber más sobre la intuición, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Efecto Halo en la vida cotidiana

El efecto de lo bello es bueno podría sustentarse en varios mecanismos. Los medios de comunicación, que asocian el atractivo físico a características positivas (por ejemplo, en los personajes de series y películas), podrían ser una de las fuentes que alimentan esta creencia. Otros enfoques más biologicistas defienden que el atractivo físico es indicador de “buenos genes”, lo que convierte la aproximación a lo bello en una tendencia adaptativa en términos de evolución.

La publicidad es un ámbito que se ve especialmente beneficiado por el Efecto Halo. Una técnica publicitaria normalmente exitosa es la de asociar un producto determinado a una cara famosa. La imagen pública del famoso, cuidadosamente estudiada por las agencias de marketing, se extiende así a la valoración del producto de consumo.

– Si quieres saber más sobre la psicología publicitaria, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

En nuestra vida cotidiana, este efecto alcanza a cualquier tipo de interacción con otras personas. Por ejemplo, numerosos estudios demuestran que un rostro atractivo facilita ser seleccionado para un puesto de trabajo, incluso antes de conocer a la persona físicamente. Como hemos comentado anteriormente, podría afectar también a la enseñanza, además de otros muchos ámbitos de nuestra vida.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

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A diferencia de otros animales, los seres humanos somos capaces, desde nuestra infancia, de atribuir intenciones, deseos y creencias a los demás. Esta capacidad es conocida como Teoría de la Mente, y es aquella que nos permite entender las mentes ajenas como distintas de la propia. La “lectura de mentes” constituye un importante pilar de las relaciones sociales, ya que nos permite entender a los demás y predecir cómo se comportarán.

Las representaciones de representaciones y la Teoría de la Mente

El funcionamiento de esta habilidad humana requiere del manejo de metarrepresentaciones. Estas metarrepresentaciones o “representaciones anidadas” nos permitirían entender enunciados del tipo: “Yo creo que tú piensas que yo quiero ir al cine”. En un principio se parte de un nivel básico para interpretar a las personas (p. e. “Yo creo que tú sabes”). A partir de este nivel básico, la complejidad va aumentando hasta combinar un número indeterminado de representaciones incluidas en otras representaciones.

Desarrollo de la Teoría de la Mente

La Teoría de la Mente se desarrolla a lo largo de la vida, y se va haciendo cada vez más sofisticada en función de la experiencia con los otros. A grandes rasgos, los niños a partir de 4 años suelen ser capaces de mentalizar (atribuir estados mentales) al mismo nivel del adulto.

Cabe destacar que el pensamiento en etapas infantiles se caracteriza por el egocentrismo. Los niños ven el mundo a partir de su propia perspectiva, y les cuesta enormemente ponerse en la perspectiva del otro. Por ejemplo, un niño de 2-3 años, al hablar por teléfono con un familiar, puede decirle que lleva puesta esta camiseta, señalando la prenda, sin darse cuenta de que la persona al teléfono no puede ver lo mismo que él.

A partir de los 4 años aproximadamente, los niños ya son capaces de entender que los demás tienen una mente como la suya, y que pueden tener pensamientos, creencias y deseos distintos de los propios. Los niños con hermanos mayores desarrollan antes esta capacidad por la práctica. Además, las niñas suelen ser más precoces en esta habilidad que sus compañeros varones.

Test de la falsa creencia

La prueba que se utiliza para medir si un niño posee o no Teoría de la Mente es el Test de la Falsa Creencia. Se trata de comprobar si el niño o la niña es capaz de reconocer una creencia errónea en otra persona, lo que implica poder ponerse en su lugar.

Se presenta una viñeta en el que uno de los personajes, Sally, esconde una canica en su cesta y se va de la habitación. El otro personaje, Anna, cambia de sitio la canica y la guarda en su caja, sin que Sally lo vea. Si el niño tiene la habilidad de mentalizar (atribuir estados mentales), sabrá que Sally cuando vuelva buscará la canica en su cesta, y no en la caja de Anna.

De esta manera podemos comprobar que la mayoría de los niños posee esta habilidad a los 4 años. Algunos la desarrollan antes (incluso a los 3 años), y otros más tardíamente (hasta los 6).

Esta constituye una de las principales diferencias entre niños de desarrollo típico y niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Las personas con TEA tienen dificultades a la hora de entender que los demás poseen una mente como la suya, y en los casos más extremos, la habilidad no se desarrolla. Las diferencias dependen del grado de autismo, y determinarán también sus capacidades en este área.

– Si quieres saber más sobre los Trastornos del Espectro Autista, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

¿Para qué sirve esta habilidad?

La Teoría de la Mente resulta fundamental para relacionarnos con los demás y establecer relaciones. Es lo que nos permite comprender al otro y poder formar vínculos afectivos. Al representarnos cómo pensará la otra persona, podemos inferir qué les gusta, cómo quiere que la tratemos o cuándo necesita nuestro apoyo. Nos permite, además, ajustarnos a nuestro interlocutor y al contexto en el que nos encontremos. Gracias a ella somos capaces de entender qué estará pensando la otra persona, y así ajustar nuestro comportamiento.

En este sentido, la empatía está muy vinculada a la capacidad de mentalizar, ya que para poder entender los sentimientos del otro se hace necesario en primer lugar ponernos en su posición.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

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Cada vez son más frecuentes en consulta los problemas de comportamiento disruptivo infantil. Niños que no obedecen, o demoran en hacerlo, que se oponen, protestan y montan rabietas con una alta frecuencia. Cuando este patrón se consolida puede evolucionar a problemas mayores, como el trastorno de conducta o el trastorno negativista desafiante.

– Si quieres saber más acerca del trastorno de conducta, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre el trastorno negativista desafiante, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Lo cierto es que, al margen de la gravedad que puedan alcanzar estas conductas, su alta frecuencia, característica en este tipo de problemas, causa un gran malestar familiar. Los perjuicios se dejan sentir en los padres, en los hermanos, y, cómo no, en el propio niño.

Precisamente por su capacidad de alterar la dinámica familiar, queremos abordar las creencias que dificultan a los padres, enfrentar adecuadamente el problema.

¿Son necesarios los límites?

El ser humano viene al mundo con un repertorio de conductas reflejas mínimo que tiene que ver con la supervivencia. Este repertorio de reflejos, en su mayoría, tiende a desaparecer a los pocos meses. Si el niño dependiese de su instinto y su genética, nunca alcanzaría el nivel de desarrollo que se espera en nuestra sociedad.

Todo el desarrollo del ser humano tiene que ver con su aprendizaje, esto es, con su experiencia. El aprendizaje se va forjando a medida que se establece la relación entre conductas y consecuencias. En esto tiene un papel muy importante los otros, en este caso los padres o educadores, ya que van a ser los encargados de poner consecuencias e ir moldeando la experiencia de sus pequeños.

Educar consiste en ayudar a desarrollar las conductas más beneficiosas para ellos, incluso cuando las consecuencias beneficiosas no están disponibles de manera inmediata.

Debido al potente efecto del refuerzo inmediato, y al desconocimiento de otros reforzadores diferidos, el niño va a tender a desarrollar ciertas conductas frente a otras. Por ejemplo, no tiene nada de sorprendente que un niño tras llegar a casa prefiera jugar o ver los dibujos, frente a hacer los deberes. Ello solo quiere decir que todavía no ha aprendido que hacer los deberes es más beneficioso para él que ver los dibujos. Esta va a ser una de las funciones principales de ponerles límites: ayudarles a desarrollar las conductas que son más beneficiosas a largo plazo y alejarles de las que son perjudiciales.

Sin embargo, hay algunas creencias irracionales muy arraigadas, que impiden que algunos padres pongan o mantengan límites, con gran perjuicio para la dinámica familiar.

Creencias irracionales

Si no le damos al niño lo que quiere le están haciendo sufrir, y eso es intolerable.

Es totalmente normal que al negar a un niño un deseo, este experimente con emoción de malestar, e incluso llore. A esta emoción se le denomina frustración. 

Al contrario de lo que se puede pensar, experimentar frustración es algo sano y necesario para su desarrollo. Aprender a tolerar la frustración les ayudará a enfrentarse a retos sin desistir cuando las cosas no salgan como desean.

Si los padres atienden la queja o lloro dándole lo que desea, estarán aplicando refuerzo positivo a esta conducta. Por lo que, es de esperar que en futuras situaciones similares el niño utilice la misma estrategia para conseguir lo que desea, llegando a desarrollar verdaderas rabietas.

– Si quieres saber más sobre cómo manejar este tipo de comportamientos, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Para poner límites es necesario conseguir la aprobación del niño

Muchos padres se ven entre la espada y la pared cuando ponen límites y sus hijos no los aceptan. Esto es debido a que han escuchado que es conveniente razonar y establecer un diálogo con sus hijos acerca de los límites. Sin embargo, el objetivo de dar una explicación acompañando las normas, tiene que ver con facilitar que el menor vaya interiorizando una serie de aprendizajes. A la vez que nos obliga a reflexionar sobre el por qué de los límites que ponemos.

Es fundamental tener claro que nuestro rol como padres es educar. Si sabemos que los límites que establecemos están para garantizar su bienestar y desarrollo, no albergaremos culpa.

Ser firme y no ceder ante la rabieta o el enfado, implica perder el cariño de los hijos

Esta creencia tiene que ver con el hecho de que, en ocasiones, los niños emplean otras estrategias para conseguir lo que quieren. Del mismo modo que comentábamos que aprenden a utilizar el lloro, descubren por azar que cierto tipo de comentarios, o conductas, como ignorar a sus padres, consigue el efecto deseado de “salirse con la suya”. A partir de este momento, los comentarios o comportamientos victimistas pasan a formar parte del problema.

Sin embargo, lo más habitual es que cuando los padres se mantienen firmes en los límites que ponen de manera respetuosa, la relación se torna más positiva. Se produce el paso de una relación marcada por los conflictos a una relación en que el niño se siente seguro y tranquilo, ya que sabe qué puede esperar.

El mal comportamiento en casa es síntoma de algún conflicto en el colegio o en otro ámbito

Un dato que permite descartar esta preocupación proviene de la observación del estado de ánimo del niño. Cuando un niño tiene problemas de acoso escolar, o es víctima de algún abuso, su estado de ánimo baja rápidamente. Se muestran menos enérgicos, alegres, presentan irritabilidad, falta de apetito etc. de manera general.

En cambio, cuando observamos que normalmente muestra un buen estado de ánimo, es risueño y alegre, y solo expresa emociones negativas cuando se le frustra, estamos ante un caso de mala conducta.

Si tienes algún problema relativo al comportamiento de tus hijos, y no te ves capaz de solucionarlo por ti mismo, ponte en contacto con nosotros, tenemos experiencia en el tratamiento de este tipo de comportamientos.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Maiana García

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No es infrecuente encontrarnos con posts o cuestionarios online que nos informen de cuál es nuestro hemisferio dominante o de cómo hacer para fortalecer el más débil de los dos. La idea de que cada mitad del cerebro se dedica a un tipo de funciones forma ya parte del imaginario colectivo. El “cerebro derecho” es analítico, lógico y estructurado; el derecho es creativo, artístico y emocional.

Y sin embargo, podríamos cuestionarnos si realmente esto es verídico o por el contrario se trata de un popular mito.

La división funcional entre hemisferios

Aunque esta creencia de que cada función está destinada a uno u otro hemisferio no es del todo correcta, sí que tiene parte de verdad. Existe una cierta especialización de cada uno de ellos, de manera que procesan de manera preferente un tipo determinado de información.

El hemisferio izquierdo está especializado en el procesamiento secuencial, detallado y analítico. Participa en gran medida en tareas como la comprensión y producción del lenguaje, las operaciones visoespaciales y la construcción de representaciones complejas. Por otro lado, el hemisferio derecho se especializa en un procesamiento más holístico o global, de un estímulo en su conjunto. Está vinculado al procesamiento emocional, al desarrollo de la empatía y a la intuición.

– Si quieres saber más sobre la intuición, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

No obstante, a pesar de que sea cierto que cada parte del cerebro es más eficaz en el procesamiento de un tipo concreto de información, ello no quiere decir que no participe en las funciones destinadas a su mitad contraria. Ambos hemisferios participan conjuntamente en una misma función. Además, en muchos casos es necesario integrar la información procedente de las respectivas zonas para poder realizar de manera correcta una tarea.

Investigaciones acerca de la lateralización interhemisférica

Los estudios que intentan comprobar la diferenciación funcional de cada hemisferio se encuentran con datos diversos, que en general parecen indicar cierta especialización funcional

Estudios con pacientes epilépticos

Algunos casos de epilepsia no pueden ser tratados con fármacos. Esto hace que, en los casos más graves, sea necesaria una operación denominada comisurotomía. Esta consiste en una sección de las fibras que unen ambos hemisferios (el cuerpo calloso) para evitar que la actividad epileptógena alcance todo el cerebro.

Es por ello, que los sujetos comisurotomizados son una valiosa fuente de datos para el estudio en este campo. Investigadores como Sperry y Gazzaniga realizan estudios con personas que han pasado por esta operación, e intentan ver cómo responden en función de si la información llega a uno u otro hemisferio.

De manera general, queda probado que cada hemisferio es más eficiente en un tipo concreto de procesamiento. Aún así, estos pacientes con “cerebro dividido”  suelen tener dificultades a la hora de integrar distintos tipos de información. Por ejemplo, en una prueba en la que se presenta un estímulo compuesto, enviando una imagen al ojo derecho (procesada por el hemisferio izquierdo) y una palabra al ojo izquierdo (procesada por el hemisferio derecho), es posible que el participante no sea capaz de integrar el estímulo en su totalidad, pues la información en cada caso ha sido procesada por el hemisferio que no le corresponde en un principio.

Creatividad e integración de funciones

Aunque esta habilidad esté “reservada” en un principio al hemisferio derecho, también hay una participación de su contraparte, el hemisferio izquierdo. Al tratarse de una actividad compleja, compuesta a su vez por numerosos procesos, resulta necesaria, de nuevo, la participación conjunta de ambos hemisferios.

La intervención de cada una de las mitades cerebrales en el proceso creativo no es la que se esperaría en un principio. El hemisferio derecho se dedica tanto a tareas intuitivas como a la búsqueda de explicaciones. Esta última tarea parecería más propia del hemisferio izquierdo, analítico, pero es llevada a cabo por el derecho, que es capaz de integrar de forma global la información. Por su parte, el hemisferio izquierdo se encarga de la elaboración de relatos, un proceso que intuitivamente diríamos que se correspondería con el derecho. En realidad, esto cobra sentido cuando nos damos cuenta de que para la elaboración de relatos es necesario ordenar la información en una secuencia

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

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En el mundo en el que vivimos, estamos rodeados de anuncios y eslóganes publicitarios. Constantemente somos bombardeados por la publicidad, pero sólo parte de esta cala y hace que algunos productos sobresalgan por encima del resto. La Psicología juega un importante papel aquí, ayudando a construir campañas de marketing más efectivas, en base al estudio de las características del consumidor.

Psicología Publicitaria

La rama de la Psicología que se encarga de estudiar cómo mejorar las ventas y atraer al consumidor es la Psicología Publicitaria. Esta se centra en el estudio de los intereses y variables que influyen sobre el consumo.

Sin embargo, la publicidad como la conocemos hoy en día es relativamente reciente. Hasta no hace tanto, la publicidad era meramente informativa. Daba la información justa y necesaria acerca de las características del producto. Con el aumento de la calidad de vida y una mayor disponibilidad de recursos en las sociedades modernas, surge la publicidad de consumo. Esta última ya no pretende sólo vender los productos básicos, sino una venta masiva para alcanzar un beneficio cada vez mayor. Es en este momento en el que se hace necesaria la Psicología para ayudar a las empresas a comercializar sus productos y llegar cada vez a más personas.

Estrategias de la publicidad basadas en la tecnología

La entrada en la Era de la Información y la aparición de los medios de comunicación construyeron el escenario perfecto para una publicidad de consumo masivo. A partir de aquí, la dificultad que emerge es la competición con el gran número de opciones que ofrece el mercado. Para lograr que un producto se venda bien, es necesario que destaque de entre la avalancha publicitaria a la que estamos expuestos de manera constante. Algunas de las explicaciones de la Psicología que avalan el éxito de las campañas más prolíficas son:

  • La asociación de un producto con experiencias agradables. En los anuncios publicitarios, se intenta ligar la imagen del producto a sensaciones agradables, como la relajación, el bienestar e incluso el humor. Con esto pretenden que, a la hora de elegir un producto, el suyo sea el que vaya asociado a sentimientos positivos, y con ello, lograr más ventas.
  • Exposición repetida. Más de una vez nos hemos preguntado si realmente es necesario que un anuncio concreto aparezca cinco veces seguidas en el televisor. Y es que, cuanto más expuesto esté el consumidor al mensaje, más presente estará el producto en su memoria. De esta manera, ante la elección entre dos o más marcas, escogeremos con mayor probabilidad aquella que nos sea familiar. Todo ello sin llegar al hartazgo, que puede llegar a ser contraproducente.
  • Presentan estilos de vida ideales, que el consumidor anhela. Un ejemplo idóneo de esto son los anuncios de perfumes. En este caso en particular, las marcas no pueden realmente dar cuenta de la información objetiva del producto (su olor). Por ello, presentan el perfume como símbolo de un estilo de vida altamente deseable por su público.
  • “Crean” necesidades. Si alguna vez te ha ocurrido que no sabías que necesitabas algo hasta que lo viste anunciado o viste que alguien lo usaba, probablemente esta última estrategia no te sorprenda. Al igual que en el caso anterior, las campañas de marketing se centran en necesidades psicológicas (p.e. querer resultar atractivo para llamar la atención), para así presentar su producto como aquello que satisfará dicha necesidad.

Características de un anuncio exitoso

Aunque los resultados de las campañas publicitarias pueden llegar a ser tremendamente impredecibles, las experiencias de fracaso y la investigación, aportan datos sobre qué factores intervienen en el éxito publicitario.

Aspecto y estructura del anuncio

La Psicología investiga cómo elementos como el color, la tipografía o las imágenes atraen la atención del consumidor. En este campo, la Psicología del color, un área de investigación bastante reciente, intenta averiguar cómo los distintos colores tienen un impacto sobre el potencial comprador.

Los dos colores más utilizados en publicidad son el rojo y el azul. El azul suele transmitir sensación de frescura y profesionalidad. Esta es la razón de que muchos logos usen el color azul. Por otro lado, el rojo atrae la atención del comprador, lo que hace más fácil que se fije en el producto.

Precio ajustado

A la hora de establecer el precio de un artículo, hay que intentar que este no sea ni muy bajo ni muy alto. Un precio demasiado bajo puede hacer pensar al consumidor que el producto es de mala calidad. Mientras tanto, un precio desorbitado, obviamente limitará el número de clientes que puedan acceder al servicio. Aquí hay que tener muy en cuenta el nivel adquisitivo del público al que va dirigido el producto. Para que este tenga éxito, es necesario tanto darle un cierto “estatus” a la marca como optimizar las ganancias.

Tiene en cuenta las características del consumidor

Quizá la clave más importante para llegar al consumidor es tener en cuenta sus características específicas. Esto puede parecer evidente a simple vista, pero no es tan sencillo elaborar el mensaje publicitario de la manera adecuada. Al diseñar una campaña de marketing, es crucial conocer las particularidades del grupo target (al que nos dirigimos). Según factores como la edad, varían enormemente los recursos, necesidades, deseos y aspiraciones para cada uno de ellos. No es lo mismo crear un anuncio para hombres de mediana edad que para adolescentes. En el primer caso, por ejemplo, pueden ser muy relevantes factores como la estabilidad económica y la aspiración a dar una imagen madura y elegante. En el segundo caso, los mensajes que refuercen el sentido de la identidad y la pertenencia suelen ser efectivos.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

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El término refuerzo hace referencia a un fenómeno fundamental en Psicología. Se refiere al efecto que tiene sobre una conducta la consecuencia posterior, incrementando la probabilidad de ocurrencia de la primera.

Existen dos formas de refuerzo, el refuerzo positivo y el refuerzo negativo. Ambos conceptos son básicos en la explicación de la conducta y su cambio. En este artículo nos vamos a centrar en el primero de ellos.

Para muchos el refuerzo positivo es un gran conocido por la importancia que tiene de cara a modificar la conducta de otros. El refuerzo positivo es la base de programas de modificación de conducta con niños, en el hogar, en aulas, etc. También se emplea en contextos institucionalizados, o para promover un alto rendimiento, como en determinados trabajos o en el deporte.

Sin embargo, en este artículo vamos a referirnos al refuerzo autoaplicado, o lo que es lo mismo, el autorrefuerzo. Y cómo el autorrefuerzo repercute de manera poderosa sobre el bienestar y autoestima de la persona que lo emplea.

¿En qué consiste el autorrefuerzo?

De manera sencilla, el autorrefuerzo consiste en que la persona se proporcione a sí misma un premio o recompensa de manera contingente (siguiendo) a la realización de una conducta deseada.

Existen numerosas formas de autorreforzarse, más aún si tenemos en cuenta la variabilidad de gustos e intereses de cada persona. Algunas formas de autorreforzarse tiene que ver con:

  • Realizar actividades que son gratificantes
  • Reunirse con personas de cuya compañía disfrutas
  • Comprarse un capricho o consumir una golosina o aperitivo  
  • Reconocerse verbalmente un mérito

El efecto de autorreforzarse va a tener mucha resonancia en nuestro comportamiento. No solo va a tender a incrementar la conducta a la que sigue, sino que va a hacer esta más apetecible, por un proceso de condicionamiento clásico. El efecto de esto es el aumento de la motivación. Por otra parte, va a incrementar de manera significativa el estado de ánimo y autoestima de la persona

Cuándo autorreforzarse

En muchas ocasiones, el hecho de no utilizar esta estrategia tiene que ver con no ser capaz de reconocer las cosas que se hacen bien. También tiene que ver con la creencia de no ser merecedor de un reconocimiento por “cumplir con la obligación”.

Lo cierto es que cuando el día a día se llena de obligaciones y responsabilidades, y a cada una de ellas lo que sigue es una enumeración de otras tantas, los niveles de motivación y rendimiento descienden drásticamente, y junto a ellos los niveles de satisfacción y felicidad.

Por ello, para mantener un buen nivel de rendimiento, y tener la energía suficiente para hacer frente al día a día y disfrutarlo, es necesario proveerse de refuerzos con frecuencia.

Algunas claves para empezar a autorreforzarse son:

  • Cada vez que finalices una tarea busca algún aspecto positivo de tu ejecución en la misma. Puede ser respecto a cómo lo has resuelto, lo que has aprendido…
  • Prográmate descansos en varios momentos del día. Date permiso para no hacer nada.
  • Intenta introducir una o varias actividades reforzantes al día. Puede consistir en leer, escuchar música, empezar a ver una serie, darte un paseo o hacer algo de ejercicio.
  • Al final de tu día repasa mentalmente las cosas que has hecho de las que te sientas más satisfecho, y piensa cuál ha sido tu papel en ellas.
  • Programa actividades más especiales al final un ciclo: al final de la semana, al cerrar un trimestre, la entrega de un trabajo o informe…

Algunas problemáticas que se pueden ver muy beneficiadas de introducir el autorrefuerzo son:

Problemas de autoestima

La autoestima se nutre de manera importante del discurso que la persona desarrolla sobre sí misma. Por tanto, en la medida que aprenda a autorreforzarse verbalmente, su autoestima se verá fortalecida.

Bajo estado de ánimo, depresión y ansiedad

El estado de ánimo depende del balance entre reforzadores y estresores presentes en el día a día de la persona. En el caso de la depresión y ansiedad, por lo general, hay una gran cantidad de estresores y castigo, ya sea recibido por parte del entorno o autoaplicado (en forma de reproches o descalificaciones a uno mismo). Por ello, si se incrementa el nivel de autorrefuerzo mejorará el estado de ánimo.

Estrés laboral:

Las causas del estrés laboral pueden ser distintas en cada caso, y con frecuencia tienen que ver con cuestiones organizativas de la empresa. Sin embargo, hay factores que puede manejar el trabajador, como es el autorrefuerzo y autorreconocimiento, con el objetivo de sentirse satisfecho con su trabajo.

– Si quieres saber más sobre cómo manejar el estrés laboral, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Dependencia emocional y necesidad de aprobación

Ambas problemáticas se retroalimentan entre sí y están muy relacionadas. Las personas que presentan estos problemas se caracterizan por buscar el reconocimiento de otras personas para sentirse bien consigo mismas. Precisamente es la incapacidad de la persona de obtener refuerzo por sí misma, esto es, de autorreforzarse, la que le convierte en dependiente de la aprobación externa.

– Si quieres saber más sobre la dependencia emocional, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

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Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Maiana García

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Desde artistas como Van Gogh, hasta científicos como Darwin o Newton, pasando por escritores y poetas como Virginia Woolf o Bécquer, el neuroticismo ha estado presente en muchas de las grandes creaciones de la historia de la humanidad.

Ahora bien, ¿qué entendemos como neuroticismo? El Neuroticismo o Inestabilidad Emocional es un rasgo de personalidad caracterizado por una tendencia a experimentar emociones negativas, estados de ánimo cambiantes, y a la emocionalidad. Una de las peculiaridades de las personas neuróticas es la propensión a la rumiación cognitiva. Esto significa que nuestro pensamiento se queda encallado en un tema en concreto de forma recurrente. En lenguaje cotidiano, podríamos decir que la rumiación supone “darle demasiadas vueltas a las cosas”. La predisposición a rumiar hace a los neuróticos más propensos a alteraciones psicológicas como la depresión, la ansiedad, y a problemas de salud física como los respiratorios, los cardiovasculares o los gastrointestinales.

– Si quieres saber más sobre el modelo de personalidad de 5 factores, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre los 4 tipos de personalidad y la propensión a enfermedades, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Pensamientos negativos y creatividad

Como ya hemos visto, los neuróticos tienen una clara tendencia hacia la negatividad y a percibir las situaciones como amenazantes, incluso cuando todo parece ir bien. Algunas líneas de estudio muestran que esta peculiaridad de las personas neuróticas podría estar relacionada con la creatividad.

Ahora bien, ¿qué hace a los neuróticos más propensos a la rumiación y a la sensibilidad al peligro? Ya en la década de los 70, el británico Jeffrey Gray demostró la mayor actividad y ansiedad ante una amenaza en individuos con alto neuroticismo. En sus trabajos con roedores, demostró que los fármacos contra la ansiedad, efectivos en pacientes psiquiátricos (muestra caracterizada por altos niveles de neuroticismo), reducían la sensibilidad ante señales de castigo. De aquí podemos inferir que los sujetos más neuróticos percibirían en mayor medida el peligro que los no neuróticos.

Sin embargo, en el caso de individuos humanos, nos encontramos con el problema de que la rumiación y la infelicidad de neuróticos se produce incluso en la aparente ausencia de una amenaza.

“Demasiada” imaginación

Estudios más recientes apuntan a que una de las posibles causas de la rumiación en neuróticos podría ser la gran facilidad de evocar pensamientos autogenerados. Dicho de otro modo, las personas con este rasgo tienen mayor facilidad para “soñar despiertos”, lo que explicaría algunas de sus características.

En un estudio de Smallwood con escáner cerebral, se pudo comprobar cómo, en estado de reposo, el surgimiento de pensamientos negativos generaba actividad en una determinada zona de la corteza. El área prefrontal medial, que así se llama, se activaría ante la percepción de una amenaza, tanto real como imaginaria. En neuróticos, la “hiperactividad” de esta zona podría ser la razón de la tendencia característica a rumiar y a experimentar pensamientos negativos.

Fue Perkins en un estudio del 2015 el que propuso la hipótesis de que este “soñar despierto” de los neuróticos sería lo que favorecería su creatividad. La capacidad de evocar pensamientos autogenerados estaría presente en todas las personas. Sin embargo, la “imaginación fácil” de los neuróticos fortalecería esta red, propiciando así el surgimiento de ideas creativas.

– Si quieres saber más sobre los rasgos de la personalidad creativa, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre las ventajas de ser una persona creativa, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

El proceso creativo del neurótico: neuróticos científicos, filósofos y artistas

Según la hipótesis de Perkins, la predisposición a preocuparse y a darle vueltas a las ideas podría ser una parte importante del proceso creativo de los neuróticos

Científicos como Darwin o Newton destacaban por estar constantemente reflexionando sobre los problemas de sus disciplinas, lo que podría actuar como un factor que favorecía la aparición de soluciones novedosas. Esta habilidad natural para “tener ocupada la mente”, tanto para bien como para mal, podría hacer a los neuróticos mejores pensadores, que se plantean problemas y los rumian hasta dar con la solución.

Podríamos postular también que el neuroticismo juegue un papel en la creación artística. La emocionalidad y la inquietud del neurótico podrían encontrar una válvula de escape en el arte, y así traducirse en creaciones de gran belleza. Lo mismo podría ocurrir con los filósofos, ya que la inclinación natural de los neuróticos a las preocupaciones y dudas existenciales haría a la Filosofía el aliado perfecto.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

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En 1971, el psicólogo estadounidense Philip Zimbardo llevó a cabo un experimento tan controvertido como impactante, en el que pretendía investigar las causas de la maldad de las personas. Reunió a un grupo de 24 universitarios en la simulación de cómo sería una prisión. El experimento tuvo que ser abandonado tan sólo 6 días después de su comienzo, ya que la inmersión en el papel de “presos” y de “guardias” llegó hasta límites inimaginables.

El experimento de la cárcel de Stanford

Se reclutó a los participantes a través de un anuncio en el periódico, en el que se les prometía una remuneración por su participación en una “simulación de prisión”. Tras esto se seleccionó a los candidatos con mejor salud física y mental. Todos ellos fueron estudiantes universitarios, la mayoría jóvenes, blancos y de clase media.

Se dividió a los 24 estudiantes restantes en dos grupos: prisioneros y guardias. A cada grupo se le asignó un uniforme en función del rol que debían seguir. Los prisioneros llevarían batas de tela con un número grabado, por el que serían designados con los guardias, y medias en la cabeza para imitar el cabello rapado. A los guardias se les entregarían porras, unas gafas de espejo para evitar el contacto visual y uniformes de corte militar. Los guardias fueron convocados para una reunión informativa el día anterior al experimento, en el que se les manifestaba la prohibición expresa de utilizar la violencia hacia los presos. Policías reales “arrestaron” a los presos, que pasaron por el trámite usual que se sigue en casos auténticos de detención.

Una vez empezado el experimento, y tras un motín por parte de los prisioneros el segundo día, los guardias comenzaron a ejercer un trato violento y humillante sobre estos. Aparecieron actos realmente brutales por parte de los guardias. Sometieron a los presos a castigos y humillaciones, obligándoles a permanecer desnudos y a dormir en el suelo, negándoles la comida o ir al servicio. Estas conductas sádicas, que aparecieron en aproximadamente un tercio de los guardias, aumentaban por la noche, cuando creían no ser grabados.

El experimento tuvo que ser abandonado mucho antes de lo previsto por la magnitud que alcanzó la violencia hacia los prisioneros, algunos de los cuales desarrollaron trastornos emocionales.

El efecto Lucifer, cómo personas decentes llegan a cometer actos atroces

Puede parecer inconcebible que nosotros mismos o las personas que conocemos puedan llegar a cometer crueldades del calibre del experimento de 1971. Y es que, aunque la moralidad y los valores personales parezcan una barrera inquebrantable, las circunstancias sociales y del momento pueden llevar a personas a las que consideramos decentes y perfectamente normales, a cometer las más terribles atrocidades. Podemos encontrar múltiples ejemplos de esto a lo largo de la historia y también en los medios de comunicación. En el personaje Walter White de la serie Breaking Bad, sin ir más lejos, vemos una profunda transformación de sus actos. El protagonista experimenta un cambio radical desde un profesor de instituto, aburrido y corriente, hasta un mafioso que llega incluso a disfrutar de los crímenes que comete.

Procesos psicológicos del efecto Lucifer

Conformidad al grupo

Este principio se basa en el paradigma experimental diseñado por Solomon Asch. Según los resultados de sus estudios, la presión del grupo puede llevarnos a cometer actos que estén contra nuestras propias creencias o valores.

Obediencia a la autoridad

Como demostraron los experimentos de Milgram en la década de los 60, ante las órdenes y la insistencia de una figura superior, los valores morales se diluyen y las personas son capaces de cometer actos violentos. Hay que aclarar aquí que estos actos violentos se ejecutaban por los participantes sin coerción, simplemente a partir de las órdenes de un superior.

Desconexión moral (Albert Bandura)

Al realizar determinados comportamientos en contra de nuestros valores, buscamos explicaciones y atajos mentales para poder integrarlos y que no nos supongan una incongruencia. La evitación de esta incongruencia o disonancia cognitiva constituye una fuerte motivación por reinterpretar los hechos a nuestro favor.

– Si quieres saber más sobre la teoría de la autoeficacia de Bandura, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre las atribuciones o explicaciones que nos damos a nosotros mismos, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Factores ambientales

Condiciones como la estabilidad psicológica de la persona, la falta de sueño o los estereotipos pueden ejercer una relación mediadora en la comisión de actos violentos.

– Si quieres saber más sobre el insomnio, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

A pesar de los valores de la persona y una moral supuestamente incorruptible, la violencia no es algo que se escape de nuestra naturaleza. Ello no quiere decir, por supuesto, que no debamos intentar mejorar como personas. No obstante, la deshumanización, las dinámicas sociales y la presión de grupo pueden desencadenar, como hemos comprobado, actos de extrema maldad en personas decentes.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

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Vivimos en una sociedad en la que se ensalza cada vez más el valor de lo inmediato. Donde se enseña que el bienestar y la felicidad se pueden obtener cómodamente y sin esfuerzos a través del consumo. Nada más lejos de la realidad: si bien es cierto que se puede obtener gratificación de una manera sencilla y rápida, el bienestar y la satisfacción personal vienen de la mano del esfuerzo, dedicación, y, en muchas ocasiones, del sacrificio o renuncia del placer inmediato.

En este artículo queremos abordar la importancia de enseñar a los niños desde pequeños el valor del esfuerzo. Los niños que aprenden pronto el valor del esfuerzo, serán adolescentes motivados y adultos responsables y autorrealizados.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de esfuerzo?

Cualquiera de nosotros sabe que la mayor parte de las cosas valiosas que deseamos conseguir, requiere de una importante cantidad de tiempo y esfuerzo, según sea el objetivo.

Esforzarse implica llevar a cabo diversas conductas, en muchas ocasiones con una elevada frecuencia o intensidad, y con unos estándares muy concretos (no vale hacerlo de cualquier manera), para conseguir un determinado fin. Además, en buena parte de las ocasiones, es necesario mantener dichas conductas a medio/largo plazo para obtener resultados. Por último, para completar la ecuación del esfuerzo es necesario contemplar las renuncias que implica esta dedicación.

Por ejemplo, para aprobar una asignatura, no bastará con ir a clase, sino que es necesario tomar apuntes, estar atento, repasar en casa… y no basta con hacerlo un único día. Esta suma de esfuerzos, y la renuncia a otros entretenimientos, es la que dará como resultado el aprendizaje y/o aprobado. La recompensa al esfuerzo realizado.

¿Cómo aprende un niño el valor del esfuerzo?

En primera instancia, son los padres quienes enseñan al niño a esforzarse. Por lo general, este aprendizaje se produce de manera natural, cuando los padres van exigiendo progresivamente mayor dedicación en el menor para recompensarle. Tras sucesivos ensayos, el niño aprende la relación entre su acción y el refuerzo consiguiente.

Al contrario sucede en los niños sobreprotegidos. Estos niños reciben todo tipo de regalos y atenciones sin tener que hacer por ganarlos, sin superarse a sí mismos. El aprendizaje de estos niños es que no depende de ellos lograr una serie de metas. Pueden tener de todo, pero no saben cómo obtenerlo.

Siguiendo con el ejemplo del ámbito académico: hay padres que estimulan a sus hijos con más tiempo de juegos o algún privilegio el fin de semana, si además de hacer todos los deberes repasan cada día. O si colaboran con una serie de tareas domésticas, les recompensan con una pequeña paga al final de la semana.

Esto tiene múltiples beneficios para el niño, pues incrementa su motivación y promueve un ambiente positivo en casa, entre otros. Pero sin duda, uno de los efectos más importantes es que mejoran su percepción de autoeficacia: la sensación o creencia de que pueden conseguir lo que se proponen a través de su esfuerzo.

Progresivamente, el esfuerzo se va generalizando a distintos ámbitos. El niño aprende que esa misma relación entre esfuerzo o dedicación y obtener la consecuencia deseada, funciona para distintos objetivos. Esto repercute enormemente en su motivación y autocontrol.

¿Qué relación tiene la motivación con el esfuerzo?

Tener motivación es anticipar que si se realizan determinadas acciones se va a alcanzar un logro o meta deseada. Consiste en saber qué tienes que hacer para conseguirlo, y creer que puedes conseguirlo.

Al contrario de lo que se suele suponer, la motivación no es algo intrínseco al individuo. Nuevamente, la motivación es fruto del aprendizaje y de la experiencia. La motivación de un niño por conseguir un determinado logro o meta tiene que ver con su experiencia. Si ha tenido éxito en ocasiones anteriores, cuando se ha propuesto algo y se ha dedicado a ello. Por este motivo, aquellos niños que han sido educados en el esfuerzo, serán niños con mayor motivación, con interés en enfrentarse a retos superiores, y capaces de asumir cada vez más responsabilidades.

Pero ¿qué sucede cuando los niños no han aprendido a esforzarse?

A medida que el niño crece, y entra en la adolescencia, se va a ir enfrentando a contextos más demandantes. Esto quiere decir que, para obtener éxito tendrá que realizar un esfuerzo y dedicación mayores. Si no ha aprendido esta sencilla relación, no podrá progresar igual que sus compañeros.

Por otra parte, el problema se acrecienta cuando aparecen opciones que ofrecen refuerzos inmediatos. Con menos esfuerzo y de manera mucho más cómoda, el niño o adolescente obtiene refuerzo, que compite con el refuerzo otorgado por un esfuerzo mayor.

Algunos problemas característicos en este perfil de niños son:

Falta de motivación hacia el estudio y fracaso escolar.

Cuando la exigencia académica aumenta, van a acusar una gran bajada de rendimiento y ausencia de motivación hacia el estudio.

– Si quieres saber más sobre el fracaso escolar, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Adicción a sustancias y adicciones comportamentales

Las conductas adictivas se caracterizan por proveer de un refuerzo inmediato con un esfuerzo mínimo. Es fácil que estos niños caigan en comportamientos adictivos.

– Si quieres saber más sobre la adición a los videojuegos, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre la adicción a las nuevas tecnologías en los jóvenes, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Baja autoestima.

Estos niños y adolescentes no se ven capaces de conseguir sus metas por sus propios medios, lo que repercute en su autoconcepto y autoestima.

– Si quieres saber más sobre la autoestima y el autoconcepto, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre la autoestima en la adolescencia, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Abulia y depresión

Abulia es un término que se utiliza para designar la falta de voluntad o energía para moverse en una dirección. Esta falta de energía llevada a un extremo, junto con otros factores desencadenantes, puede desembocar en depresión.

Si estás invirtiendo lo mejor de ti para educar a tus hijos, pero deseas contar con ayuda profesional para llevar a cabo su crianza, en CIPSIA psicólogos cuentas con un equipo de profesionales expertos en todo tipo de problemas de comportamiento infanto-juvenil. Puedes contactarnos pinchando aquí.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Maiana García

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A principios de los 80, el profesor Melvin Lerner publicó un libro titulado “La creencia en un mundo justo: una ilusión fundamental”. Según Lerner, la Creencia en un Mundo Justo se basa en la idea de que todo aquello que les sucede a las personas es consecuencia de sus acciones y su esfuerzo. A las personas que actúen con bondad les ocurrirán cosas buenas, mientras que las personas malas sufrirán desgracias como consecuencia de su comportamiento reprobable.

A pesar de que evidentemente esto no es así en la realidad, la creencia de que cada cual tiene lo que se merece actúa como protectora de nuestra autoestima y nuestra salud mental. La certeza de que el mundo es un lugar predecible y ordenado resulta imprescindible para tener la seguridad que necesitamos. Por supuesto, esta creencia se dará en mayor o menor medida en función de la persona. No obstante, aunque este sesgo pueda parecer irracional e ingenuo, cumple una importante función psicológica.

– Si quieres saber más sobre la autoestima y el autoconcepto, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre cómo influyen nuestras creencias en nuestros problemas, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Factores psicológicos que se relacionan con la Creencia en un Mundo Justo

Estilo de atribución interno

Una persona internalista atribuye las explicaciones sobre lo que le ocurre a ella y a los demás, a las características o actos de la propia persona. Por el contrario, una persona con estilo de atribución externo buscará las causas de lo sucedido fuera del individuo (suerte, casualidad, fuerza divina).

Es por ello que normalmente la Creencia en un Mundo Justo se da en el primer tipo de personas. Para los internalistas lo que determina que las cosas vayan bien o mal es la propia agencia de la persona. Por esta razón, entenderán que el esfuerzo y las buenas acciones llevarán a consecuencias positivas, y viceversa.

– Si quieres saber más sobre los estilos de atribución, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Empatía hacia la persona que sufre una situación negativa

Normalmente la Creencia en un Mundo Justo se basa en la atribución de toda la responsabilidad de una situación a la persona. Esto hace que no se tengan en cuenta posibles circunstancias del contexto, que hayan podido llevar a la persona a dicha situación.

Sin embargo, en los casos concretos en los que se sienta empatía, es más probable que uno sea más benevolente al atribuir causas. De esta forma, la Creencia en un Mundo Justo tendría menos peso en estos casos, y buscaríamos explicaciones alternativas fuera del individuo (“Tuvo un mal día”, “Fue mala suerte”). Por ejemplo, esto ocurriría ante personas que son más parecidas a nosotros, ya que la similitud hace que nos identifiquemos en mayor medida con el otro.

– Si quieres saber más sobre qué factores hacen que prefiramos a unas personas frente a otras, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Ideologías más conservadoras y autoritarias

Algunos estudios han señalado la correspondencia entre este tipo de ideologías y la Creencia en un Mundo Justo. Estos resultados se podrían explicar en base a la peor tolerancia al cambio y la incertidumbre, propias de estos idearios. A nivel político, la Creencia en un Mundo Justo se podría traducir en la supresión de medidas de equilibrio social, ya que se entiende que cada individuo llegará a una posición social u otra en función de sus méritos, sin tener en cuenta factores del contexto, como la pobreza o la dificultad de acceso a estudios superiores.

Consecuencias psicológicas de la Creencia en un Mundo Justo

La Creencia en un Mundo Justo se manifiesta en una serie de pensamientos y de formas de ver la vida. Para la persona que cree que lo que les ocurre a las personas es resultado únicamente de sus acciones, el mundo es un lugar en el que cada cual tiene lo que se merece. Esto se traduce en procesos como la búsqueda selectiva de la información, la culpabilización de las víctimas o la búsqueda de causas a posteriori.

Sesgo confirmatorio

Los seres humanos tenemos una notable tendencia a buscar información que confirme nuestras propias ideas, y a ignorar el resto. Esto se aplica también en el caso de la Creencia en un Mundo Justo. La persona que comete este sesgo es capaz de buscar explicaciones ante cualquier evento que contradiga su visión de un mundo en el que cada uno obtiene su merecido. De esta manera, la creencia permanece, a pesar de que haya datos que la contradigan, gracias a los sesgos y las distorsiones cognitivas

– Si quieres saber más sobre las distorsiones cognitivas, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Culpabilización de la víctima

Ante información que desmienta la Creencia en un Mundo Justo, se buscan una serie de estrategias. Cuando a una persona decente le ocurre una desgracia, se atribuyen causas que apunten a la acción de la víctima para mantener la creencia. Un ejemplo de esto sería acusar de imprudencia a la víctima de un atraco, pensando que “Podría haber hecho algo para evitar la agresión”.

Búsqueda de causas a posteriori

Al igual que en el caso anterior, una vez se ha desencadenado la consecuencia, la persona que cree en un Mundo Justo busca las causas a posteriori, y las expone como si desde un principio fueran obvias. Siguiendo con el ejemplo anterior, una persona con Creencia en un Mundo Justo diría algo así como: “Era obvio que la persona que se acercaba era un atracador, debería haberse dado cuenta”.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

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El efecto Pigmalión fue propuesto por el profesor de psicología Robert Rosenthal, a partir de un experimento publicado en 1965. En dicho experimento se pudo comprobar cómo las expectativas de una persona influyen en el desempeño de otra. Las expectativas positivas darían lugar a un mejor desempeño por parte del otro, mientras que las expectativas negativas se traducirían en un peor rendimiento.

El mito griego de Pigmalión

En la Metamorfosis de Ovidio se narra la historia del rey escultor Pigmalión, que da nombre a este efecto psicológico. Según este relato, el rey Pigmalión comenzó a esculpir en mármol la estatua de una mujer, inspirándose en la hermosa Galatea. Tan perfecta era la estatua que el rey se enamoró perdidamente de ella. Imploró a los Dioses que hicieran a Galatea humana, y estos cumplieron su deseo. Así, el fuerte anhelo del rey Pigmalión hacia la bella Galatea hizo que ésta acabase siendo humana.

De esta manera, el efecto Pigmalión da cuenta de cómo las expectativas modifican la propia conducta, de manera que la respuesta de la otra persona confirma nuestras ideas iniciales. Tanto para bien como para mal, nuestras expectativas modifican el modo en el que nos comportamos, de manera que nuestro receptor reacciona de acorde a cómo le tratemos. Veamos un ejemplo: si conocemos a Juan y pensamos que parece una persona simpática, probablemente nos acerquemos a él para hablar, e interactuemos con él de un modo más amigable que si no tuviésemos la idea previa de que es simpático. Esto hará que Juan nos responda de un modo más positivo, lo que reforzará nuestra expectativa inicial.

– Si quieres saber más sobre cómo influyen nuestras creencias en nuestros problemas, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

El efecto Pigmalión en educación

El profesor Rosenthal y Lenore Jacobson, directora de una escuela en San Francisco, llevaron a cabo un estudio que les llevó hacia unos resultados sorprendentes. En dicho estudio, se les entregó a los profesores al inicio del curso un informe sobre los resultados de los alumnos en una prueba de inteligencia. Se les indicó además, qué alumnos habían obtenido unas puntuaciones más altas, y que era previsible que estos obtuviesen mejores resultados académicos a lo largo del año escolar. Estos alumnos destacados fueron los que, efectivamente, obtuvieron mejores calificaciones.

Ahora bien, el truco estuvo en que realmente los alumnos no realizaron ninguna prueba de inteligencia. Los “alumnos sobresalientes” fueron elegidos al azar de entre todos los niños. Consecuentemente, los mejores resultados de estos niños fueron debidos a las altas expectativas que sus profesores tenían sobre ellos. En el estudio de la conducta de los profesores hacia sus alumnos se observó como los primeros modificaban su comportamiento ante los alumnos señalados como aventajados. Los profesores creaban un clima más cálido alrededor de estos niños, les daban más oportunidades de respuesta, les enseñaban más materia, etc. Todo esto generaba una respuesta en los pupilos, que se comportaban de acorde a la expectativa de sus profesores

– Si quieres leer más sobre qué es la inteligencia, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre si se puede mejorar la inteligencia, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

La cara oscura del efecto Pigmalión

Es importante destacar que el efecto Pigmalión se transmite gracias a los gestos y los comportamientos que emitimos en base a las propias expectativas. Esto supone que sólo con tener altas expectativas no es suficiente, es necesario que nuestro comportamiento acompañe.

Un ejemplo claro en el que este efecto puede actuar de manera negativa es el caso de los padres que se forman sobreexpectativas sobre sus hijos. Estas expectativas normalmente están muy por encima de las capacidades reales del niño, de manera que, al ser frustradas, pueden generar el reproche de los progenitores. De este modo, a pesar de esconder expectativas positivas, las recriminaciones hacia el niño minan su autoestima y empeoran su desempeño.

De ahí la importancia de vigilar la actitud que se le transmite al niño. Se necesitaría un ejercicio de autorreflexión por parte de los padres, para que sus expectativas se ajusten a las posibilidades reales. Lo ideal sería tener en cuentas las capacidades del niño y ayudarle a desarrollarse todo lo posible dentro de ello.

– Si quieres saber más sobre cómo ayudar a aprender a los niños, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

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Pese a la buena fama de la que a veces goza en nuestra sociedad el perfeccionismo, no siempre es una característica deseada por quienes la ostentan, ni por quienes rodean a la persona perfeccionista.

En muchas ocasiones, el perfeccionismo está asociado a una alta insatisfacción y ansiedad por parte de la persona que lo sufre. La persona perfeccionista se siente insatisfecha y ansiosa respecto a los resultados que obtiene, su trabajo, las personas con las que se rodea, y, por extensión, consigo mismo.

El perfeccionismo consiste en un patrón de conducta complejo, que influye en cómo la persona afronta su vida en general. El perfeccionismo se aprecia en las expectativas y aspiraciones, afrontamiento de retos y valoración de la ejecución…

Además, es una conducta muy generalizada, influyendo en cómo la persona afronta el ámbito laboral, académico, sus relaciones personales etc.Por tanto, la repercusión de este patrón perfeccionista en la vida de una persona es muy significativa.

– Si quieres saber más sobre el perfeccionismo, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Cómo superar el perfeccionismo

El perfeccionismo, como conducta que es, se puede modificar. Para lograrlo es necesario intervenir en los distintos niveles de comportamiento, esto es, en los pensamientos, sentimientos y acciones. Aunque no es sencillo, es posible si uno sabe cómo lograrlo, y es constante.

Algunas cuestiones importantes que pueden ayudarte a superar el perfeccionismo, y reducir considerablemente tu malestar son las siguientes:

Ajusta tus expectativas

Tener metas o expectativas elevadas puede ser gran aliciente para muchas personas y servir para alimentar su motivación, sin embargo, cuando se viven como una necesidad, provoca un intenso malestar.

Diferenciar entre la necesidad u obligación y el deseo, es un primer paso para reducir el malestar. Cuando te enfrentes a un reto sustituye las expresiones “tengo que” y “debería” por “me gustaría”. Esto te permitirá vivir de una manera mucho más sana y positiva cualquier dificultad y contratiempo. Además, si tus expectativas no se alcanzan del modo esperado, no es vivido como un fracaso.

Cuestiónate la gravedad de cometer errores

Intenta razonar cuál es el perjuicio real de que las cosas no sean perfectas o tal como las habías planeado. En muchas ocasiones el malestar cuando no logramos lo que esperábamos tiene que ver con que valoramos de manera muy negativa el error. Esto tiene que ver con las distorsiones del pensamiento,una forma sesgada de pensar que genera mucho malestar.

Algunos sesgos que las personas perfeccionistas se beneficiarán de detectar son el estilo de pensamiento catastrófico, caracterizado por magnificar las consecuencias negativas, y el pensamiento dicotómico o polarizado, donde no se admiten términos intermedios -todo es bueno o malo, perfecto o desastroso-. Detectar y corregir estos sesgos permitirá quitar gravedad y dramatismo al error.Por otra parte, aprender a vivir el error de manera positiva, como una oportunidad, permitirá erradicar el miedo al fracaso.

– Si quieres saber más sobre las distorsiones cognitivas, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre cómo superar el miedo al fracaso, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Aprende a autorreforzarte

Una conducta característica de las personas perfeccionistas es que tienden a autorreforzarse muy poco por sus logros. Esto tiene una repercusión muy significativa en su autoestima, contribuyendo a que esta se mantenga baja.

Autorreforzarse implica autoelogiarse y darse pequeños premios y satisfacciones de manera contingente a la realización de una conducta. Empieza a autorreforzarte cambiando el foco de atención de la crítica y de los aspectos negativos a aquello que está bien hecho. No des nada por sentado: reconoce tu esfuerzo, tu dedicación y lo que has conseguido. Una vez que detectas todo aquello que merece ser reconocido, prueba a elogiarte por ello, o darte algún pequeño premio o capricho.

Cambiar este hábito, y comenzar a reforzarte cotidianamente por tus logros, contribuirá a aumentar la sensación de satisfacción y aumentar notablemente tu autoestima.

– Si quieres saber más acerca de la autoestima, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre cómo mejorar tu autoestima, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Desarrolla tu propio criterio

Como seres sociales que somos, una gran parte de nuestro comportamiento está influido por otras personas. Aprendemos a través de la observación del comportamiento de otros, lo que es denominado aprendizaje por modelado. También aprendemosen función de las respuestas que obtiene nuestro comportamiento en nuestro entorno social.

Por ello, puedes aprender a ser perfeccionista si en tu entorno hay personas que muestran este comportamiento. Una pareja, unos padres e, incluso, un jefe muy exigentes pueden favorecer el desarrollo y mantenimiento de conductas perfeccionistas.

Detectar el discurso perfeccionista en las personas que te rodeante permitirá cuestionarlo.  En este sentido, será especialmente útil que refuerces tu propio criterio, desarrollando tu opinión y tu juicio. De esta forma, aunque recibas críticas o seas objeto de una exigencia elevada, conseguirás preservar tu seguridad y autoestima.

Reducir los niveles de perfeccionismo y autoexigencia es un gran paso para alcanzar el bienestar psicológico. Por ello, si pese a tu esfuerzo por lograrlo no consigues sobreponerte a esta tendencia, puedes contar con el equipo de psicólogos de CIPSIA. Si tienes dudas sobre este o cualquier otro problema, puedes contactarnos pinchando aquí

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Maiana García

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