Psicologos Madrid – Cipsia Psicólogos

Blog Psicologia

Blog Psicólogos Madrid, es un blog escrito por psicólogos sanitarios que pretenden acercar los conocimientos de la psicología clínica, a personas que tienen problemas o dificultades , profesionales del área o público general. Con carácter divulgativo, el blog ofrece conocimiento sobre temas de interés actual en el ámbito de la psicología.

Hace unos meses hablábamos en este blog sobre el autorrefuerzo, que consiste en administrarse a uno mismo un premio o recompensa tras una conducta deseada. En esta línea nos encontramos con la importancia de tener un hobby, actividades intrínsecamente gratificantes, que no persiguen un fin en sí mismas. 

Al igual que el autorrefuerzo, los hobbies tienen múltiples beneficios a nivel de salud mental. Lejos de ser una pérdida de tiempo (como muchos piensan), varios estudios muestran los beneficios físicos y psicológicos de tener un hobby. Al llevar a cabo esa tarea que nos gusta, se liberan “hormonas de la felicidad” como las endorfinas y la serotonina, y se reducen las “hormonas del estrés”, como el cortisol. Esto se traduce en una disminución o reversión de los problemas físicos asociados a problemas como el estrés (riesgo cardiovascular, disminución de las defensas). Además de esto, practicar las propias aficiones tiene un efecto muy positivo sobre la motivación y el bienestar psicológico.

– Si quieres saber más sobre el cortisol y el estrés, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre la relación entre salud física y salud mental, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Razones por las que es bueno tener un hobby

Como los hobbies surgen de manera espontánea y con exigencias más relajadas, son una oportunidad perfecta para descubrir nuevos talentos y pasiones. Desde practicar un deporte con los amigos hasta ir a clases de pintura, un hobby nos ayuda a desconectar y disfrutar de nuestro día a día.

Alivia el estrés y nos ayuda a desconectar

Los hobbies resultan especialmente beneficiosos si tenemos una vida ajetreada y estresante. Reservar un tiempo a la semana o al día para dedicarse a hacer lo que a uno le gusta nos ayuda a liberar la tensión del día, a despejarnos y a relajarnos.

Un buen modo de conocer gente

Las actividades compartidas, como los deportes de equipo o las clases de pintura constituyen un ambiente idóneo para conocer gente nueva. Con una atmósfera distendida, y compartiendo una misma pasión, es mucho más fácil entablar una amistad y salir de nuestra burbuja. 

Mejora de las propias capacidades y fomento de la creatividad

Como los hobbies son algo que hacemos para divertirnos, realmente no pasa nada si fallamos o no se nos da bien. Esta actitud nos da una buena oportunidad de desarrollar habilidades y de disfrutar del proceso al mismo tiempo. Además, como no tenemos la presión de tener que llegar a una meta concreta, es más fácil que surjan ideas creativas.

– Si quieres saber más sobre las ventajas de ser una persona creativa, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Aumento de la autoestima

Normalmente, cuando hacemos algo que nos gusta y ponemos empeño en ello, tendemos a ver resultados positivos. La satisfacción por mejorar nos ayuda a vernos a nosotros mismos como más capaces, lo que promueve nuestra autoestima. Cultivando nuestras aficiones tomamos partido en nuestro crecimiento personal y nuestro propio bienestar.

– Si quieres saber más sobre la autoeficacia o confianza en que las cosas nos saldrán bien, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre la autoestima y el autoconcepto, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Ocupan el tiempo muerto y evitan el aburrimiento

¿A quién no le ha pasado alguna vez que cuanto más tiempo tiene menos parece aprovecharlo? En este sentido, los hobbies nos pueden ayudar a rellenar el exceso de tiempo libre. Si establecemos en nuestro horario un tiempo para dedicarnos a nuestra afición, aumentará la productividad, ya que los tiempos para hacer el resto de tareas estarán más limitados. Esto nos puede servir además de “empujón” cuando tenemos que hacer algo que no nos apetece, porque después tendremos un momento reservado para hacer algo que nos gusta.

Nos mantienen activos física y mentalmente

Practicar regularmente una actividad física que nos guste es una muy buena opción para mantenernos en forma, pues nos costará menos esfuerzo mantenerla en el tiempo. Cuando se practica deporte se liberan endorfinas y otras “hormonas de la felicidad”, que nos ayudan a sentirnos mejor y más relajados.

Otro de los grandes beneficios de practicar un hobby es que nos ayuda a mantener la mente activa, ya que estimulan el cerebro. Como acabamos de comentar, cuando hacemos algo que nos gusta se liberan sustancias relacionadas con el bienestar. Aparte de eso, muchos hobbies trabajan capacidades como la memoria y el razonamiento, por lo que son idóneos para prevenir y combatir el deterioro cognitivo que se da con la edad o con enfermedades como el Alzheimer.

– Si quieres saber más sobre el Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Cultivan la diligencia

Para llegar a ser buenos en una afición, hemos de echarle horas de prácticas. La dedicación que nos exige un hobby nos ayuda a mejorar nuestro autocontrol y nuestra fuerza de voluntad, a la vez que disfrutamos.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

También te puede interesar…

En la sociedad convulsa en la que vivimos actualmente, no tenemos tiempo casi para pararnos a apreciar nuestras emociones. El ritmo de vida que nos imponemos, fácilmente y con frecuencia, nos lleva a padecer en mayor o menor grado, situaciones de ansiedad, estrés… y con frecuencia solo percibimos ese tipo de sentimientos negativos. Pero, ¿qué hay de las emociones positivas? ¿Cuántas veces nos paramos a pensar en los aspectos positivos desarrollados en cada uno de nuestros días? ¿Somos conscientes de nuestro potencial emocional? Estos son los temas sobre los que se fundamenta la llamada Psicología Positiva

– Si quieres saber más acerca de los beneficios de la Psicología Positiva, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Si le preguntásemos a diferentes personas de todo tipo de condición (raza, sexo, religión…) qué significa para ellos la psicología, probablemente nos contestarían que es la ciencia que trata de curar los trastornos mentales. En este aspecto no irían muy desencaminados, pues la focalización histórica de la psicología en tratar de entender y explicar estos procesos, desde el estudio de la parte negativa de ellos (depresión, ansiedad…), ha llevado a ese encasillamiento. Pero afortunadamente, desde hace unas décadas a la actualidad, se ha desarrollado un movimiento denominado Psicología Positiva, que trata de prevenir este tipo de trastornos trabajando con la estimulación de las emociones positivas.

– Si quieres saber más acerca de las enfermedades mentales, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

¿Qué es la Psicología Positiva?

Según la definición de Seligman la psicología positiva se define como: el estudio científico de las experiencias positivas, los rasgos individuales positivos, las instituciones que facilitan su desarrollo y los programas que ayudan a mejorar la calidad de vida de los individuos, mientras previene o reduce la incidencia de la psicopatología.

¿Cómo trabaja la psicología positiva?

Desde la psicología positiva se trabajan las virtudes humanas y las fortalezas personales como: la resiliencia, ilusión, empatía, inteligencia emocional… tratando así de prevenir los trastornos mentales.

– Si quieres saber más acerca de la personalidad resiliente, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más acerca de la Inteligencia Emocional, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Así, el principal cambio que propone este tipo de psicoterapia es llevar los resultados del tratamiento a otro nivel, no solo tratando el trastorno o problema, sino consiguiendo que la persona goce de un nivel de bienestar psicológico que le ayude a no recaer en ellos.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Sergio García

También te puede interesar…

La mayor parte de las personas conocen en su entorno a alguien que muestra una actitud pesimista de manera generalizada. Incluso es posible que reconozcas cierto pesimismo en tu forma de pensar en relación a determinadas áreas de tu vida.

¿Qué es el pesimismo?

En cualquiera de los casos, la etiqueta de pesimismo se refiere a una forma de comportarse en un determinado contexto. Las personas que se comportan de manera pesimista presentan determinados pensamientos, emociones y conductas cuando se enfrentan a una situación de reto o cambio.

  • El tipo de pensamientos pesimistas tienen que ver con los clasificados como anticipatorios. El pensamiento anticipatorio es un tipo de pensamiento disfuncional en el que se anticipa, sin evidencia, un resultado negativo. Pensamientos del tipo “no lo voy a conseguir”, “de qué me sirve esforzarme si es muy difícil”, etc.
  • Las emociones, en consonancia con el tipo de pensamiento, son de tipo aversivo, desilusión, decepción, ansiedad, etc.
  • En consecuencia, las conductas que se discriminan en este contexto son de evitación o de escape. Ejemplos de este tipo de conductas son: no emprender proyectos que te interesan, o hacerlo “a medias”, abandonar el proyecto ante la mínima dificultad, etc.

Un dato adicional importante para poder detectar el pesimismo es que esta conducta no sucede ante una situación claramente desfavorable. No hay evidencias de que las cosas vayan a salir mal que justifiquen este pesimismo.

– Si quieres saber más acerca delos pensamientos disfuncionales, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

¿Por qué una persona aprende a ser pesimista?

Para responder esta pregunta, nada mejor que conocer la historia de cada persona y poder realizar un análisis exhaustivo. Conocer las experiencias vividas por una persona en torno a los retos, las habilidades de afrontamiento de que dispone, el apoyo que recibe de su entorno, etc., nos ayudan a comprender el problema de manera más precisa.

No obstante, hay una idea fundamental para la comprensión de este problema, y es que el “comportamiento pesimista”, al igual que cualquier conducta problema, se mantiene porque permite obtener una serie de recompensas o reforzadores a corto plazo.

Esto es, las personas que son pesimistas lo son porque les otorga una serie de “beneficios”, que hacen que se siga manteniendo esta conducta.

Hay varios tipos de reforzadores de esta conducta, algunos de ellos son:

Disminuir las emociones experimentadas

Si enfrentarse a una tarea genera ansiedad, la anticipación de consecuencias negativas, el pensamiento negativo, permite atenuar dicha emoción.

Si, por el contrario, acometer un reto produce mucha ilusión, anticipar un desenlace negativo permite atenuar dicha emoción de ilusión. El objetivo de esto es disminuir la intensidad de la desilusión en caso de fracaso.

Eliminación de situaciones displacenteras

Como consecuencia de anticipar el fracaso, una de las conductas más probables es la evitación de la acción. De este modo, como consecuencia de dejar de actuar se siguen algunas posibles consecuencias:

  • Se elimina el esfuerzo necesario para realizar la acción.
  • Disminuye la posibilidad de fracasar o de cometer errores.
  • Se elimina la posibilidad de ser juzgado…
  • …y así con distintos escenarios que pueden resultar aversivos para cada persona.

Acertar en la predicción

Cuando la anticipación es ocasionalmente confirmada por el cumplimiento de la profecía, otorga una sensación de control ilusoria y breve. Esto lleva a la persona a mantenerse en el círculo vicioso de la anticipación.

¿Es adaptativo ser pesimista?

Como podemos ver, esta estrategia pesimista tiene consecuencias que a corto plazo son reforzantes, lo que la dota de una funcionalidad. Sin embargo, para valorar si una conducta es beneficiosa tenemos que fijarnos en las consecuencias que tiene a largo plazo en cada persona.

En el caso del pesimismo, es frecuente que se presentan una serie de consecuencias negativas de mayor resonancia que hace que las arriba mencionadas no “compensen”.

Ansiedad debido a la anticipación

Anticipar de manera continua dificultades, sume a la persona en un estado de preocupación y desilusión. Debido a estas preocupaciones es posible que te sientas ansioso respecto a tu futuro. Esto se deja notar en tu estado de ánimo día a día, en una peor calidad del sueño, etc.

Disminuye la motivación

Dado que no se anticipan los beneficios de acometer un cambio o proyecto, la motivación disminuye. Esto es, disminuye la probabilidad de enfrentarse a la situación poniendo toda la energía y recursos de los que dispones.

– Si quieres saber más acerca de la motivación y cómo cuidarla, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Disminuye las posibilidades de conseguir lo que deseas

Muy en línea con el anterior punto, si no crees que vas a conseguir lo que deseas, tus esfuerzos van a ir en consonancia con esta creencia. De este modo, el desenlace más posible es una bajada en tu eficacia, rendimiento, creatividad, etc., a la hora de enfrentar las situaciones.

Favorece la aparición de un estado de ánimo deprimido

Si la perspectiva futura está plagada de desenlaces negativos o poco atractivos, puedes sentirte abrumado y apático.

– Si quieres saber más acerca de la depresión, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Incrementa el sentimiento de fracaso e insuficiencia

El hecho de anticipar que las acciones que emprendas llevarán a resultados mediocres o insatisfactorios repercute enormemente en la autoestima.

– Si quieres saber más acerca de la autoestima, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más acerca de la indefensión aprendida, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

En resumen, el pesimismo tiene una resonancia fundamentalmente negativa sobre la persona, su desarrollo y su potencial.

Si crees que necesitas ayuda con este u otros problemas, en CIPSIA disponemos de un equipo de psicólogos expertos en cantidad de problemas psicológicos. Puedes contactarnos aquí.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Maiana García

También te puede interesar…

Septiembre es para todos un momento de reinicio de actividades y reincorporación a distintas tareas y obligaciones. La vuelta a la rutina puede resultar en ocasiones abrumadora o producir desánimo. Este tipo de sentimientos están muy relacionados con el Síndrome Posvacacional. Este síndrome se caracteriza por la falta de energía y apatía que se experimentan tras un periodo vacacional.

– Si quieres saber más acerca del Síndrome Postvacacional, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Experimentes o no este síndrome, los comienzos suponen enfrentar de nuevo situaciones complejas y puedes experimentar emociones negativas. No obstante, pasados los primeros días o semanas las emociones pueden disiparse debido a la habituación a las mismas.

Sin embargo ¿por qué acostumbrarse sin más a una rutina que no es satisfactoria? ¿Por qué no dar un cambio y hacer de este nuevo periodo una fuente de satisfacciones y bienestar?

Con algunos cambios puedes lograr que tu rutina del día a día sea placentera y plena. 

¿Qué pasos dar para retomar la rutina con energía?

1. Localiza cuáles son las áreas que generan insatisfacción

Si experimentas malestar o desánimo fruto de tu regreso a la rutina, es posiblemente porque la rutina que forma tu día a día no es satisfactoria. Por ello, puede ser de gran ayuda concretar qué aspectos son los que te generan insatisfacción.

Algunas pistas para ayudarte a concretar son:

  • Detecta el área que te genera malestar: puede tener que ver con el ámbito laboral, académico, maternidad/paternidad, tareas domésticas…
  • Una vez tienes localizado de qué área provienen tus frustraciones detecta si tiene que ver con una persona en concreto, una tarea en particular, o una enumeración grande de ellas etc.
  • Puedes ayudarte de un registro diario de los momentos en que te sientes peor, y luego examinarlo.
  • También bastaría echar una mirada al periodo anterior y pensar en aquellos momentos que no quieres que se repitan.

Si detectas que te genera desánimo o desgana la vuelta a la rutina, puedes plantearte pequeños cambios.

– Si quieres saber más sobre cómo pueden afectar las tareas domésticas al estado de ánimo, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre cómo influye el trabajo en nuestras vidas, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

2. Plantéate pequeños cambios

Tan importante como saber lo que no te gusta, es saber lo que querrías en su lugar. Una vez has localizado tus áreas de insatisfacción proponte el cambio deseado.

Para lograr acometer los cambios que deseas es fundamental que las metas que te plantees sean asequibles. Puedes ayudarte a trazar metas pequeñas, pensando en tu meta final como un conjunto de pequeños cambios que se suman entre sí. De este modo, alcanzar la meta te resulta más fácil, además de ser muy reforzante. La ventaja fundamental de plantearse pequeñas metas es que te anima a seguir esforzándote al ver tus propios logros. Lo que te ayudará a seguir esforzándote por conseguir nuevos cambios y llegar a la meta final deseada. Por otra parte, pequeños cambios en la rutina tienen gran poder para generarnos bienestar y sensación de autoeficacia.

– Si quieres saber más acerca de cómo mantener la motivación, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más acerca de cómo incorporar un hábito, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más acerca de la autoeficacia, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

3. Procúrate momentos de ocio diarios

Como hemos visto en varios artículos de nuestro blog, es fundamental para nuestro estado de ánimo y autoestima contar con momentos de disfrute y ocio.

El estado de ánimo es un balance entre los estresores y los reforzadores con los que contamos en nuestro día a día. Por ello, una forma sencilla de mejorar nuestro bienestar es introducir más momentos reforzantes o de ocio. Lo que te permite incrementar tu bienestar y reducir tu estrés y fatiga.

Lo ideal es que haya equilibrio entre las obligaciones y los momentos de disfrute de manera diaria, si es posible. Hay muchas ventajas que se desprenden de esto, entre ellas que no hay grandes altibajos en el estado de ánimo. Además, el hecho de contar con planes que nos resultan satisfactorios en el día a día, facilita que anticipemos su llegada, lo que aumenta el estado de ánimo y nuestra energía para enfrentarnos a las obligaciones.

Las actividades que puedes hacer para incrementar tu estado de ánimo son muy diversas,  dependerán de tus gustos y aficiones. Sin embargo, te recomendamos especialmente la incorporación de actividad física por sus beneficios para la salud mental y física.

– Si quieres saber más acerca de los beneficios del ejercicio físico, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más acerca de cómo planificarse el tiempo, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Maiana García

También te puede interesar…

Tazas con frases para empezar bien el día, publicaciones de Facebook con mensajes inspiradores, libros de autoayuda, talleres de motivación, “coaches”… Constantemente somos bombardeados por una ingente cantidad de enunciados que nos instan a ser cada vez más y más felices, a ignorar las cosas terribles que suceden en el mundo, y a ver la vida de color de rosa. Estar alegres en todo momento se convierte en requisito, y la felicidad se vuelve el estado “por defecto”. 

El “Mercado de la Felicidad”

Detrás de este afán generalizado por lograr un estado perfecto de felicidad y crecimiento personal, se encuentra una prolífica industria que mueve muchos millones al año. La gran variedad de productos, que ofrecen al consumidor la receta a todos sus males, se vuelve adictiva, y así la persona sigue comprando.

Las razones por la que esta industria atrae a tantos adeptos están relacionadas con una falta de reflexión personal y el ofrecimiento de una “solución” fácil a problemas complejos. Con el incremento de la calidad de vida y el predominio del individualismo en las sociedades desarrolladas, se ha observado cómo las personas se vuelven más egocéntricas y superficiales. Esta superficialidad se traduce en una mermada capacidad de autoanálisis y en una escasa reflexión personal. Es ahí donde entran en juego estas “fórmulas de la felicidad”, que dicen ser capaces de hacer de cada persona lo mejor de sí misma mediante una serie de pasos a aplicar. De esta manera, suplen nuestra necesidad de bienestar, o eso prometen al menos. 

– Si quieres saber más sobre las sociedades individualistas, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

El consumo de este tipo de frases se vuelve adictivo porque ayuda a reducir el sufrimiento emocional temporalmente, dando esperanzas. Como realmente no son eficaces por mucho tiempo, el individuo busca cada vez más y más. Se compra el siguiente libro que le desvelará la clave de la felicidad, y como nunca llega a ser lo suficientemente feliz, comprará el próximo libro, y así sucesivamente.

La felicidad como obligación

Con toda esta información, y teniendo a mano los recursos necesarios para ser felices, queda bajo nuestra decisión el serlo o no. Este es el mensaje implícito que nos envían las frases positivas y los libros de autoayuda. Básicamente, si no eres feliz, es tu culpa y la de nadie más. Si estás triste es porque quieres, y así sólo conseguirás atraer “malas energías”. 

El problema es que las cosas no son tan fáciles como las pintan los libros de autoayuda. Los mensajes inspiradores se vuelven en contra de nosotros cuando se estigmatiza el malestar y cuando nos llevan a evitar las situaciones desagradables o los conflictos. No nos permitimos experimentar emociones negativas porque están mal vistas y repelen las oportunidades en la vida. Siempre tenemos que ver el lado positivo de las cosas, por muy mal que nos vaya.

Cada emoción tiene su razón de ser, incluidas la tristeza y el malestar. Las emociones forman parte de nuestra vida y sirven una función. La tristeza, por ejemplo, nos hace retraernos y analizar algo que va mal, con el fin de poder encontrar una solución que nos lleve al cambio. Siguiendo esta filosofía de “necesito ser feliz” caemos en el error de ignorar los problemas, obviar las emociones negativas y aparcarlas para que no molesten. Se da así una desconexión emocional, que perpetúa el problema en lugar de arreglarlo. Como se ignoran los sentimientos desagradables, la persona no regula sus emociones, lo que, además de empeorar la salud psicológica y las relaciones personales, puede derivar en problemas como la hipertensión. 

– Si quieres saber más sobre para qué sirven las emociones, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre la represión emocional y sus consecuencias, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

¿Una visión positiva es mala?

Por supuesto que no. Como en todo en esta vida, la clave está en el equilibrio. El Mercado de la Felicidad puede ser peligroso porque no establece pautas sanas para cultivar nuestro bienestar psicológico. Nos hace establecer expectativas demasiado altas e irrealizables, que van seguidas de decepciones y sentimiento de insuficiencia. Además de ver la vida con una actitud positiva y proactiva, es necesario aceptar la realidad y las propias limitaciones. Ser optimista es, sin duda, un protector de nuestra salud mental, pero también hay que tener en cuenta que es inevitable que nos ocurran cosas malas, y que es normal no estar siempre alegre. 

En esta línea, la Psicología Positiva ha demostrado ser eficaz en la mejora de la salud mental. Modelos como el de Ampliación y Construcción nos demuestran cómo una actitud positiva va seguida de una mayor proporción de emociones positivas, que se retroalimentan cada vez. Asimismo, cabe destacar que los mensajes positivos específicos (“Soy bueno en mi trabajo”) son más eficaces que los más globales (“Soy buena persona”) para elevar el estado de ánimo y la autoestima.

– Si quieres saber más sobre la Psicología Positiva, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre el Modelo de Ampliación y Construcción de la Psicología Positiva, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

También te puede interesar…

Nos encontramos en fechas que no dejan indiferente a nadie. El curso y la actividad lectiva comienzan, y con ello estudiantes y padres vuelven nuevamente a una rutina conocida.

En lo que respecta a los estudiantes, la vuelta es deseada por algunos, especialmente los más pequeños, acompañada de nervios e ilusión. Para otros, supone una época de renuncias, esfuerzos y obligaciones a los que no encuentran sentido ni valor.

Del mismo modo, entre los padres nos encontramos diversas reacciones. Algunos afrontan esta época centrados en cuestiones más prácticas y organizativas: compatibilizar su agenda laboral con la agenda académica y sus derivados, comedor ruta escolar, actividades extraescolares, etc. Para otros, en cambio, el inicio del curso escolar supone la vuelta “al campo de batalla”. Temen el inicio de los conflictos en torno al momento de hacer los deberes y tareas escolares, las notas de los exámenes el comportamiento en el aula, entre otros.

Sea como sea, se inicia una de las actividades más importantes para nuestros “pequeños”. Enfocar adecuadamente esta actividad servirá para minimizar conflictos y generar un buen clima en torno al estudio.

Algunos planteamientos fundamentales para el comienzo del curso

1. Condiciona el juego y el entretenimiento a la realización de las tareas escolares

Uno de los errores más frecuentes a la hora de afrontar la tarde es la mala organización del tiempo y actividades. Muchos estudiantes acostumbran a realizar en primer lugar aquellas actividades que les gustan, y aplazar la realización de tareas escolares. Esto repercute negativamente en el cumplimiento de las tareas de aquellos estudiantes con baja motivación al estudio. Una forma fácil y efectiva de motivar a aquellos estudiantes menos implicados es negociar una hora de inicio del estudio, y establecer las actividades recreativas después. De este modo, tan solo alterando el orden de actividades, ayudaremos a motivar y reforzar la implicación académica.

– Si quieres saber más sobre el refuerzo de comportamientos y sus beneficios, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

2. Promueve su incorporación progresiva a la realización de tareas

El concepto clave es progresión. Junto con la estrategia anterior, ayudará mucho bajar la expectativa inicial. Entendiendo que debe partirse de niveles de ejecución adaptados no solo al momento inicial del curso, sino al nivel previo del estudiante. De este modo, al tratarse de conductas que ya están disponibles en su repertorio se sentirán más motivados.

Tener una meta alta para su rendimiento no debe hacernos perder de vista la necesidad de favorecer un comienzo progresivo.

3. Revisa las expectativas que tienes

Es muy probable que, si otros años tu hijo no ha sido un buen estudiante, tengas una expectativa muy baja hacia él. El problema de tus expectativas es que muy posiblemente se las transmitas sin ser consciente. El efecto en su autoestima, implicación y rendimiento es inmenso.

– Si quieres saber más sobre la autoestima y el autoconcepto, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Las expectativas e imagen que tienes de él se las transmites de múltiples formas. Cómo tomas un esfuerzo suyo o un éxito, y cómo interpretas un fallo o un despiste son radicalmente distintos en función de las expectativas.

Es muy probable que, si tienes una imagen negativa de su perfil como estudiante tiendas a atribuir sus éxitos a factores externos y fortuitos, y sus fracasos a factores internos y estables. Todo esto contribuye a formar su autoestima académica.

Por tanto, cambia la expectativa que tienes de él, busca sorprenderte y transmítele una visión positiva de sí mismo, lejos de juicios o críticas.

– Si quieres saber más sobre la autoestima en adolescentes, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más acerca de cómo atribuimos un resultado a una causa, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

4. Fomenta su independencia y responsabilidad de cara a los estudios

Si te has acostumbrado a acompañarlos y ayudarles en sus tareas, o a estudiar con ellos cuando tienen un examen, es el momento para empezar a eliminar este hábito. Esta actitud no tiene nada de beneficioso, todo lo contrario, les enseña a ser dependientes, y no que asumir la responsabilidad de sus resultados depende de ellos. Si esta es la situación que quieres cambiar, prueba a ir incrementando paulatinamente el tiempo que trabaja solo. Por ejemplo, pídele que empiece solo y luego te incorporas, levántate por pequeños periodos de tiempo, o dile que le atiendes desde otro lugar cercano…

– Si quieres saber más sobre el fracaso escolar, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre cómo educar en el esfuerzo, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

5. Interésate por aquellos aspectos que más le llamen la atención de su regreso a clase

Muchas veces los padres, en su afán por tener todo controlado, no atienden a los comentarios espontáneos de sus hijos acerca de las clases y de lo que opinan sobre las asignaturas. Olvida aspectos prácticos como la forma de evaluación, los horarios de clase y los materiales o libros necesarios. Si quieres fomentar su interés por las materias de estudio y por el aprendizaje, atiende a sus comentarios sobre lo que está viendo en clase que le ha gustado o causado interés y anímale a expresar su curiosidad. Al mantener una conversación en torno a ello, ponen el foco de atención sobre estos aspectos que más les han gustado, y ello acrecienta su interés.

6. Implícale en otras tareas

Las clases empiezan, y aunque los estudios son una parte muy importante del desarrollo de tu hijo, no lo son todo. Fomenta otras facetas personales suyas, anímale a realizar actividades de ocio entre semana que le permitan un respiro. Implícale en las actividades domésticas y en la colaboración diaria.

– Si quieres saber más sobre por qué es bueno que los niños colaboren en casa, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Si tienes algún problema relativo al comportamiento de tus hijos, y no te ves capaz de solucionarlo por ti mismo, ponte en contacto con nosotros, tenemos experiencia en el tratamiento de este tipo de comportamientos.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Maiana García

También te puede interesar…

El término apego, desde la etología, se define como un vínculo afectivo duradero entre dos individuos, que se forma a lo largo del tiempo en base a las interacciones entre ellos, y cuyo fin es la búsqueda de la proximidad para asegurar la protección y el consuelo. Fue el psicólogo John Bowlby el que llevó este concepto desde la “psicología animal” hasta la psicología humana. 

La teoría del apego de Bowlby

Al igual que otros mamíferos, los seres humanos nacemos indefensos, y con una gran dependencia del cuidado de otros individuos. Además, en nuestro caso, la infancia prolongada hace que esta necesidad de cuidado sea aún más acusada. Normalmente el ser humano desarrolla el apego en primer momento dentro de un entorno familiar. Se establece un vínculo afectivo fuerte con un cuidador principal, usualmente la madre. A partir de esta primera relación se cimentan las bases del desarrollo emocional y psicológico posterior. Dicho de otro modo, este primer vínculo resulta vital en la construcción de un modelo mental de los demás y de uno mismo, lo que tiene importantes repercusiones en la edad adulta. Desde esta representación mental, la persona interpretará el mundo de un modo u otro, y esto posteriormente influirá en sus relaciones y en su salud mental.

La función del apego

Como hemos comentado anteriormente, la función del apego es, en un primer momento, la de asegurar la supervivencia del bebé indefenso. Sin embargo, el vínculo afectivo del apego se mantiene a lo largo de la vida pasada la infancia, y puede variar a lo largo del tiempo. Esta primera relación será determinante en el desarrollo psicológico de la persona y en la formación de su personalidad. 

En las primeras etapas de la vida, el apego es lo que mantiene al niño lo suficientemente cerca de su figura de apego para proporcionarle seguridad y cuidado. En paralelo a este sistema afiliativo o de apego nos encontramos con el sistema exploratorio del niño. Gracias a este último el infante, desde la base segura que le proporciona el apego, descubre el entorno, y recibe la estimulación necesaria para su desarrollo. 

A los 6 meses aproximadamente, la relación de apego con el cuidador se consolida, y es entonces cuando aparece el miedo a los extraños. Esto asegura que el niño se mantenga cerca de la madre y no confíe en desconocidos, que podrían suponer una potencial amenaza. 

Los tipos de apego y la influencia en las posteriores relaciones de pareja

– Si quieres saber más sobre qué nos proporciona el apego, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

El procedimiento de la Situación Extraña

Los trabajos de Bowlby, psicólogo especializado en Psicología infantil, intentaron encontrar una conexión entre la calidad del vínculo de apego con el cuidador, y el bienestar psicológico del niño, a corto y largo plazo. Para ello, tomó como punto de partida los estudios de Mary Ainsworth, con la que colaboró en numerosas ocasiones. Una de las principales aportaciones de Ainsworth a la Psicología Infantil fue la creación de una prueba estandarizada conocida como Procedimiento de la Situación Extraña. En este test, el niño y su cuidador se encuentran en una sala; en un momento dado la madre sale de la habitación, y se observa la reacción del pequeño en este instante, y también cuando el cuidador regresa. El modo de actuar del pequeño da mucha información sobre la calidad del vínculo entre ambos, y según esto, se puede clasificar el tipo de apego como seguro o inseguro. Según los estudios de Bowlby, el tipo de apego resulta crucial en el desarrollo emocional afectivo, en el tipo de miedos o inseguridades de la persona y el modo de afrontarlas, y en la capacidad de resiliencia en la vida adulta.

– Si quieres saber más sobre la resiliencia, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Apego seguro

El apego seguro, el más propicio para el desarrollo óptimo del niño, es aquel en el que el adulto aporta su apoyo incondicional al infante. El niño aprende que su cuidador va a estar siempre disponible para él, que le quiere y le apoya en todo momento. El niño explora activamente su ambiente, y suele confiar en los demás.

En la vida adulta, los niños con apego seguro tienden a involucrarse en relaciones saludables. Buscan la intimidad con los demás y se sienten cómodos con cierta dependencia hacia su pareja. No están constantemente preocupados por la continuidad de la relación, y establecen relaciones estables y confiadas.

Apego inseguro

El apego inseguro suele derivar de la neglicencia o inconstancia en el cuidado por parte de la figura de apego. Los niños no establecen un vínculo seguro y satisfactorio con el cuidador, lo que tiene graves efectos, no sólo en sus primeros años, sino en el desarrollo emocional y en la formación de relaciones más tarde. 

Apego ansioso-ambivalente

Este tipo de apego aparece usualmente cuando el cuidado por parte del adulto es inconsistente. El cuidador no siempre atiende a las demandas del niño, por lo que este no tiene la seguridad de que el otro le vaya a hacer caso en un momento dado. Es por ello que estos bebés muestran gran ansiedad cuando el cuidador sale de la habitación en la prueba de la Situación Extraña, y son difíciles de consolar aún cuando el adulto ya ha vuelto. 

Tienen dificultades al explorar el medio, y muestran emociones contradictorias o ambivalentes, lo que les provoca gran angustia. Si en ausencia del cuidador lloran desconsoladamente, en su presencia muestran una mezcla de enojo y preocupación al interaccionar con él.

En su vida adulta, estos niños se implicarán más fácilmente en relaciones tóxicas o de dependencia. Aunque sus relaciones suelen ser cortas e intensas, la necesidad de aprobación y de validación constante hará más fácil que caigan en una relación abusiva.

– Si quieres saber más sobre las relaciones tóxicas, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Apego evitativo

Los niños que ven desatendidas sus necesidades de manera sistemática suelen presentar este tipo de apego. La negligencia por parte de sus cuidadores les provoca gran sufrimiento desde edades tempranas, y hace que desarrollen una autosuficiencia y que establezcan distancia emocional con los demás desde muy pequeños. Son muy independientes, ya que han aprendido que no pueden contar con los demás, pero al mismo tiempo presentan gran ansiedad y malestar. Exploran poco el medio que les rodea, y apenas reaccionan cuando el cuidador desaparece de su vista. 

En sus relaciones en la vida adulta, este tipo de apego se traduce en una evitación de los demás, y en el miedo a la intimidad. Suelen ser egocéntricos, fríos y distantes, y no se implican en las relaciones.

Apego desorganizado

El apego desorganizado sería una mezcla de los dos anteriores. Sería el polo opuesto al apego seguro, y muchos autores lo conciben como una falta de apego. Es común en casos de abandono temprano o de abusos en la infancia, tras los cuales desarrollan miedo hacia su figura de apego. 

Estos niños a menudo experimentan explosiones emocionales. Rompen juguetes, pegan a otras personas o les amenazan. Son impulsivos, y la falta de desarrollo emocional hace que las situaciones a menudo les sobrepasen. Como no han aprendido a gestionar sus emociones, sufren a menudo desbordamientos emocionales.

En la vida de pareja, el apego desorganizado se suele asociar a la evitación de los demás y en el miedo a la intimidad y a la dependencia. En el fondo anhelan una relación, pero a la vez parecen rechazarla, y frecuentemente se implican en relaciones conflictivas.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

También te puede interesar…

Como veíamos en un artículo anterior, no solo la realización de las tareas domésticas requiere dedicación y tiempo. La planificación, organización, toma de decisiones, supervisión de las mismas etc., genera un trabajo. Esto es a lo que se denomina carga mental de las tareas domésticas.

Tener en cuenta esta dimensión de las tareas domésticas es fundamental para poder hacer un buen reparto de las mismas. 

Precisamente el concepto de carga mental es el que está detrás del fracaso de la corresponsabilidad. Son muchas las parejas que se ven enfrentadas y en conflicto por el reparto de las tareas. Normalmente las mujeres son las que se muestran insatisfechas y sus compañeros no terminan de entender la queja si también hacen tareas en casa. 

Para que haya corresponsabilidad debe haber un verdadero reparto del trabajo doméstico. Abordar esta problemática de manera clara y directa permitirá acabar con algunos problemas que redundan en la pareja o familia. 

Cómo cambiar la situación y qué actitud tomar a partir de ahora

  1. Cuestiónate las creencias que te mantienen asumiendo toda la carga pese al perjuicio que tiene para tí.
  • Creer que si no lo haces las cosas quedarán sin hacer. Este es uno de los mayores temores de las personas que no se atreven a delegar. Ten claro que, si hay algo que mantiene la dinámica de inacción de unos es el exceso de responsabilidad de otros. Además, en el peor de los casos ¿qué es lo peor que podría pasar? 
  • “No cuesta tanto”. Si has revisado detenidamente cómo te afecta este tema, te habrás dado cuenta de que afecta, y mucho. Por otra parte, como explicamos en nuestro anterior artículo repercute en tu estado de ánimo, en tus relaciones y en tu rendimiento en otras áreas. Es posible que, si te encuentras diciendo esto sea porque prefieras evitar que surjan los conflictos en casa antes que defender tus derechos. Si es así, te recomendamos que leas un artículo relacionado con la evitación de conflictos aquí 
  • Creer que los demás no podrán valerse por sí mismos. Tu pareja y tus hijos han sido capaces de aprender infinidad de habilidades para afrontar su trabajo y estudios entre otras muchas cosas, ¿qué te hace pensar que esto será inabarcable para ellos?
  • Creencia de que es tu obligación. Pregúntate en que se basa esa supuesta obligación ¿los demás están incapacitados para realizar las tareas? ¿hay alguna circunstancia personal que les impida encargarse también? Basar una relación en las obligaciones solo lleva al malestar e insatisfacción. Si este es una de los pilares fundamentales de que te encargues, quizá tengas que replantearte el modo en que llevas tu relación.

Explícale a tu pareja qué es eso de la carga mental y cómo te afecta

Es fundamental visibilizar todo este trabajo, porque para quien no lo realiza, al ser algo “mental” pasa totalmente desapercibido. Descríbele qué supone para ti en el día a día, y cómo repercute en tu rutina. Por ejemplo, “cuando me siento en el sofá en lugar de descansar, planifico las cenas de toda la semana”.

Esto va a requerir de una buena dosis de asertividad por tu parte.

– Si quieres saber más sobre cómo nuestras creencias dificultan la asertividad, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre las consecuencias positivas de la asertividad, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre la importancia de la comunicación en las relaciones de pareja, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Reparte todo el trabajo, tanto lo visible como lo invisible

Para realizar el reparto de las tareas domésticas de manera real, incluyendo las tareas “mentales” que requieren, es fundamental que cada miembro asuma el 100% de la responsabilidad de la tarea que realice. Para esto, es útil asemejar las distintas áreas domésticas a los departamentos de una empresa. Cada departamento realiza todas sus labores sin traspasarlas a otros. 

Aprende a delegar las tareas

Esto quiere decir que, una vez se ha hecho el reparto, elimina la tentación de dar indicaciones o instrucciones, contestar preguntas sobre tareas que no son de tu competencia… desvincúlate del todo de la actividad.

Planifícate unos nuevos horarios o actividades

Planificar, revisar, anticiparse, organizar una tarea son conductas, y como otras conductas de aprenden y automatizan. Esto se traduce en que, posiblemente, tengas el hábito o rutina de hacer todas estas tareas a no ser que pongas medios para frenarlo. Por ello, sería muy recomendable que detectes en qué momentos realizas estas conductas para programarte otras en su lugar. Seguro que te ayudará a delegar y a empezar a disfrutar de tu recién ganado tiempo.

Si quieres saber más acerca de cómo planificar tu tiempo puedes leer nuestro artículo aquí https://www.cipsiapsicologos.com/blog/planificacion-del-tiempo/

En CIPSIA Psicólogos somos expertos en tratar todo tipo de problemas, si quieres recibir ayuda por este u otro motivo, no dudes en contactarnos.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Maiana García

También te puede interesar…

Cuando pensamos en otras culturas diferentes a la propia, pueden resultarnos chocantes algunas de las costumbres o de los puntos de vista predominantes. Sin embargo, a menudo cometemos el error de juzgar otras formas de vida desde la visión de nuestra propia cultura. Caemos así en una especie de “colonialismo cultural”, en lugar de intentar valorar otras culturas como diferentes en lugar de inferiores. 

El estudio de las características culturales y sociales es importante para la psicología porque explica algunas de las creencias o “patrones” que se nos imponen, y en los que se basa nuestra personalidad y nuestro comportamiento. La raza, el sexo, la religión, la edad, los grupos en los que nos solemos mover, etc., nos imponen una serie de directrices o límites respecto a lo que podemos ser o llegar a ser. Si, por ejemplo, pertenecemos a una minoría oprimida, es más probable que los niveles de autoestima y asertividad sean más bajos, lo que en definitiva repercute sobre el aprovechamiento de oportunidades, que además serán más escasas.

– Si quieres saber más sobre la Psicología Social, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Individualismo vs colectivismo

Quizá una de las características más estudiadas por la Psicología Social o de los grupos sea el polo individualismo-colectivismo. Según esta clasificación, las sociedades colectivistas serían aquellas en las que se da mayor importancia al grupo que a la persona como individuo, mientras que en las sociedades individualistas el foco se dirige hacia la propia persona, y a sus características singulares. Esta clasificación permite explicar muchas de las diferencias entre personas de diferentes culturas, y permite predecir cuál será su comportamiento ante determinados hechos. Sin ir más lejos, el nivel de individualismo-colectivismo de un grupo influye hasta en algo tan nimio como los insultos. En un estudio se pudo comprobar cómo en el Norte de Italia, donde conviven culturas más individualistas, los insultos recurren a características personales reprobables, como la falta de inteligencia o a la “animalización” o infrahumanización (“Eres un cerdo”, “Eres un burro”). Sin embargo, en las sociedades más colectivistas del Sur de Italia, los insultos hacían alusión a los propios grupos de pertenencia y a la familia (“Los del Madrid sois unos idiotas”).

Las sociedades colectivistas

Las culturas colectivistas se corresponden geográficamente con las zonas mediterráneas, asiáticas y de América Latina. Los valores imperantes en estas sociedades giran entorno a la defensa del grupo. El grupo como conjunto es más importante que el individuo aislado. Suelen promoverse las modas y normas mayoritarias, y las disidencias se toleran mal. Por esa misma razón, la tradición suele ser muy importante, y se valora en gran medida el respeto al pasado. 

– Si quieres saber más sobre la conformidad al grupo, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre la presión de grupo, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Los colectivistas dan gran importancia a las relaciones con los otros. Muestran gran preocupación por los demás, y es común el apoyo social, lo que sin duda reduce muchos problemas psicológicos derivados de la falta de afecto y la soledad, como es el caso de algunos países nórdicos. El contacto con la familia es frecuente, y las familias son extensas. Se mantiene la relación con hermanos, primos, abuelos, tíos, etc., incluso llegada la edad adulta. También hay menos divorcios en estas sociedades, donde se busca la armonía, en lugar de la confrontación. No se suelen expresar directamente opiniones o emociones negativas que puedan molestar al otro.

Lo más importante en una sociedad colectivista es tener contactos. Conociendo a las personas adecuadas de la red social es como mejor se accede al éxito. Es por ello que en estas sociedades no son raros el “enchufismo”, ni los favores a los amigos y familiares. Por ejemplo, en una sociedad como la española, es frecuente que se nos haga descuento cuando compramos en la tienda de nuestro familiar, aunque esto sería impensable en una sociedad individualista.

Las sociedades individualistas

El individualismo predomina en sociedades occidentales y anglosajonas como Norteamérica y Europa del Norte. Se da gran importancia al concepto de libertad y a la singularidad de las personas en lugar de a la conformidad social. Al contrario que en el caso anterior, en las sociedades individualistas se rechazan los roles tradicionales y las tradiciones en general. Predominan los objetivos personales, la autorrealización y el beneficio propio por encima de los valores familiares. Estas son sociedades muy competitivas, en las que el egocentrismo es visto como normal e incluso deseable.

Las familias en culturas individualistas son mucho más reducidas que las colectivistas. Normalmente sólo se mantiene el contacto con la familia nuclear (padres, hijos, y como mucho hermanos). La comunicación es mucho más directa, y asertiva, ya que no se busca agradar sino expresar las propias opiniones, aunque ello pueda molestar a otros. Como el foco está en el individuo y no en las relaciones, las personas individualistas mantienen un mismo registro a partir de las distintas situaciones. Para una persona colectivista resultaría muy extraño dirigirse del mismo modo a su jefe que a su amigo en un bar, pero para un individualista, el modo de expresarse es una forma de realzar su distinción respecto a los demás.  

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

También te puede interesar…

La carga mental es un concepto utilizado en el ámbito laboral para referirse al conjunto de tensiones inducidas por el trabajo mental que realiza una persona. El trabajo mental implica actividades como análisis y búsqueda de soluciones, planificación, y organización, toma de decisiones, etc.  Aunque invisibles, estas tareas acarrean tiempo y esfuerzo, por lo que, al igual que un trabajo físico, producen un desgaste

Normalmente este concepto se aplica al ámbito laboral, pero recientemente ha empezado a utilizarse referente a las tareas domésticas.  

¿En qué condiciones las tareas domésticas acarrean también una carga mental?

Aunque muchas de las tareas domésticas sean sencillas, para que todo salga adelante es necesario una dedicación constante que no se agota en la realización de la tarea en sí.  Darse cuenta de lo que hace falta, anticiparse, planificar y supervisar son acciones mentales necesarias para que se pueda realizar la tarea llegado el momento.

Por una parte, la cantidad de tareas que hay que hacer (y su preparación) es muy numerosa. Número que crece conforme aumentan los miembros de la familia. Por otra, las tareas domésticas son constantes, no se detienen en fines de semana ni en vacaciones, por lo que la dedicación mental a ellas tampoco cesa.

La carga mental, se produce cuando la planificación y supervisión de todas las tareas del hogar de manera constante recae en una sola persona, en lugar de ser repartida entre los distintos miembros.

Cómo detectar si eres quien asume la carga mental en tu casa

Normalmente, debido a los roles de género que todavía siguen vigentes en la actualidad, suele ser la mujer quien asume la carga mental en la mayor parte de los hogares. De hecho, según el estudio de la web “Próxima a ti” de P&G, el 71% de las mujeres sufre carga mental frente al 12% de los hombres.

Hay algunos indicadores que te pueden ayudar a detectar si estás sufriendo la carga mental de encargarte de la supervisión de todas las tareas domésticas:

  • Sientes que no puedes abandonar la casa sin dejar hecha una tarea porque si no se quedará sin hacer.
  • Te preocupas de dejarlo todo preparado o de dar instrucciones cuando es otro el que tiene que realizar la tarea para que la situación del hogar fluya.
  • Cuando hay dudas respecto a cualquier tarea del hogar, suelen preguntarte a ti, ya que eres quien está en todo.
  • No delegas totalmente una tarea, y preguntas para asegurarte de cómo ha sido realizada.

¿Cómo afecta la carga mental de las tareas domésticas?

Disminuye el rendimiento y la eficacia en las tareas

  • Cuando un organismo se ve expuesto de manera continuada a una situación de alta demanda que supera sus recursos, se produce una situación de estrés. El estrés prolongado deriva en agotamiento físico y mental. Este agotamiento acarrea que se rinda peor en cada una de las tareas que se realizan. Por lo que repercute en el rendimiento a nivel laboral, y también produce enlentecimiento en la realización de otras actividades.
  • El hecho de que disminuya el rendimiento también está relacionado con la falta de motivación. Dado que el trabajo es extenuante comienzan a asociarse las actividades y tareas a realizar como algo aversivo. Además, la ausencia de alicientes tras las tareas realizadas, como un descanso o momento reforzante, contribuyen a disminuir la motivación.

– Si quieres saber más acerca del estrés en el trabajo, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Repercute negativamente en el estado de ánimo:

  • Como ya señalábamos más arriba, incrementa el estrés. Estar sometido a una fuente de estrés de manera prolongada y sostenida produce nerviosismo, irritabilidad o sensación de sentirse desbordado. 
  • Incrementa las preocupaciones, aumentando las emociones negativasy dificultando la posibilidad de disfrutar de momentos de “desconexión”.
  • Supone una pérdida de oportunidades para el cuidado de uno mismo y el disfrute. En la medida que estas tareas mentales requieren un tiempo de dedicación, esto es incompatible con dedicar este tiempo a la realización de otras actividades más reforzantes. Realizar actividades reforzantes es fundamental para incrementar el estado de ánimo, aumentar el bienestar personal y la autoestima.

– Si quieres saber más acerca de la importancia del refuerzo en nuestra vida, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre cómo mejorar tu estado de ánimo, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Puede ocasionar deterioro de las relaciones familiares

  • Fruto de percibir que los demás se desentienden de las tareas, y ello supone una sobrecarga para tí, experimentas resentimiento o enfado. Por lo que en algún momento terminas estallando contra los demás sin que ello produzca un cambio.

Las tareas domésticas son algo que nos acompaña de manera continua a lo largo de toda la vida. Por ello, cambiar el reparto de la carga mental es fundamental para mejorar de manera significativa nuestro bienestar y salud emocional. 

En un próximo artículo desarrollaremos algunas ideas para ayudar a cambiar esta situación y repartir la carga mental.

En CIPSIA Psicólogos somos expertos en tratar todo tipo de problemas, si quieres recibir ayuda por este u otro motivo, no dudes en contactarnos.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Maiana García

También te puede interesar…

En un artículo anterior hablábamos sobre el efecto Lucifer. Dicho efecto consiste en una desconexión moral al cometer actos en contra de nuestras concepciones morales. La persona que comete el acto malvado busca una ruta alternativa, una explicación que justifique sus actos. De esta manera, el individuo es capaz de evitar la incongruencia interna o disonancia cognitiva.

Por tanto, podríamos definir la disonancia cognitiva como un estado mental de tensión, provocado por la contradicción entre nuestras acciones y nuestras ideas, valores o creencias. La disonancia también aparece cuando se mantienen dos ideas o creencias incompatibles entre sí. Esquivar la disonancia cognitiva nos permite sustentar nuestra necesidad de congruencia y de seguridad. Por el contrario, la incongruencia pone en juego nuestra propia imagen ante nosotros mismos y ante los demás. La disonancia cognitiva lleva asociada una respuesta emocional, más intensa cuanto mayor sea la discordancia. 

Pongamos un ejemplo. Si la salud es un tema importante para nosotros, es muy probable que a menudo llevemos a cabo comportamientos de acuerdo con estos valores. Por ejemplo, evitaremos tomar alimentos procesados, con azúcares añadidos, etc. Sin embargo, también es muy probable que en algún momento tengamos alguna comida con amigos o familiares y nos excedamos o comamos algún dulce. Tras hacer algo que no coincide con nuestros valores, puede que nos sintamos un poco mal después. En este momento aparecerá la disonancia cognitiva.

El estudio de la disonancia cognitiva

Este fenómeno empezó a ser estudiado desde la Psicología Social. El término fue propuesto por el psicólogo Leon Festinger en 1957, en su libro Teoría de la Disonancia Cognitiva. Según dicha teoría, la incoherencia interna es tanto mayor cuando la acción desencadena consecuencias más negativas, cuando el valor incumplido es importante en la definición de uno mismo, y cuando se remarca dicha incoherencia. El individuo intenta rebajar la incongruencia mediante la elaboración de ideas que justifiquen nuestro comportamiento y reduzcan la disonancia. 

Siguiendo con el ejemplo anterior: si, tras una comilona sentimos que no estamos siendo fieles a nuestro compromiso con nuestra salud, normalmente buscaremos explicaciones a nuestro comportamiento del tipo “Sólo es un día” o “No es malo darse un capricho de vez en cuando”. Por supuesto, si normalmente llevamos una dieta saludable, una sola comida no arruinará nuestra salud, pero a continuación veremos que este tipo de pensamientos, en ocasiones, se pueden volver contra nosotros. 

Pensamientos generados por la disonancia cognitiva

– Si quieres leer más sobre creencias y pensamientos, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre cómo influyen nuestras creencias en nuestros problemas, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Como hemos mencionado anteriormente, la intensidad de la disonancia dependerá de factores como las consecuencias negativas de la acción, la importancia del valor concreto para la persona, o el “compromiso” sentido con el mantenimiento de la coherencia. Existen diferencias entre las personas en el grado de incongruencia que son capaces de tolerar.

Sin embargo, como regla general, a mayor intensidad de la disonancia, mayor será la respuesta emocional, y las justificaciones deberán ser más convincentes y más numerosas. Mediante la generación de justificaciones, el sistema cognitivo intenta neutralizar la tensión entre los valores y creencias de la persona, y la comisión de actos contrarios a estos valores. De esta forma, intentamos “racionalizar”, o dicho de otro modo, buscar explicaciones de los hechos, a posteriori. Se busca una explicación que no necesariamente ha de ser cierta, pero que da cuenta de nuestro comportamiento incongruente.

La disonancia y el autoengaño

El mantenimiento de la coherencia cognitiva es, hasta cierto punto, necesario para nuestra salud mental. Nos permite saber quiénes somos, y preservar una autoestima positiva. No obstante, la disonancia cognitiva también puede ser beneficiosa, si nos hace replantearnos ideas y creencias disfuncionales. 

– Si quieres saber más sobre la autoestima y el autoconcepto puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Cuando no somos capaces de tolerar la disonancia y las justificaciones cobran cada vez más fuerza y sofisticación, podemos caer en el autoengaño y la desconexión con la realidad. Es en este momento cuando la búsqueda de coherencia se vuelve contra nosotros. Las justificaciones a nuestros actos se vuelven cada vez más creíbles y más convenientes, y ello nos aparta de lograr nuestros objetivos y de ser fieles a nuestros valores. 

El autoengaño tiene importantes consecuencias psicológicas a la larga, mientras que la responsabilización de los propios actos negativos nos permite sentir que controlamos nuestra vida y que somos capaces de dirigirla. En relación con esto, las personas con un estilo más externalista, que no suelen considerar que tienen control sobre sus vidas, son más propensas a la racionalización o justificación de sus actos negativos. Por otra parte, las personas con un estilo internalista tienden a asumir responsabilidades y a tomar el control de la situación. Quizá la diferencia más importante entre estos dos estilos sea que los segundos gozan generalmente de una mejor salud mental, con índices más positivos de autoestima y autoeficacia, entre otros.

– Si quieres saber más sobre los estilos de atribución, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre la autoeficacia, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

También te puede interesar…

Gracias a la investigación, cada vez queda más clara la relación entre las emociones y otros procesos psicológicos y nuestra alimentación. Por un lado, nuestras emociones pueden conducir a una mayor o menor ingesta de alimentos. Y lo que es más sorprendente, nuestro tipo de dieta y nuestra salud digestiva pueden ejercer cambios en nuestra psicología y nuestra resistencia al estrés. La adicción a la comida se encuadra dentro de esta relación bidireccional entre el sustrato físico que es el aparato digestivo, y nuestras emociones.

– Si quieres saber más sobre la relación entre salud física y salud mental, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

¿Qué es la adicción a la comida?

La adicción a la comida se define en base a una serie de rasgos como la compulsión por comer, la dificultad para detenernos o moderarnos al sucumbir a los antojos, sentimientos de culpabilidad, frustración, o falta de control sobre la propia ingesta o sobre el peso, ocultar el consumo de alimentos problemáticos a otras personas, etc. 

A lo largo de nuestras vidas, establecemos un vínculo con la comida. Al comer, no sólo satisfacemos el hambre, sino que hay todo un conjunto de factores que van asociados a la alimentación. El entorno, las personas con las que compartimos el ritual de comer, nuestras creencias y pensamientos acerca de los diferentes alimentos… hacen que forjemos una relación más o menos positiva con lo que ingerimos. Como en todas las adicciones, existen factores psicológicos, sociales y biológicos que hacen a algunas personas más proclives a desarrollarlas. 

Factores neuroquímicos que predisponen a la adicción a la comida

La comida actúa como ansiolítico natural, es decir, reduce el estrés. Esta es la razón por la que se puede convertir en una sustancia adictiva para algunas personas, aunque no lo sea para todas. El mecanismo cerebral que media en la mayoría de las adicciones es el sistema de recompensa. Nuestro sistema de recompensa es el encargado de la respuesta de placer ante estímulos en un principio beneficiosos como la comida, la bebida o el sexo, aunque también ante las drogas. De este modo, se asegura que el organismo repita las acciones que le llevan a dicho estímulo beneficioso, lo que es adaptativo desde un punto de vista evolutivo. 

– Si quieres saber más sobre el efecto de las drogas en el cerebro, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Si nos paramos a pensar, los alimentos de los que nos solemos dar un atracón, y también los que más comúnmente causan adicción suelen ser los menos saludables: bollería industrial, patatas fritas, comida rápida con alto contenido en grasa como las hamburguesas… Evolutivamente hablando, los elevados requerimientos energéticos del cerebro humano hacen que sea más adaptativo consumir alimentos ricos en energía como las grasas o los azúcares. Los llamados carbohidratos simples refinados, como el azúcar, que proporcionan grandes cantidades de glucosa de absorción rápida, son los más indicados a la hora de causar adicciones. El problema llega con estas sustancias, generadas por el hombre, que disparan la respuesta de placer y a las que tenemos acceso directo y casi ilimitado. 

Numerosos estudios prueban que el azúcar, al igual que otras drogas, suplanta el sistema de recompensa o de placer, haciendo que una conducta en principio adaptativa como es el acto de comer, derive en una adicción insana y en un problema para el individuo. 

Por otra parte tenemos las grasas, que también disparan el sistema de recompensa y son susceptibles de causar adicción. Si además combinamos grasas y azúcares, junto a otros aditivos que añaden sabor artificialmente, como es el caso de la comida rápida, esta mezcla altera en gran medida los mecanismos cerebrales de recompensa, y resulta especialmente adictiva.

Factores sociales y psicológicos en la adicción a la comida

Usualmente, las adicciones a una sustancia se dan en un entorno concreto, junto a ciertas personas y alrededor de determinadas rutinas o hábitos de consumo de dicha sustancia. De esta forma, el consumo de una sustancia probablemente no derivará en una adicción si se cambia totalmente de entorno. Por ejemplo, si nos administran un determinado fármaco cuando estamos en el hospital para paliar el dolor, es poco probable que se desarrolle una adicción cuando nos den el alta y volvamos a nuestra casa. En cambio, la comida es necesaria para sobrevivir, por lo que no podemos evitarla tan fácilmente. Esto hace que la adicción a la comida sea especialmente difícil de superar, por la amplia disponibilidad del estímulo problemático.

La gran mayoría de las adicciones a sustancias se relacionan con el malestar psicológico. Así, la comida u otras sustancias adictivas sirven como una vía de escape para reducir el estrés. Como ya hemos dicho anteriormente, la comida es un ansiolítico natural, y desencadena en el cerebro una respuesta de placer. El adicto a la comida come compulsivamente para reducir su estrés, y tiene una reacción química cerebral similar a la adicción a otras drogas. 

La obesidad y la adicción a la comida, un nuevo enfoque

Propuestas recientes entienden la adicción a la comida como uno de los componentes de la obesidad. Ciertos factores psicológicos, como la baja, la baja tolerancia a la frustración o la tendencia a rehuir los problemas en lugar de afrontarlos, predisponen a malos hábitos de autocuidado y al desarrollo de adicciones. Este nuevo enfoque supondría nuevas formas de intervención y de tratamiento en el caso de la obesidad. Se tienen en cuenta no sólo los factores nutricionales, sino también los emocionales y el bienestar psicológico.

En CIPSIA Psicólogos contamos con profesionales con experiencia en el tratamiento de este y todo tipo de problemas psicológicos. Si tienes dudas sobre este o cualquier otro problema, puedes contactarnos pinchando aquí

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

También te puede interesar…

Como es sabido, las habilidades sociales son fundamentales para el desarrollo de relaciones sanas y satisfactorias. Esto es especialmente importante si tenemos en cuenta que una persona se relaciona continuamente, ya sea en el ámbito académico, familiar, de amistad, de pareja, laboral etc. Además, las relaciones repercuten en el desarrollo personal, la autoestima y bienestar, lo que hace de ellas un campo de trabajo fundamental. Precisamente por ello, dedicar tiempo a mejorar las habilidades sociales de tus hijos será una gran inversión.

– Si quieres saber más acerca de las habilidades sociales, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre los beneficios de las habilidades sociales, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Te damos algunas pistas para que ayudes a tus hijos a mejorar sus habilidades de interacción:

Aprovecha para observar cómo es su comportamiento 

Hay varios elementos que forman parte de la comunicación, en los que nos podemos fijar para detectar el nivel de habilidad de un niño: 

  • Conducta no verbal: si evita el contacto ocular, sonríe poco, tiene una postura corporal encogida, evita aproximarse a otros o por el contrario invade el espacio de los demás, empuja, golpea etc. 
  • El tipo de mensajes que utiliza: sin son respetuosos con los demás, o utilizan la ofensa, la burla o amenazas, o en cambio son mensajes poco claros, dubitativos, indirectos…
  • Características paralingüísticas: tono de voz y velocidad de habla, si habla mucho, interrumpe, eleva la voz, o utiliza un tono de voz débil y poco firme.

– Si quieres saber más sobre cómo detectar un problema de habilidades sociales en tus hijos, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Observa cómo es tu relación con ellos y mejórala

Las habilidades sociales se aprenden con la práctica, esto es, en la interacción con otros. Dado que la familia es el primer contexto de socialización, será especialmente importante revisar el modo en que te relacionas con ellos. Aprovecha el tiempo compartido en familia, ya que te brinda la ocasión para aumentar las interacciones de calidad.

Las investigaciones demuestran que aquellos padres que tienen un estilo democrático favorecen que sus hijos desarrollar un mejor funcionamiento social. Este estilo implica poner normas y límites claros, haciéndolos respetar desde el diálogo y la firmeza, sin agresividad.

– Si quieres leer más acerca de los límites en las relaciones paternofiliales, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Algunas ideas para fomentar sus habilidades sociales desde tu interacción son: 

  • Anímale a expresar su opinión, malestar o disgusto con respeto. Expresar el malestar o desagrado sin ofender a los demás es una habilidad social fundamental que permite ser asertivo.
  • No le juzgues o castigues por negarse a hacer algo. Utilizando normas claras, podemos evitar conflictos cuando no quieren hacer alguna tarea, a la vez que respetamos su derecho a decir no.
  • Escucha respetuosamente sus peticiones, aunque finalmente no puedan ser aceptadas y arguméntale por qué. De esta manera aprenderá a plantear sus deseos y preferencias.
  • Implícate en los temas de conversación que propone o en sus intereses. De este modo aprenderá a ser escuchado, y que lo que dice tiene interés. 
  • No le dejes monopolizar la conversación, y enséñale la importancia de ceder el turno de palabra.
  • Si su comportamiento es inadecuado házselo saber con cariño y dale alternativas para que pueda modificarlo. Aprenderá a recibir críticas, y entender que estas son una oportunidad de mejorar la relación.

Mejora tus propias habilidades sociales de cara a los demás

Las habilidades sociales se aprenden también a través de la observación, lo que es conocido como aprendizaje por observación o modelado. El modo en que te relacionas con tu pareja, o amigos, cuando vas a un restaurante o a comprar servirá para que tus hijos se formen expectativas de cómo pueden ser las relaciones con otros.

– Si quieres saber más sobre cómo mejorar las habilidades sociales, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Bríndales la oportunidad de relacionarse en nuevos contextos

Como decíamos unas líneas más arriba, las habilidades sociales se aprenden mediante la práctica y la observación. Ofrecerles la oportunidad de relacionarse en otros ámbitos nuevos, les permitirá aprender o fortalecer algunas de sus habilidades sociales.

Esto es especialmente importante para aquellos niños que, por el motivo que sea, no han desarrollado buenas relaciones en el contexto escolar. Por ejemplo, aquellos niños que se ven sometidos a exclusión en el aula. Relacionarse en grupos y contextos nuevos les permitirá librarse de la “etiqueta” que tanto les perjudica y empezar a fortalecer sus habilidades con mayor libertad.

Prueba a apuntarles a distintas actividades de diverso tipo y a favorecer que puedan quedar con otros niños de su edad. Cuantos más contextos de relación tengan, mayor será su oportunidad de desarrollar habilidades sociales.

En CIPSIA Psicólogos somos expertos en el trabajo en habilidades sociales, si tienes algún problema relativo a este u otros comportamientos de tus hijos, ponte en contacto con nosotros y te ayudaremos.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Maiana García

También te puede interesar…


A menudo asociamos los fenómenos mentales, las ideas y las emociones, al cerebro o la cabeza. Esta visión puede llegar a ser un tanto simplista, pues realmente nuestro cuerpo funciona como un todo, y cada parte es importante para el desempeño global. Numerosos estudios avalan la importancia de los distintos sistemas corporales (más allá del cerebro y el sistema nervioso) en nuestra salud mental y general. El sistema digestivo, que en principio parecería no tener mucha relación con los fenómenos de la mente, guarda un estrecho vínculo con nuestro bienestar psicológico. 

La conexión física entre el cerebro y el intestino

Esta conexión entre los estados mentales y nuestra digestión tiene su correlato físico en el nervio vago, que une el Sistema Nervioso Central (en el que se incluye el cerebro) con el aparato digestivo. Dicho nervio se encarga de mantener funciones vegetativas como la respiración, el latido cardiaco o la digestión. Pero además de servir como regulador de las funciones digestivas básicas, tiene un papel crucial como nexo entre los estados cognitivos y emocionales, y la salud intestinal. 

Aunque parezca contraintuitivo, la mayor parte del flujo de la información se da desde el aparato digestivo hacia el cerebro, y no a la inversa. Es muy común que aparezcan problemas digestivos cuando experimentamos una situación de estrés o de malestar psicológico. Por ello, nos es sencillo entender que el cerebro envía información al intestino para favorecer su correcto funcionamiento. Ahora bien, la mayor parte de las conexiones neuronales del nervio vago envían información desde el intestino hacia el cerebro, y esto pone de manifiesto la gran implicación de la salud digestiva en los fenómenos mentales. 

Recientemente se han llevado a cabo estudios que relacionan emociones como la compasión con la activación del nervio vago. En 2010, Keltner y colaboradores encontraron mediante técnicas de neuroimagen una activación del nervio vago en pacientes a los que se les mostraban imágenes del sufrimiento de otras personas. Otro estudio de Eisenberg comprobó que los niños con una mayor tasa base de actividad en el nervio vago eran más cooperativos y generosos que el resto de sus compañeros.

El “segundo cerebro”

Resulta sorprendente saber que el aparato digestivo cuenta con unos 100 millones de neuronas que lo inervan, más de las que componen la médula espinal. Este conjunto de neuronas compone el sistema nervioso entérico, que controla el funcionamiento del aparato digestivo. Sería difícil, por tanto, que un sistema de tal complejidad se encargase únicamente de digerir los alimentos. Nuestro aparato digestivo, también llamado el segundo cerebro, aporta una gran cantidad de información útil. Ambos cerebros colaboran entre sí y se influyen mutuamente. Por un lado, los problemas de salud física generan dificultades en la digestión y las estructuras que la llevan a cabo. Por otra parte, existen una serie de factores del sistema digestivo que influyen en nuestra salud mental.

Problemas digestivos asociados a la salud mental

Como comentábamos antes, es común que en periodos de estrés elevado, o en situaciones problemáticas, nuestro estómago y nuestra digestión se resientan. Una prueba de esto es la alta incidencia de problemas digestivos en población con trastornos psicológicos. Afecciones como la depresión, la ansiedad, la alexitimia o los trastornos del espectro autista tienen graves consecuencias en los sistemas físicos, y el aparato digestivo es quizá uno de los más afectados. La represión de emociones o una pobre regulación de las mismas se transforman en problemas en nuestro tracto digestivo.

– Si quieres saber más sobre la alexitimia, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre la represión de emociones y su efecto sobre la salud, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

En el caso del trastorno bipolar, es especialmente notoria la relación de la salud digestiva y mental. La gastroparesia, síndrome digestivo muy común en pacientes con este trastorno, se trata habitualmente con fármacos que también se usan para tratar la bipolaridad, en pacientes no bipolares. Cada vez resulta más evidente que ambas dolencias tienen mecanismos subyacentes. Además, la gastritis o inflamación en el tracto digestivo, derivada del estrés psicológico de la enfermedad psicológica, retroalimenta la respuesta mental de ansiedad y depresión en pacientes bipolares. 

– Si quieres saber más sobre el trastorno bipolar, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

De esta manera, cualquier factor psicológico o ambiental que nos cause estrés físico o psicológico tendrá muy posiblemente consecuencias sobre la salud digestiva.

Factores digestivos que  influyen en la la salud mental

Estudios recientes han encontrado una relación entre la microbiota o flora intestinal y determinadas enfermedades mentales. En algunos de estos estudios se implantan células de la microbiota de pacientes con trastornos psiquiátricos en roedores sanos, y se observa como estos últimos muestran síntomas de la enfermedad mental de su donante. 

En el intestino se fabrica una parte importante de algunos de los neurotransmisores principales. Los neurotransmisores serían algo así como las “señales” con las que se comunican las neuronas entre sí. Tan solo una pequeña parte de la dopamina y la serotonina liberada por las neuronas se fabrica en el cerebro, el resto se fabrica en otras zonas del cuerpo. La serotonina, entre otras funciones, está implicada en la regulación emocional, y desequilibrios de esta sustancia se relacionan con la depresión. Por su parte, la dopamina, el neurotransmisor del placer, se segrega ante estímulos como la comida, la bebida, el sexo o las drogas. Esto nos ayuda a reforzar y repetir respuestas, en un principio adaptativas, que nos ayudan a sobrevivir.

Las emociones y el intestino

La innegable participación del aparato digestivo sobre la síntesis de neurotransmisores hace a este sistema una pieza clave la respuesta emocional y el control del estrés y la ansiedad.  La comida tiene de por sí un efecto psicoactivo y calmante, relacionado con la liberación de los neurotransmisores que se fabrican en el intestino. Desde que somos pequeños, establecemos un vínculo emocional con la comida, y esta es la base de problemáticas como las adicciones a la comida o los Trastornos de la Alimentación. En el caso de los “atracones” causados por problemas emocionales, estos se dirigen hacia alimentos ricos en energía de absorción rápida. Normalmente nos pegamos un atracón de los llamados carbohidratos simples refinados (bollería industrial, snacks salados, alimentos procesados), y no de verduras. Estos tipos de alimentos son los que tienen mayor probabilidad de suscitar un problema. 

La ligazón entre la comida y las emociones desemboca en ocasiones en una relación insana con lo que comemos. Factores como la baja autoestima, la baja tolerancia a la frustración, la necesidad de gratificación inmediata, las dificultades al enfrentarse a los conflictos, evitación de los problemas, dificultad de adaptación o los vacíos existenciales predisponen a una insalubre relación con la comida, ya sea en su exceso o en su defecto.

– Si quieres saber más sobre para qué sirven las emociones, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre la autoestima, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

También te puede interesar…

Hace unas semanas hablábamos sobre las funciones que realiza de manera preferente cada hemisferio cerebral. En este artículo hablamos de un tema relacionado, la especialización del cerebro según el campo de estudio. Los estereotipos asociados a personas “de ciencias” y “de letras” forman ya parte del imaginario colectivo. Los primeros se caracterizan por ser sistemáticos, racionales e incluso rígidos en su pensamiento; los segundos suelen ser más emocionales, “metafísicos” y creativos.

– Si quieres saber más sobre la especialización de las funciones entre los dos hemisferios del cerebro, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Estudio de la especialización cerebral según la disciplina académica

En un innovador estudio de 2014, el japonés Hikary Takeuchi y su equipo pudieron observar diferencias funcionales en el cerebro de universitarios que estudiaban carreras típicamente científicas, o carreras clasificadas como humanísticas. Esta investigación fue pionera en cuanto a la búsqueda de diferencias cerebrales funcionales relacionadas con el ámbito de estudio.

Mediante técnicas de neuroimagen, junto con pruebas aptitudinales, se midieron distintas capacidades cognitivas en los estudiantes de ambas ramas de conocimiento. Se encontró que los estudiantes de ciencias poseían una mayor cantidad de materia gris en la corteza prefrontal medial, relacionada con el control emocional y conductual. Por su parte, los estudiantes de letras mostraron una mayor densidad de materia blanca en la corteza que rodea el hipocampo, tradicionalmente asociada con la memoria y las emociones.

Cerebros “de ciencias” y cerebros “de letras”

Aparte de las asimetrías físicas entre los cerebros de ambos grupos, también se encontraron diferencias en aspectos cognitivos y emocionales. Para clasificar a los estudiantes, el estudio de Takeuchi tomó el modelo de Sistematización de la empatía de Baron-Cohen, investigador con amplia experiencia en los campos del autismo y la Teoría de la Mente. Siguiendo este modelo, la atracción por sistemas impersonales (como las representaciones visoespaciales, el lenguaje matemático o los sistemas físicos) coincidiría con una tendencia hacia el estudio de “ciencias puras”. Por otro lado, el “tipo empático” del modelo coincidiría con una atracción por las letras y las humanidades.

– Si quieres saber más sobre la Teoría de la Mente, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Los cerebros de ciencias se asemejan en mayor medida a un cerebro autista

La activación cerebral y la conectividad entre las distintas regiones del cerebro de los estudiantes de ciencias se parece más al patrón de una persona con Trastorno del Espectro Autista (TEA). “Los de ciencias” prefieren la sistematización y la racionalidad, y son menos emotivos que sus compañeros de letras. Además, entre los estudiantes de ciencias se encontró un mayor índice de problemas en el desarrollo del lenguaje y la empatía, y una Teoría de la Mente menos compleja. Esto haría que les sea más difícil ponerse en el lugar del otro y comprender los deseos y emociones ajenas.

– Si quieres saber más sobre el autismo, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Los cerebros de humanidades se enfocan más hacia la empatía

Si “los de ciencias” eran sistemáticos, racionales y poco emotivos, “los de letras” tendrían una mayor capacidad de empatizar con los demás. Son más capaces de identificarse con la otra persona, de ser comprensivos con su situación, y de ser más solidarios. En ese sentido, muestran la tendencia contraria al grupo anterior. Poseen una Teoría de la Mente más sofisticada, y por ello son más capaces de entenderse con los demás. Quizá esto explique su interés por las formas de pensamiento humanas y los acontecimientos sociales y políticos a lo largo de la historia de la humanidad. No obstante, en este estudio los universitarios de humanidades mostraron mayor dificultad en algunas tareas como el reconocimiento visoespacial.

La clave podría ser la testosterona

Los resultados del estudio señalaron a la testosterona como factor relevante del desarrollo hipocampal. Niveles más altos de testosterona prenatal parecen ejercer una función de “fijación” de las estructuras cerebrales. Esto podría dar una explicación a la menor flexibilidad cognitiva y la preferencia por la sistematización de los de ciencias. Por el contrario, niveles menores de testosterona prenatal darían lugar a una mayor plasticidad en el crecimiento de estructuras, lo que permitiría al individuo separarse de esta mayor rigidez cognitiva. Los estudiantes de ciencias contaron también con un mayor índice de problemas en la aparición del lenguaje, muy relacionado con esta flexibilidad y plasticidad en el desarrollo.

Un dato curioso relativo a esto último es que los Trastornos del Espectro Autista presentan una mayor incidencia en niños que en niñas. De nuevo, la testosterona fetal parece jugar un papel importante en la plasticidad de estructuras.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

También te puede interesar…


Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies ACEPTAR

Aviso de cookies
CONSULTA LLAMAR