Síndrome del cuidador

“Mi familiar ha sufrido un infarto cerebral y desde entonces vive en mi casa y dedico todo mi tiempo a atenderle”.

“Mi madre sufre alzheimer, al principio era pequeñas pérdidas de memoria, pero ahora mismo me necesita para casi todo”.

Hoy en día cada vez es más frecuente que nos encontremos ante una situación como las anteriores. La población va envejeciendo, la esperanza de vida cada vez es mayor y como consecuencia aparecen enfermedades degenerativas que antes no eran tan frecuentes. A todo esto se une que a la vez que vamos cumpliendo años, los cuidados que necesitamos van siendo cada vez mayores.

Ante una lesión cerebral, enfermedad degenerativa u otras afecciones que suponen pérdidas de capacidades, no solo se ve afectada la persona que las sufre, sino también su entrono más cercano, su familia. Por un lado, la persona afectada va a  experimentar una serie de cambios físicos, emocionales y cognitivos, que van a afectar a su funcionamiento habitual y su autonomía. Por otro lado, los familiares sufren una situación de estrés tras la afectación de su familiar. Puede surgir una sensación de pérdida y sobretodo la necesidad de adaptarse a la nueva situación para cubrir las nuevas necesidades del familiar afectado. Todo este conjunto de circunstancias supone una sobrecarga emocional y física que se conoce como el “Síndrome del Cuidador”.

El Síndrome del Cuidador es un cuadro que presentan las personas que desempeñan el papel de cuidador principal de una persona dependiente. Se caracteriza por agotamiento físico y psíquico. La nueva situación hace que la persona se tenga que adaptar de forma rápida y sin los recursos necesarios para ello, consumiendo todo su tiempo y energía. El estrés continuado es uno de los factores precipitantes de este cuadro, la situación supone una lucha diaria contra la enfermedad, que puede minar las reservas físicas y psíquicas del cuidador.

Los principales síntomas del cuadro son: agotamiento físico y mental, labilidad emocional, depresión, ansiedad, conductas de consumo abusivas, trastornos del sueño, alteraciones del apetito y del peso, aislamiento social, dificultades cognitivas y problemas laborales.

La aparición del cuadro se produce de forma insidiosa y paulatina, poco a poco van apareciendo los diferentes síntomas, a la vez que el malestar va en aumento.

En primer lugar, y tras el repentino cambio que sufre la familia, un miembro de la misma suele asumir el papel de cuidador principal, asumiendo a la vez la responsabilidad de todo lo que requiera la nueva situación.

En poco tiempo se produce un desajuste entre las demandas que supone el cuidado del familiar afectado y los recursos personales del propio cuidador. Esto supone para el cuidador una situación de estrés en la que carece de los recursos necesarios para su afrontamiento, lo que poco a poco va a hacer disminuir sus energías.

Finalmente, tras un sobreesfuerzo prolongado, aparece la reacción al mismo, apareciendo síntomas como:

  • Ansiedad, nerviosismo, preocupación excesiva
  • Tristeza
  • Cambios frecuentes de humor o estado de ánimo
  • Fatiga mental y física continuas
  • Tener menos energía de lo habitual
  • Dificultad para dormir
  • Irritabilidad y agresividad
  • Estrés y problemas de salud
  • Tensión contra los cuidadores auxiliares
  • Soledad y falta de relaciones sociales
  • Dificultad para concentrarse y problemas de memoria
  • Reducción de las actividades de ocio

Aparecen también una serie de pensamientos y sentimientos que entran en conflicto y hacen a la persona más débil y frágil:

  • Pensamientos como “Quiero hacerlo lo mejor posible pero no sé como tengo hacerlo”
  • Puede aparecer la sensación de no haber reaccionado con “tocaba”
  • Sentimientos de culpabilidad por disfrutar de las cosas o por pensar y cuidarse a uno mismo

Desde CIPSIA psicólogos ponemos a su disposición especialistas para ayudar a tomar conciencia de las necesidades que puede tener el cuidador principal, a elaborar e introducir en el día a día un plan de autocuidado y a manejar las reacciones emocionales que puedan surgir.

Artículo escrito por Psicologo Ventas Cipsia Psicólogos: Patricia Palacios

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