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Asertividad

asertividad

La asertividad es una parte esencial de las habilidades sociales. Se define como la capacidad de saber defender nuestros derechos teniendo en cuenta los derechos de los demás. Una persona asertiva sabe decir que no cuando lo considera, sabe expresar sus sentimientos, preferencias, necesidades y opiniones de manera adecuada, sin ser agresivo con los demás.
La asertividad tiene por objeto generar un mecanismo de autoafirmación en el individuo, pretende ayudarnos a ser nosotros mismos, a desarrollar nuestra autoestima y a mejorar la comunicación interpersonal haciéndola más directa y honesta.

La importancia de la asertividad

La forma de interaccionar con los demás puede convertirse en una fuente considerable de estrés en la vida. El entrenamiento asertivo permite reducir ese estrés, enseñando a defender los legítimos derechos de cada uno sin agredir ni ser agredido.

La asertividad es una de las claves de las relaciones armoniosas y las relaciones armoniosas son una de las claves de la felicidad. Sin una base de respeto y de saber expresar adecuadamente nuestras opiniones o planteamientos, es difícil tener unas buenas relaciones personales.

Se tiene una conducta asertiva cuando se defienden los derechos propios de modo que no queden violados los ajenos. Además, se pueden expresar los gustos e intereses de forma espontánea, se puede hablar de uno mismo sin sentirse cohibido, se pueden aceptar los cumplidos sin sentirse incómodo, se puede discrepar con la gente abiertamente, se pueden pedir aclaraciones de las cosas y se puede decir “no”. En definitiva, cuando se es una persona asertiva hay una mayor relajación en las relaciones interpersonales.

Síntomas sobre los que actúa

El entrenamiento asertivo ha demostrado ser efectivo en el tratamiento de la depresión, el resentimiento y la ansiedad derivada de las relaciones interpersonales, especialmente cuando tales síntomas han sido provocados por situaciones injustas. A medida que vaya volviéndose más asertivo empezará a reclamar el derecho a sentirse relajado y a ser capaz de dedicar tiempo para usted.

Tiempo de entrenamientoEntrena la asertividad

Para algunas personas son suficientes unas cuantas semanas de práctica de las técnicas para experimentar alivio en sus síntomas, mientras que otras necesitan de un trabajo continuado, y más detallado para conseguir un cambio significativo.

Implicaciones de la autoestima y la asertividad

Las implicaciones son las siguientes:

  • Conocernos a nosotros mismos, con nuestras limitaciones o errores, y también con nuestras cualidades y aspectos positivos. Saber que tipo de comunicación utilizamos y cuál es la más adecuada.
  • Aceptarnos incondicionalmente, independientemente de nuestras limitaciones o nuestros logros y de la aceptación o el rechazo que puedan brindarnos otras personas. Aceptar la idea que la asertividad va a ayudarnos a que los demás nos acepten y que una comunicación agresiva o manipulativa no es aceptable, y que una comunicación pasiva es muy negativa para nosotros mismos.

  • Considerarnos de forma positiva, manteniendo una actitud de respeto y aprecio hacia nosotros mismos y los demás.
  • Visión del yo como potencial, considerando que somos mucho más que el conjunto de nuestros comportamientos y rasgos, porque los seres humanos cambiamos continuamente, y tenemos la opción de aprender a dirigir esos cambios en sentido deseable, desarrollando nuestras mejores potencialidades.
  • Atender y cuidar nuestras necesidades psicológicas y físicas; nuestra salud, bienestar, y desarrollo personal.

La manipulación

Para llegar a ser una persona asertiva es necesario aprender a evitar la manipulación. Inevitablemente se encontrará con estrategias que intenten impedir sus objetivos, desarrolladas por aquellas personas que pretenden ignorar sus deseos. Hay una serie de técnicas que han resultado ser efectivas para evitar ser manipulado:

  • Técnica del disco rayado
  • Técnica del acuerdo asertivo
  • Técnica de la pregunta asertiva
  • Técnica de la claudicación simulada
  • Técnica  de la ironía asertiva
  • Técnica del aplazamiento asertivo

El entrenamiento asertivo

Uno de los primeros pasos en el entrenamiento asertivo consiste en saber diferenciar los tres estilos básicos en el comportamiento e interacción interpersonal:

Son típicos ejemplos de este estilo de comunicación la pelea, la acusación y la amenaza, y en general todas aquellas actitudes que signifiquen agredir a los demás sin tener en cuenta sus sentimientos. La ventaja de este comportamiento es que es difícil que la gente te pise, la desventaja es que seguramente te quedarás solo.
Se caracteriza por la falta de defensa de tus derechos. Una persona pasiva no sabe decir que “no”, la gente se aprovecha de ella, evita afrontar los problemas por miedo a que aparezca el conflicto. La ventaja es que la gente por lo general quiere estar con las personas pasivas (muchas veces por interés), la desventaja es que la persona pasiva decae en su autoestima, en su confianza e inseguridad y acumula una gran tensión en sus relaciones personales, ansiedad. Es común la aparición de estados depresivos.
Una persona tiene un comportamiento asertivo cuando defiende sus derechos y no permite que los demás pasen por encima de ella. Sabe expresarse correctamente sin faltar el respeto y si hay una postura diferente con su interlocutor intenta buscar acuerdos y pactos para resolver los problemas.
Se trata de un estilo de comunicación que utiliza la mentira, el chantaje, el enfrentar a unas personas con otras para buscar ganancias personales derivadas de los conflictos de otros. Utiliza información confidencial para obtener ganancia igualmente.

Derechos asertivos

Hay una relación muy directa entre asertividad y derechos, por eso se habla de derechos asertivos. La idea que subyace es que todo ser humano tiene unos derechos a los que no debe renunciar. De la misma manera que tenemos unos derechos también tenemos unos deberes asertivos.

Por ejemplo; el derecho a tener tus propias necesidades y a pedir aquello que necesitas se complementa con el deber asertivo de escuchar lo que el otro pide o necesita y de aceptar aquello que se puede dar. O el derecho a hacerse responsable de tus propios errores y a aprender de ellos junto con el deber de aceptar que el otro se puede equivocar, y dejarle por tanto margen para rectificar.

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