Autoestigma, el enemigo dentro

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Hace unas semanas publicamos en nuestro blog un artículo sobre cómo afecta el estigma a las personas con enfermedad mental. Hablábamos sobre las consecuencias tan negativas que conlleva el autoestigma o interiorización de dichos estigmas.

– Si quieres leer nuestro artículo acerca del estigma en las enfermedades mentales, puedes leerlo pinchando aquí

El término “estigma” fue propuesto por el sociólogo norteamericano Erving Goffman. Según este autor, el estigma surgiría ante la divergencia entre una identidad social ideal y la identidad social real. La identidad social ideal vendría marcada por las características consideradas “deseables” por una sociedad, grupo o cultura. De esta forma, cuanto más nos separemos de este “canon de identidad”, mayor será el estigma y la discriminación social.

El autoestigma

El autoestigma, como hemos mencionado, supone la interiorización de las características negativas del estigma, y la asunción de estas como propias. Esto lleva a una degradación de la propia identidad, y al empeoramiento del bienestar y la salud mental (ansiedad, depresión ...). Como es fácil imaginar, esta situación provoca en el individuo “autoestigmatizado” un descenso de la autoestima, sentimientos de ineptitud, culpabilidad, etc.

– Si quieres saber más sobre la relación entre salud física y salud mental, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

Una de las principales peculiaridades del estigma (y también del autoestigma) es la asociación que se da entre la “divergencia a la norma” y determinados defectos morales. Así, se clasificaría a las personas con problemas de obesidad como “faltos de voluntad” o “egoístas”, a los homosexuales de “viciosos”, a los enfermos mentales como “peligrosos”, o a las personas racializadas como “poco capaces” o “inferiores”. En cualquiera de estos casos, la persona estigmatizada resulta ser la culpable de su situación. De esta manera, la discriminación hacia estas personas queda “justificada”. En el caso concreto del autoestigma, la persona acepta estos defectos morales como propios, lo que le lleva a devaluarse a sí mismo y produce una falta de autoestima.

El círculo del estigma

Dado que la principal consecuencia de la estigmatización es la atribución de características negativas, la identidad del estigmatizado va degradándose progresivamente. Desde el momento en el que el individuo se sale de la norma (esto puede ocurrir incluso desde el nacimiento), se le empieza a excluir del resto del grupo. La marginación social, especialmente en etapas sensibles como la niñez o la adolescencia, genera una peor integración social, por falta de habilidades sociales. Esto, combinado con circunstancias como el rechazo laboral, mina la autoestima del individuo y dificulta la posibilidad de cambio.

De esta manera, la situación del estigmatizado cada vez es peor, lo que alimenta el estigma a su vez. Su mala reputación, combinada con su escaso éxito social, agrava la discriminación hacia él, y así sucesivamente.

Cuando el estigma pasa a interiorizarse, las expectativas negativas de los demás se convierten en las propias. Uno se interpreta a sí mismo de manera negativa, y actúa de acuerdo a ello. Al actuar de este modo, además, está reforzando la idea negativa de sí mismo. Aquí, las distorsiones cognitivas alimentan y favorecen que la persona forme una mala valoración de sí misma.

– Si quieres saber más sobre las distorsiones cognitivas, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

– Si quieres saber más sobre la autoestima y el autoconcepto, puedes leer nuestro artículo pinchando aquí

¿Cómo romper el círculo del estigma?

La solución a corto plazo implica modificar las creencias negativas sobre uno mismo, propias del autoestigma. Ya sólo con aceptar lo que uno es, sin culpabilizarse ni victimizarse, es un gran paso. Esto último no es sencillo, y requiere de mucho tiempo y esfuerzo. Hay que tener en cuenta que, en estos casos, el individuo que consigue salir del autoestigma, aún debe enfrentarse al rechazo social.

Es aquí donde empieza la solución a largo plazo, la desestigmatización a nivel social. Este es también un proceso largo y gradual, y puede necesitar incluso de un cambio generacional para asentarse. Las instituciones pueden jugar un papel muy importante en la normalización de algunas minorías. El apoyo social y la lucha de los estigmatizados también es clave.

Estigma, ¿culpa de unos pocos?

Considerando los efectos negativos del estigma y, especialmente, del autoestigma, podría parecer incluso cruel el mantenerlos y alimentarlos. Y, sin embargo, sería ingenuo pensar que uno nunca ha cometido este tipo de errores de pensamiento. La segregación de lo “anormal” o lo diferente es una de las bases sobre las que se asienta nuestro procesamiento mental. Como procesadores limitados de la información que somos, el poseer una serie de bases establecidas es esencial para poder explicar el mundo e interactuar con él. De alguna manera, la evitación de lo desconocido podría haberse originado en un principio, cientos de miles de años atrás, como estrategia para evitar amenazas.

Esto no quiere decir, por supuesto, que debamos mantener la estigmatización de un determinado grupo social simplemente porque sea nuestra “tendencia natural”. El hecho de que el rechazo a lo desconocido pudiera haber resultado adaptativo en un pasado lejano, no justifica este tipo de conductas. No obstante, el hecho de que sea algo tan automático en nuestra forma de pensar, hace que la desestigmatización requiera de un proceso complejo de aprendizaje.

En CIPSIA Psicólogos contamos con profesionales con experiencia en el tratamiento de este y todo tipo de problemas psicológicos. Si tienes dudas sobre este o cualquier otro problema, puedes contactarnos pinchando aquí.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Irene Serrano

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