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Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)

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¿Hiperactividad? ¿Problemas de atención? ¿Problemas de concentración? ¿TDAH? A todos nos suenan estas consignas sobre todo si estamos en contacto con niños o adolescentes. Al fin y al cabo, ¿Qué niño no muestra algún problema de esta índole a lo largo de su etapa escolar? Actualmente muchos niños tienen problemas en el ámbito escolar por éstas u otras razones, sin embargo que un niño muestre este tipo de dificultades no implica que haya desarrollado un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Por ello, es de vital importancia que los profesionales encargados de trabajar con estos niños estén formados en psicología infantil y conozcan las características propias de cada edad.

En este artículo vamos a tratar de desgranar las principales características de este problema que actualmente afecta a una gran cantidad de niños en España. Además explicaremos algunos consejos para poder ayudar a estos niños que se pueden poner en marcha de forma fácil.

¿Qué es el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad ? 

Como hemos dicho en párrafos anteriores, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad  (cuyo acrónimo es TDAH) actualmente es uno de los más comunes entre la población infantil y adolescente. De hecho, las últimas estadísticas indican que aproximadamente un 6.8% de la población infantil sufre este problema en España y además, supone el 50% de las consultas en psicología infantil.

Así pues, ya hemos visto que es un trastorno que está cobrando una gran importancia en la actualidad. Pero, ¿realmente sabemos lo que es el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad o TDAH? Según los principales manuales diagnósticos para salud mental el CIE (de la Asociación Mundial de la Salud) o el DSM (de la Asociación Americana de Psiquiatría y Psicología), el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad es un trastorno neurobiológico de inicio en la infancia que tienen como síntomas o manifestaciones principales dificultades significativas en su capacidad de atención y concentración, una tendencia notoria a actuar impulsivamente, así como muchas dificultades para reflexionar antes de actuar y, por último una actividad motora mucho mayor de la esperada para su edad y que muestra serias dificultades para controlar.

Estas tres características son las que luego nos van a permitir diferenciar entre los tres tipos de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad: predominio desatento, predominio hiperactivo-impulsivo o mixto.

¿Cómo sé si mi hijo tiene TDAH ? 

Niño, librosPara diagnosticar el TDAH es necesario acudir a un profesional de la psicología que realice las pruebas psicométricas pertinentes que ayuden a esclarecer si el problema del niño se corresponde efectivamente al trastorno que nos ocupa, o por el contrario, se trata de otro tipo de dificultades. En CIPSIA Psicólogos Madrid contamos con las pruebas empíricamente validadas para realizar este tipo de diagnósticos, si quieres hacernos una consulta no dudes en contactarnos.

Sin embargo, antes de realizar cualquier tipo de diagnóstico hay algunas señales que nos pueden advertir de que el niño tenga algún tipo de problema de estas características.

  • Nivel motor: le cuesta permanecer quieto, habla en exceso e incluso a veces cuesta entender lo que dice, se mueve en situaciones en las que es inadecuado (por ejemplo, en clase), es desorganizado y olvidadizo, no finaliza las tareas que empieza, tiene dificultad en comprender mensajes largos o seguir órdenes, cambia frecuentemente de tema, es impaciente, le resulta muy dificultoso esperar su turno cuando es requerido, etc.
  • Nivel cognitivo: tiene dificultades para realizar actividades que requieran concentración por un periodo de tiempo. se distrae con facilidad, no suele prestar atención a los detalles de las situaciones o ejercicios del colegio, etc.
  • Nivel emocional: muestra problemas para relajarse, se frustra constantemente,

Como hemos visto el TDAHiperactividad engloba una gran cantidad de conductas o acciones, que si bien no es necesario que se den todas en el mismo niño, todas ellas pueden darse en casi cualquier momento de la vida del menor. Así, se considera que un requisito indispensable para considerar el diagnóstico de este problema es que estas dificultades se den en dos o más ámbitos de la vida del niño como pueden ser la familia, el colegio o en su trato con los amigos.

¿Qué consecuencias puede tener para él? 

Tras ver el tipo de conductas que pueden tener los niños con TDAH, es más fácil para comprender el alcance que pueden tener las consecuencias de este tipo de problemas. Así, una de las consecuencias más comunes y además, de las más importantes, es que sufren grandes dificultades para seguir el ritmo de su clase, junto con una baja del rendimiento escolar a medida que van subiendo de dificultad.

Además, también es bastante habitual que algunos de estos niños tengan problemas en sus relaciones sociales, ya que muchas veces se muestran demasiado nerviosos o activos e impiden el desarrollo normal de sus relaciones con iguales. Incluso, los más impulsivos pueden mostrarse agresivos con algunos de sus compañeros.

Por último, los más impulsivos pueden tener muchos problemas de asertividad y control de impulsos que les lleven a realizar conductas que son nocivas o incluso peligrosas para ellos mismos, debido a esa dificultad para reflexionar antes de actuar que muestran.

¿Cómo le ayudamos a resolverlo? 

Si sospechamos que nuestro hijo puede estar sufriendo este problema, es imprescindible que reciba ayuda especializada que le ayude a mejorar sus dificultades en las diferentes tareas y a entrenar las habilidades que se ven mermadas por este problema.

Sin embargo, desde casa podemos realizar algunas acciones que ayudarán a nuestro hijo a convivir de una manera más sencilla y a facilitarle las tareas que le resultan más difíciles.

  • Llevar una rutina estructurada, ya que le fNiñas estudiandoacilitará recordar las actividades que tiene que
    realizar y le ayudará para prepararse mentalmente para todas las actividades que vaya a realizar.
  • Recurrir a recordatorios, de esta forma le ayudaremos a recordar aquellos compromisos o tareas que tiene que realizar. Así, evitaremos que se olvide de las cosas más importantes y no tendremos la necesidad de estar tan pendiente de él.
  • Hablarle con tranquilidad para ayudarle a que el también baje su tono y velocidad al hablar y podamos mantener conversaciones más tranquilas y sosegadas. así, el niño tenderá a imitar nuestra forma de expresarnos e irá mejorando poco a poco este aspecto.
  • Reforzarle y premiarle por las cosas buenas que consiga realizar a lo largo del día, así él se sentirá más competente y tenderá a comportarse de esta forma.

Artículo escrito por CIPSIA Psicólogos Madrid: Sara Catalán

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