duelo

El duelo es el proceso de adaptación emocional que se sufre ante cualquier tipo de perdida. Podemos definirlo como el dolor emocional que nos causa la perdida de alguien o algo importante para nosotros.

El duelo se puede producir ante una pérdida de trabajo, la perdida de una persona querida o la ruptura de una relación.

Es un proceso normal en el que la persona que lo sufre se va adaptando progresivamente a la ausencia de la persona querida. Dura un tiempo limitado, en el cuál la persona va procesando y asimilando lo que ha ocurrido. De este modo, podemos afirmar que no es una patología, sino que es un proceso que se tiene que aprender a afrontar y mediante el cual se produce una adaptación de la nueva situación. De hecho,  la evolución favorable de este proceso suele suponer una maduración o crecimiento para la persona.

Los síntomas del duelo son muy parecidos a los síntomas de la depresión, siendo estos un poco menos intensos y teniendo una duración más limitada en el tiempo. Algunos de estos síntomas comunes son: la tristeza, la apatía, el lloro incontrolado, y la irritabilidad.

En los casos de duelo son propias determinadas reacciones como el estado de shock, el bloqueo emocional, la anhedónia o incapacidad de sentir placer, y la sensación de anestesia emocional. También son propias ciertas manifestaciones cognitivas como tener un estado de incredulidad sobre lo que ha pasado o confusión. Es habitual una cierta sensación de presencia del fallecido, así como las dificultades de atención, concentración y memoria, y sobre todo la necesidad de búsqueda de sentido y un cuestionamiento religioso o el surgimiento de ciertas preguntas como “¿qué hay tras la muerte?”.

En el caso del duelo en niños son mucho más característicos las manifestaciones somáticos (como dolores de barriga, dolores de cabeza, insomnio, enuresis) y los problemas de conducta (rabietas, lloros, rebeldía).

Son muchos los psicólogos que han descrito las fases del duelo. Engel plantea el duelo como un proceso de seis fases que pueden verse interrumpidas o bloqueadas por la falta de recursos personales o la falta de apoyo. Estas son las fases que describe:

  1. Conmoción e incredulidad: esta reacción protege a la persona de los efectos de la situación estresante.
  2. Desarrollo de la conciencia: se toma conciencia de la realidad de la muerte y la angustia de la pérdida.
  3. Restitución: se inicia el proceso de recuperación mediante los ritos fúnebres. Estos proporcionan apoyo social, favorecen la expresión de emociones y ayudan a tomar consciencia de la realidad de la pérdida.
  4. Resolución de la pérdida. Se intenta afrontar el vacío dejando por el ser querido, se busca estar ocupado sobre todo con tareas relacionadas con el fallecido.
  5. Idealización: se reprimen los sentimientos negativos hacia el difunto y se rehace una imagen prácticamente rozando a la perfección de la persona ausente.
  6. Resolución: se recuerda de forma realista y cómoda lo positivo y negativo. Se coloca al fallecido y sus características entre los recuerdos y se recurre a ellos de forma habitual sin que estos generen sufrimiento ni malestar. Se recuerda con bienestar y serenidad la persona fallecida.

Sin embargo, en ocasiones en el proceso de duelo de una persona no se observa dicha evolución, sino que se puede quedar atascado en alguna de las fases. Por otra parte, este proceso puede durar más de lo apropiado o pueden surgir reacciones que nos pueden hacer sospechar de la presencia de una patología. En estos casos es recomendable solicitar ayuda psicológica acudiendo a un psicoterapeuta especialista.

El duelo patológico o complicado puede diagnosticarse por un equipo de psicólogos si la duración del duelo es de más de dos meses (sin evolución o cambio a otras fases). También se pude considerar que un duelo es patológico cuando se manifiestan síntomas psicóticos, ideas de suicidio, sentimientos de inutilidad o culpabilidad inapropiada o la presencia de un enlentecimiento significativo en la psicomotricidad de la persona doliente. En todos estos casos también se aconseja recurrir a un especialista.

Artículo escrito por Psicologos Madrid Cipsia Psicólogos: Anna Cadafalch

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